El reloj avanzaba y el Fiat Cronos gris que Rosana Fares compró para tener un ingreso como Uber, no aparecía. Tampoco el chofer que había contratado meses antes. Ni un mensaje. Ni una llamada. Nada.
Una noche de terror para una chofer de Uber: desapareció su auto y la extorsionaron para no venderlo "por partes"
Una mendocina que invirtió sus ahorros en un Fiat Cronos para trabajar con Uber, vivió horas desesperantes cuando el chofer al que había contratado desapareció junto al auto

Rosana Fares el día que le entregaron el Fiat Crono modelo 2022 que utilizaría como Uber. Este martes vivió una noche de terror.
Fotos: gentilezaA las 22 del martes empezó a sentir que algo no estaba bien. El auto modelo 2022 que había comprado con años de esfuerzo —entregando su vehículo anterior y pagando el resto en cuotas— debía haber vuelto hacía rato a su casa de Guaymallén. Pero el silencio era absoluto.
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La mujer, de 50 años, había puesto toda su apuesta económica en ese auto. La idea era simple: trabajar con Uber y generar un ingreso. Primero manejó ella misma, hasta que los robos y situaciones de inseguridad la agotaron. Entonces decidió contratar a un chofer.
Hacía unos cinco o seis meses había conocido a Cristian Ricardo Pizarro, un hombre que vivía cerca de su casa, junto a su esposa e hijos. Todo parecía normal. Hasta esa noche.
"Empecé a desesperarme cuando le enviaba mensajes al chofer y no respondía"
“A partir de las 22 le empezamos a enviar mensajes y no contestaba. No aparecía en la aplicación. Ahí empecé a desesperarme”, relató Rosana a Diario UNO.
Con el correr de las horas, el miedo creció. Cerca de la 1 de la madrugada, Rosana, su hijo y la esposa embarazada estaban completamente alterados. Llamaron a la Policía, intentaron rastrear el vehículo y comenzaron una madrugada de película.
“Yo sentía que perdía todo. Ese auto es todo mi capital”, contó.
Desde Investigaciones empezaron a guiarlos. Les pedían que conservaran cada mensaje, cada captura de pantalla, cada llamada. Y fue entonces cuando llegó lo peor.
A la 1.40 de la madrugada sonó el teléfono: una voz desconocida le dijo que tenían el auto y que si quería recuperarlo debía pagar.
“Me dijeron que tenía que transferir 100 mil pesos. Primero 50 mil y el resto cuando me devolvieran el auto”, recordó Rosana. Del otro lado, las amenazas eran cada vez más violentas.
"Si no me transferís van a despedazar el auto y lo van a vender por partes"
“Apurate porque si no me transferís me voy a dormir y el auto lo van a despedazar y vender por partes”, le decían.
Rosana temblaba. Mientras hablaba con el extorsionador, seguía las instrucciones de la Policía y enviaba capturas de pantalla de toda la conversación. Todavía no sabe si quien la amenazaba actuaba solo o si había un arreglo previo con el chofer desaparecido.
El nombre del supuesto extorsionador apareció después: Kevin Barrios.
Pero durante esas horas eternas nadie sabía realmente qué estaba pasando.
La familia pasó la noche sin dormir. Rosana vive en la parte delantera del terreno y su hijo detrás. Iban y venían de una casa a la otra, llamando teléfonos, revisando mensajes, esperando noticias.
“Fue una desesperación total. Una pesadilla”, resumió.
En paralelo, la mujer comenzó a alertar en grupos de WhatsApp de choferes de Uber y Cabify. Quería advertir a otros trabajadores sobre lo que estaba ocurriendo. Del otro lado seguían insistiendo con que el vehículo estaba escondido en un garage y que podía terminar desarmado.
Pero cerca de las 4.30 ocurrió un giro inesperado.
El hijo de Rosana logró finalmente comunicarse con Cristian Pizarro y la respuesta los dejó helados.
Como si nada hubiese ocurrido, el hombre dijo que en un rato iba para allá a devolver el auto. Una hora después, alrededor de las 5.30, apareció.
Llegó manejando el Fiat Cronos gris. El vehículo estaba sucio, prácticamente sin combustible y él tenía un aspecto completamente deteriorado.
El chofer apareció a las 5.30 de la mañana, "drogado" y con el auto sucio y sin nafta
“Creo que estaba drogado”, aseguró Rosana.
El auto terminó en el lavadero pocas horas después. Pero las preguntas seguían intactas.
Cuando le preguntaron dónde había estado, el chofer apenas respondió:
“No sé dónde estuve”, dijo.
Con el correr de la mañana comenzaron a surgir otros datos. Según contó Rosana, el hombre sería oriundo de Rosario, habría llegado a Mendoza escapando y tendría antecedentes policiales vinculados a robos. Además, aseguró que su propia esposa terminó denunciándolo.
Ahora, el chofer estaría demorado mientras la investigación avanza para determinar qué ocurrió realmente durante esas horas y si existió una maniobra organizada de extorsión.
Rosana todavía intenta recuperarse del impacto emocional.
“No se lo deseo a nadie. Fue una noche terrible. Sentí que me quedaba sin nada”, dijo.
Y aunque el auto apareció, algo cambió para siempre. “Nunca pensé que esto podría sucederme. Quiero que todos quienes nos ganamos la vida con Uber estemos atentos”, concluyó.