Historias

La mendocina de 17 años que representó a la Argentina en Harvard y emocionó con su pasión por el debate

María José Correas Avena participó en una de las competencias de debate más exigentes del mundo junto a jóvenes de distintos países

Mientras muchos adolescentes de su edad todavía intentan definir qué quieren hacer en el futuro, María José Correas Avena ya tuvo una experiencia que la marcó para siempre: representar a la Argentina en una de las competencias de debate más importantes y exigentes del mundo, organizada por la prestigiosa universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Tiene 17 años, vive entre Luján de Cuyo y Villanueva, cursa 5to año en el colegio ICEI y sueña con estudiar licenciatura y profesorado de Historia. Pero detrás de esa joven mendocina amante de los libros, los podcasts y el crochet, hay también una oradora apasionada que logró destacarse en un escenario internacional donde participaron estudiantes de distintos rincones del planeta.

maria jose y amigas
La joven mendocina, a la derecha, junto a sus compañeras argentinas que también representaron al país.

La joven mendocina, a la derecha, junto a sus compañeras argentinas que también representaron al país.

María José integró el equipo argentino que viajó al Harvard College World Schools Invitational, un certamen de debate académico de nivel internacional en el que participaron equipos de países como Japón, Australia, México, Sudáfrica e India.

Junto a otras cuatro argentinas, disputó cinco debates intensos, cargados de análisis, estrategias y argumentación. El equipo fue entrenado y acompañado por la Asociación de Debate Argentina (ADA), una organización que impulsa el desarrollo de esta disciplina entre jóvenes de todo el país.

El intercambio humano y cultural que encontró en Harvard

Pero más allá de la competencia, lo que realmente impactó a María José fue el intercambio humano y cultural que se produjo en cada encuentro.

“Debatimos con países que jamás imaginé debatir y al terminar las rondas nos quedábamos compartiendo entre los oradores y aprendíamos de su cultura. Si no hubiese sido por esta oportunidad, nunca hubiese conocido ese mundo”, contó en diálogo con Diario UNO.

Habla con entusiasmo, pero también con una madurez que sorprende. Porque para ella, el debate no es solamente una competencia intelectual. Es una herramienta de formación, escucha y crecimiento personal.

“Representar a la Argentina ya de por sí me parecía algo gigante. Soy bastante orgullosa de mi nacionalidad y poder hacerlo en el exterior fue increíble”, expresó.

Durante la experiencia no solo debatió frente a jóvenes de distintas culturas, sino que también pudo asistir a otros enfrentamientos, observar técnicas desconocidas y aprender nuevas estrategias argumentativas.

harvard
El edificio del campus de Harvard donde el grupo de argentinas cumplió un excelente rol.

El edificio del campus de Harvard donde el grupo de argentinas cumplió un excelente rol.

“Nunca había ni siquiera soñado con debatir con países como India, Japón o Sudáfrica. Escuchar otros debates me ayudó muchísimo. Anoté técnicas nuevas y formas distintas de comunicar”, recordó.

Detrás de cada ronda hubo meses de preparación intensa.

Desde primer año, María José participa del taller de debate de su colegio, una actividad que espera cada semana con entusiasmo. Pero para llegar a Harvard, el entrenamiento fue todavía más exigente.

“Entrenábamos todos los sábados de 9 a 17. Hacíamos debates, investigábamos, aprendíamos nuevas técnicas y nuestros coaches nos daban feedback constante”, explicó.

El debate, siempre en el foco

Durante la semana también se reunía con sus compañeras para preparar casos, buscar información y perfeccionar argumentos. Incluso realizaron debates de práctica con equipos internacionales, como uno de Perú.

Todo ese trabajo terminó consolidando no solo un equipo competitivo, sino también amistades profundas.

“Me llevo a todas las chicas del equipo argentino como amigas. Tuvimos la suerte de llevarnos muy bien y eso hizo el viaje muchísimo más divertido”, dijo.

El paso por Harvard también reforzó una certeza que María José ya tenía: quiere dedicar su vida a la educación.

“Conocer esa universidad y hablar con estudiantes de ahí me dieron todavía más ganas de ser licenciada y profesora”, aseguró.

majo
A María José le dicen

A María José le dicen "Jochi" y concurre a 5to año del ICEI.

Y aunque podría enfocarse solamente en su logro personal, ella insiste en destacar algo más amplio: el potencial de los jóvenes argentinos.

“Me encantaría que muchísimos más chicos se animaran al mundo del debate. Tenemos muchísimo potencial. Somos una juventud dedicada, pasional y con ideas. Aprender a escuchar y comunicar esas ideas es clave”, reflexionó.

Para María José, el debate tiene además algo muy argentino.

"Vivimos debatiendo en asados y sobremesas"

“Vivimos debatiendo en los asados, en las sobremesas, hasta discutiendo un partido de fútbol. Por eso creo que esta actividad puede ayudarnos muchísimo. Es muy completa y enseña a pensar, escuchar y argumentar”, sostuvo.

En medio de esa pasión por la palabra, también hay espacio para otras facetas de su vida. En sus ratos libres disfruta pasar tiempo con amigos y familia, leer, escribir, ver películas y escuchar música. Además, tiene un emprendimiento de crochet.

Pero incluso en esos hobbies aparece algo en común: la curiosidad constante y las ganas de crear.

La experiencia internacional no modificó su vocación. Al contrario, la fortaleció aún más.

“Todo esto reforzó mi idea de que la educación es uno de los pilares fundamentales de la sociedad. La juventud argentina es el futuro y garantizar una buena educación es el primer paso para que ese futuro sea positivo”, afirmó.

Sus palabras no suenan ensayadas. Suenan genuinas. Tal vez porque detrás de la competencia internacional, los viajes y los debates en inglés, sigue habiendo una chica mendocina que descubrió que la palabra también puede abrir puertas gigantes.

Y mientras vuelve a su rutina de clases, lecturas y talleres de debate, María José ya sabe que aquella experiencia en Harvard no fue solamente un viaje académico sino un cúmulo de pasión y compromiso.

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