Se acabó el misterio

Usaron arqueología experimental para llegar a un descubrimiento sorprendente

Investigadores resolvieron el misterio de extrañas herramientas de hueso de 11,000 años halladas en Estonia mediante un descubrimiento revolucionario

Misteriosas herramientas de hueso de alce encontradas en Pulli, Estonia, confundieron a expertos durante décadas. Este descubrimiento representa el asentamiento humano más antiguo del país, datado entre 9000 y 8550 años antes de Cristo. Los arqueólogos creían que estos implementos biselados funcionaban como cinceles, pero las marcas de desgaste no coincidían.

Investigadores de Polonia y Estonia aplicaron arqueología experimental para resolver el enigma. Este método recrea herramientas antiguas y las usa en tareas reales para observar cómo se desarrollan los patrones de desgaste.

El descubrimiento microscópico

El equipo liderado por el Dr. Grzegorz Osipowicz fabricó réplicas exactas usando técnicas de la Edad de Piedra. Probaron estos implementos en diversos materiales: carne, pieles, madera y cortezas de pino, aliso y abedul. La ciencia microscópica fue clave para identificar patrones únicos.

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El estudio llegó a un descubrimiento que termina con el misterio de estas herramientas.

El estudio llegó a un descubrimiento que termina con el misterio de estas herramientas.

"Las replicamos con precisión y las ponemos en uso, comparando patrones de desgaste microscópico", explicó Osipowicz. Los resultados fueron contundentes: las herramientas originales coincidían perfectamente con las marcas creadas al pelar corteza fresca de pino.

La Dra. Heidi Luik señaló que durante años la función real los eludió. "Sabíamos que estaban hábilmente fabricados, pero el desgaste no coincidía con trabajo en madera", indicó. La arqueología experimental cambió esta perspectiva completamente.

Diferentes usos dejan rastros microscópicos distintos en las herramientas. Las rayaduras de otras especies o materiales secos diferían considerablemente, permitiendo identificar el uso específico con ciencia precisa.

Para sociedades mesolíticas, la corteza de pino era más que cubierta vegetal. Servía para fabricar flotadores de redes, cordeles y contenedores. La arqueología demuestra que estas aplicaciones versátiles convirtieron la corteza en recurso importante que raramente deja rastros, haciendo que estas herramientas ofrezcan una visión única de tecnologías perdidas.