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Transforman 2 coches en barcos para cumplir el deseo de su padre: navegaron en el océano 119 días

No llegaron en barco. No llegaron en avión. Llegaron en algo que había sido creado en un jardín, con espuma, metal y fe.

Hay historias que parecen ficción, esta es un ejemplo de ello. Se trata de cuatro hombres que empujaron dos autos hacia el océano Atlántico y los vieron convertirse en "barcos". No eran ingenieros navales ni exploradores profesionales. Eran hijos que intentaban cumplir el último deseo de su padre.

El deseo de su padre era demostrar que era posible cruzar el océano dentro de un automóvil flotante. Te contamos sobre esta travesía y cómo sobrevieron en estos autos convertidos en "barcos".

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Transforman 2 coches en barcos para cumplir el deseo de su padre: navegaron en el océano 119 días

El protagonista de esta historia es Marco Amoretti, quien junto a sus hermanos Fabio y Mauro, y su amigo Marcolino De Candia, partió el 4 de mayo de 1999 desde la isla de La Palma, en las Islas Canarias. Sus vehículos eran un Volkswagen Passat de 1987 y un Ford Taunus de 1981, modificados artesanalmente y rellenados con poliuretano y espuma para permitirles flotary convertirse en "barcos".

El proyecto no nació de la improvisación, sino de un sueño heredado. Su padre, Giorgio Amoretti, fotógrafo y aventurero, había intentado años antes cruzar el océano en un Volkswagen Beetle adaptado, al que llamó “Automare”. Pero las autoridades le impidieron continuar y, cuando enfermó de cáncer terminal, supo que nunca podría completar su idea. Sus hijos decidieron hacerlo por él.

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¿Cómo lograron transformar el auto en barco?

Los autos fueron sellados, equipados con pequeños motores, velas improvisadas y un espacio mínimo en el interior para refugiarse. También colocaron balsas inflables en el techo y amarraron ambos vehículos con cuerdas para evitar separarse en mar abierto.

Pero el océano Atlántico no perdona la fragilidad. A los pocos días, Fabio y Mauro abandonaron la travesía debido al agotamiento y al intenso mareo, dejando solos a Marco y Marcolino en medio de una extensión sin límites.

Durante semanas quedaron aislados, dependiendo del viento, las corrientes y su propia resistencia. Perdieron contacto con tierra cuando el teléfono satelital dejó de funcionar, y sobrevivieron pescando, reparando filtraciones y soportando tormentas. Mientras tanto, su padre murió el 28 de mayo, aunque la familia decidió no decírselo para no quebrar su determinación.

Finalmente, el 31 de agosto de 1999, después de 119 días y casi 4.700 kilómetros, alcanzaron la isla de Martinica, en el Caribe. Se convirtieron en las primeras personas en cruzar el Atlántico a bordo de autos flotantes.

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