Apenas dos minutos después del despegue, una serie de impactos secos sacudió la aeronave. Una bandada de gansos dañó ambos motores, así que el avión quedó sin potencia casi de inmediato. Mientras tanto, la aeronave volaba a baja altura rodeada de rascacielos, barrios poblados y puentes.
"Tuve que tomar una decisión rápida": el testimonio del piloto que aterrizó un avión sin motores y salvó a 155 personas
El 15 de enero de 2009, un avión sufrió una falla total de motores. El capitán y su copiloto, lograron un amerizaje forzoso en el Hudson de Nueva York
El vuelo se convirtió de inmediato en una emergencia sin precedentes, pero el piloto logró un aterrizaje milagroso. Tiempo después, el hecho fue llevado al cine en la película Sully, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Tom Hanks, no solo como historia de heroísmo, sino también como lección sobre la importancia de la cultura justa en la gestión de riesgos y la prevención de accidentes.
Un piloto experimentado
A las 15.24 partió el vuelo AWE1549 desde Nueva York con destino al Aeropuerto Internacional de Charlotte, Carolina del Norte, desde donde continuaría hacia Seattle-Tacoma. En el avión viajaban 150 pasajeros y cinco tripulantes. Chesley Burnett Sullenberger, de 57 años, se encontraba al mando en la cabina junto con el copiloto Jeffrey Skiles, quien realizaba su primer vuelo operativo en un Airbus A320 luego de completar su habilitación.
Sullenberger no era un simple piloto, sino que había integrado la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, y había volado cazabombarderos F-4 Phantom. Acumulaba más de 19.000 horas de vuelo y era reconocido como especialista en seguridad aérea. A su vez, había participado en investigaciones de la National Transportation Safety Board (NTSB) y colaborado como asesor en programas vinculados a la NASA.
El piloto tenía disciplina militar y un conocimiento profundo del factor humano, aunque nada podía anticipar lo que ocurrió instantes después del despegue. El episodio marcaría el hito de su carrera.
Segundos de tensión
A minutos de salir del aeropuerto y a 850 metros de altitud, una bandada de gansos canadienses impactaron con el avión. Se estima que dos aves ingresaron al mismo tiempo, en ambos motores. De inmediato se dañaron las paletas curvas del ventilador y del compresor, por lo que hubo una pérdida casi total de empuje en los dos motores. En la cabina, se confirmó que los motores no respondían.
Sullenberger tomó el control, mientras Skiles comenzó a ejecutar la lista de verificación para el reinicio de motores. A la par, se manifestó la emergencia ante la torre de control de La Guardia. Los controladores ofrecieron alternativas como intentar regresar al punto de partida o desviarse al aeropuerto de Teterboro, en Nueva Jersey.
El avión avanzaba por inercia, pero cada segundo consumía la poca energía disponible. No había tiempo para cálculos prolongados, por lo que el aeropuerto de Nueva Jersey fue descartado, al igual que el Teterboro, ya que este implicaba sobrevolar áreas densamente pobladas de Manhattan.
El milagro del Hudson
Sullenberger advirtió a los pasajeros: "Este es el capitán. Prepárense para el impacto". A partir de allí, se impartieron instrucciones claras y se ordenó adoptar la posición de seguridad. Ninguno de los pasajeros lanzó gritos desesperados y tampoco hubo pánico generalizado.
Tras 208 segundos del despegue y después de superar por 270 metros el puente George Washington, Sullenberger comunicó al control aéreo: "Vamos al Hudson", con el respaldo de su compañero.
El Airbus A320 descendió planeando sobre el río Hudson, evitando puentes, embarcaciones y edificios. A las 15.27 el avión tocó el agua helada cerca de la calle 48 de Manhattan frente al Museo Intrepid Sea-Air-Space. Embarcaciones de Nueva York llegaron casi de inmediado, seguidas por helicopteros policiales, guardia costera y bomberos.
En minutos, todos los ocupantes fueron rescatados a salvo. Los últimos en abandonar el avión fueron el comandante y el copiloto, tras verificar dos veces que no quedara nadie a bordo.







