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Un silencioso primer día de clases en Mendoza

Fue muy particular: sin gritos ni corridas en las escuelas, sin doble fila de autos estacionados en las entradas, sin discursos extensos ni padres que los escuchen. Fue, en definitiva, un primer día de clases sin antecedentes

"Discúlpeme... estoy a punto de llorar", advierte, antes de empezar a contestar las preguntas. Viviana Ponce es la directora de la escuela más antigua de San Martín, la 1-008 que, por resultado histórico e inevitable, se llama "General José de San Martín". En la puerta del edificio, de 93 años, hay una de las pocas estatuas pedestres del Libertador que hay en el mundo y este lunes, el primer día de clases de 2021, no luce como cualquier otro inicio de ciclo lectivo. El tráfico no se embotella en la calle 25 de Mayo. No hay autos en doble fila ni silbatos policiales tratando de descomprimir nada. No hay amontonamiento de padres en la entrada al histórico edificio ni griterío de niños que festejen el reencuentro con sus compañeros. No hay nada de eso.

"Discúlpeme... estoy a punto de llorar", dice Viviana, la directora de la escuela, después de ordenar izar las banderas, entonando una Aurora apenas murmurada. Con esa frase, con esa advertencia, hace un resumen involuntario del día. Un resumen casi perfecto.

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Es que la directora de la escuela tiene varios motivos para su emoción, para su angustia. No solo está viendo que de la matrícula de 950 alumnos, por día solo hay 190 en la mañana y 160 en la tarde, todos con los rostros cubiertos, manteniendo obligatoria distancia entre ellos, sin ningún tipo de comunicación física. Esto solo, es un cuadro forzado, triste, angustiante.

Además la directora y todo el personal de la escuela tuvo que resolver la inundación del edificio, que se produjo en la tormenta que se desencadenó el sábado a la noche sobre San Martín. "Fue tremendo. Tuvimos que salir a contratar personal de maestranza para tratar de limpiar y desinfectar todo, otra vez, para poder dar clases hoy", relata la directora.

Ahora, con los pocos alumnos dentro, la bandera flameando y la canción concluida, con casi un año de pandemia sobre los hombros, Viviana está por desarmarse.

Hay que desearle "buen año", con mucho énfasis, como para que tome por buenos esos deseos. Que los crea, que los haga carne, que los crea posibles.

La recorrida por las demás escuelas primarias y colegios secundarios, arroja resultados parecidos al de la Escuela San Martín. Cada cual con su pequeño drama individual, su pequeño apocalipsis, sus tristezas, pero todas parecidas en cierto punto: mucho silencio para un primer día de escuela, mucha incertidumbre para hacer planes, mucha pena por lo que fue, alguna vez.

Ahora, hay que estar atentos. Y tener esperanzas. Porque algo hay que tener, después de todo.