La vitivinicultura argentina sigue marcada por profundas desigualdades de género. Pese a iniciativas que promueven la equidad, las mujeres representan apenas tres de cada diez trabajadores y su presencia disminuye en los niveles jerárquicos.
Un estudio sobre vitivinicultura y género reveló que solo 3 de 10 trabajadores de bodegas son mujeres
Más de la mitad de las firmas de vitivinicultura consultadas, afirmaron que las contratan menos porque ven "incompatibilidad" entre vida personal y profesional

El informe de vitiviniculutra y género mostró no solo que hay menor cantidad de mujeres que de varones empleados en bodegas, sino que la mayoría no accede a cargos jerárquicos.
Un nuevo informe, elaborado por Bodegas de Argentina, amfori y Wines of Argentina con apoyo de la Unión Europea, revela que la estructura del sector continúa atravesada por brechas históricas y que las políticas de cuidado, liderazgo y prevención de la violencia siguen siendo insuficientes.
Brecha de participación y segregación horizontal en la industria del vino
El informe señala que, de un total de 3.610 empleados, el 70% son hombres y apenas el 30% son mujeres, proporción que se mantiene estable desde 2022. Esta brecha marca un acceso desigual a la industria vitivinícola y limita la posibilidad de un crecimiento equitativo. Además, el 76% de las bodegas no cuenta con personal que se identifique fuera del binarismo de género.
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La división por áreas laborales también expone un patrón estereotipado. Recursos humanos, laboratorio, turismo, marketing y tareas de cuidado concentran mayoría femenina, mientras que enología, mantenimiento, fincas y logística muestran una marcada masculinización. Solo el área de medio ambiente y sustentabilidad alcanzó equilibrio de género.
El techo de cristal en la estructura jerárquica de la vitivinicultura
La participación femenina disminuye notablemente en los cargos de mayor jerarquía. Mientras que un 18% de las operarias son mujeres, solo el 28% llega a ser encargada, el 33% jefa de área, el 37% gerenta y el 31% directora o CEO. En comparación con ediciones anteriores, se advierte incluso un retroceso en algunos niveles.
Entre las barreras que impiden el ascenso figuran la dificultad para conciliar la vida laboral y familiar, la persistencia de estereotipos que asocian el liderazgo con lo masculino, el menor acceso a círculos de decisión y la ausencia de políticas de género. Las mujeres, además, suelen estar más calificadas académicamente que sus pares varones, lo que evidencia exigencias adicionales para acceder a los mismos cargos.
En este sentido, el estudio dio tres opciones a quienes respondieron en cada bodega acerca de cuáles eran los motivos por los que se pensaba que las mujeres no llegaban a ocupar cargos de liderazgo.
En este sentido, el 48% aseguró que no lo hacen por “incompatibilidad entre la vida y el trabajo”, el resto, pensó que las mujeres tienen menos acceso a los círculos de poder y en menor medida, pero no menos importante, respondió que por “razones culturales” relacionadas a que las mujeres no son “naturalmente” líderes.
Falta de políticas de cuidado en las bodegas
El estudio también indaga sobre las condiciones laborales. El 28% de las bodegas reconoce situaciones de subestimación de la palabra de las mujeres, el 26% comentarios sexistas y el 13% casos de acoso sexual. Un 41% respondió “no sabe/no contesta”, lo que podría reflejar ausencia de canales de denuncia o naturalización de estas prácticas.
Las políticas de cuidado son casi inexistentes: el 91% de las bodegas no cuenta con guarderías o espacios para la primera infancia. Si bien un 71% ofrece cierta flexibilidad laboral, el sector mantiene una deuda pendiente en este aspecto. Además, dos tercios de las empresas identifican la brecha salarial como un problema vigente en la vitivinicultura argentina.
Cómo lograr una industria vitivinícola más equitativa
Las conclusiones del informe son claras: la vitivinicultura argentina sigue atravesada por fuertes desigualdades de género. Reducir la segregación de roles, garantizar la conciliación laboral y familiar, y establecer protocolos frente a la violencia y discriminación son pasos clave hacia un cambio sostenible.
Tal y como lo asegura el estudio, Incorporar la perspectiva de género no solo responde a un compromiso con la igualdad, sino que se proyecta como una estrategia competitiva en los mercados internacionales. El desafío como lo plantea el informe, será integrar esta dimensión como un pilar central en la sostenibilidad de la industria.