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Tras 130 años, un rebaño de vacas abandonado en una isla desierta deja sin palabras a los científicos

Un estudio genético en la Isla de Ámsterdam revela la sorprendente adaptación de un rebaño de vacas abandonado hace 130 años.

En una isla de Ámsterdam, perdida en el océano Índico y perteneciente a un remoto territorio francés, es un lugar donde la vida parece siempre estar al límite. Sin embargo, en ese entorno hostil, un estudio confirma que un pequeño grupo de vacas logró establecerse y sobrevivir durante generaciones, convirtiéndose en un caso inesperado de adaptación natural.

Todo comenzó con apenas cinco animales, abandonados en el siglo XIX. Y aun así, lejos de extinguirse, esas vacas comenzaron a reproducirse, expandiéndose lentamente hasta formar una manada que con el tiempo alcanzó miles de individuos. Lo que parecía una historia de abandono se transformó en un experimento biológico involuntario, observado décadas después por la ciencia.

Vaca isla desierta

Tras 130 años abandonadas, un rebaño de vacas abandonado en una isla desierta deja sin palabras a los científicos

El estudio genético publicado en 2024 en Molecular Biology and Evolution permitió reconstruir esa historia con precisión. Investigadores del INRAE y de la Universidad de Lieja analizaron muestras biológicas conservadas antes de la erradicación definitiva del rebaño en 2010, lo que hizo posible observar su evolución sin interferencias posteriores. Lo que encontraron no solo describía un linaje, sino que desarmaba una teoría largamente aceptada.

El ADN reveló una mezcla genética doble, casi equilibrada en su origen. Una parte importante provenía de ganado europeo, asociado a razas adaptadas a climas fríos y húmedos, mientras que otra fracción correspondía a cebúes del océano Índico, vinculados a poblaciones más resistentes a condiciones cálidas y variables. Esa combinación, presente desde los primeros fundadores, fue clave para entender su permanencia en la isla.

Vaca isla desierta (1)

La importancia de este descubrimiento

Durante años se creyó que este ganado había reducido su tamaño como respuesta directa al ambiente insular, como si la isla hubiese moldeado su biología de forma acelerada. Sin embargo, el estudio genético mostró otra narrativa. Los animales ya eran pequeños desde su origen. No hubo un proceso reciente de encogimiento evolutivo, sino una herencia previa que ya contenía las herramientas necesarias para sobrevivir.

Ese cambio de perspectiva, gracias a este descubrimiento, no solo corrige una hipótesis científica, sino que también reordena la forma en que se entiende la adaptación en ambientes extremos. La supervivencia del rebaño no dependió únicamente de la presión del entorno, sino de la diversidad genética con la que llegó al territorio. Y esa diferencia es clave, porque sugiere que, en algunos casos, la evolución no ocurre en la isla, ocurre antes de llegar a ella.

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