Análisis y opinión

Vendimia, la fiesta que explica el orgullo mendocino

La voz de una mujer nacida en Bahía Blanca pero mendocina por adopción durante la Vendimia 2026

Llegué a Mendoza casi por casualidad. Soy de Bahía Blanca y nunca había vivido de cerca la Fiesta de la Vendimia. Este sábado, en la previa del Carrusel, me encontré parada en los Portones del Parque General San Martín mirando los preparativos y, sinceramente, quedé anonadada.

No era solo un desfile que se estaba organizando. Era algo mucho más profundo. Había chicos, bebés, padres, abuelos, instituciones, agrupaciones, municipios enteros preparando sus carros, sus trajes, sus banderas. Todos con una sonrisa, todos sintiéndose parte de algo que claramente los trasciende. Una fiesta que ya lleva 90 ediciones y que, sin embargo, se vive como si fuera siempre la primera.

Lo que más me sorprendió —y lo digo con una sana envidia— es el sentido de pertenencia a la fiesta. Mamás que llevan a sus hijos porque ellas mismas iban cuando eran chicas. Familias enteras participando. Municipios que compiten, sí, pero en el mejor sentido: por tener el carro más lindo, el vestuario más cuidado, la mejor ornamentación. Cada detalle habla de orgullo.

Vendimia 2026 Carrusel San Rafael 2

Desde afuera, la Vendimia permite entender algo que quizás los mendocinos no siempre dimensionan: el enorme orgullo que sienten por su tierra. Esa identidad compartida, ese tirar del mismo carro, literalmente y en sentido simbólico.

Mendoza, una vez más, demuestra por qué es una provincia diferente. Siempre un paso adelante, innovando, organizando, dando ejemplo. Y recordándole al país entero por qué es una de las maravillas que todos quieren visitar.