Cuando Valeria Rodríguez Fontenla viajó a Mendoza con su familia, antes de la pandemia, lo hizo con la ilusión de conocer la cordillera y vivir la aventura de un trekking adaptado en el parque Aconcagua. También quería recorrer el Cañón del Atuel y Cacheuta. Pero lo que parecía un viaje de descanso se convirtió en un aprendizaje sobre las barreras que todavía existen para las personas que, como ella, tienen discapacidad.
Tiene discapacidad y las barreras en Mendoza la ayudaron a crear un proyecto inclusivo
Valeria Rodríguez Fontenla convive con una enfermedad y usa silla de ruedas. Junto a su amiga crearon un proyecto de turismo inclusivo con itinerarios accesibles
“Mi nena más chica tenía apenas dos años. Viajé con dos asistentes, contraté un servicio de taxis que decía tener unidades adaptadas y, al llegar al aeropuerto, nos dijeron que no podían usarlas por temas de habilitación y burocracia. Había vehículos accesibles, pero estaban parados, sin funcionar. La adaptabilidad era casi nula”, recuerda Valeria en diálogo con Diario UNO desde su casa de Belgrano, en Buenos Aires.
Valeria tiene dos nenas: Lourdes, de 12 años y Ambar, de 9. Desde niña usa silla de ruedas por una enfermedad neurodegenerativa llamada Atrofia Muscular Espinal (AME).
Un viaje a Mendoza que fue el punto de partida
Aquel viaje a Mendoza le sirvió para tomar nota de cada obstáculo.
“Hoy, junto con mi socia, Vero Martínez, también mamá, creamos un emprendimiento que promueve la accesibilidad en el turismo. Nosotras viajamos igual, buscamos la forma, nos adaptamos a lo que se pueda hacer, pero muchas familias directamente desisten porque no tienen información ni acompañamiento”, explica y agrega: “Fue Vero quien comenzó antes con el proyecto ‘Sí, voy’ y yo me sumé al barco”.
Lo cierto es que aquel viaje a Mendoza, más allá de las dificultades, encendió en Valeria una idea que con el tiempo se transformó en una realidad: “Sí, voy”, un emprendimiento de turismo inclusivo que hoy invita a disfrutar del ocio con autonomia a cada pasajero, sin importar su condición física.
El camino hacia el emprendimiento empezó incluso antes de Mendoza, cuando Valeria se convirtió en mamá.
La maternidad para una mujer con AME era casi un terreno inexplorado. “Cuando quedé embarazada por primera vez, los médicos me decían que no había mamás con mi enfermedad en Argentina y que podía morirme. Incluso me aconsejaban un aborto terapéutico, pero yo no quería. Entonces empecé a buscar mujeres con AME que hubieran sido mamás… y así encontré a Vero”, relata.
Verónica Martínez, oriunda de Santa Rosa, La Pampa, ya era mamá de Lautaro y más tarde también tendría a su hija. El encuentro entre ambas fue inmediato: no solo se convirtieron en amigas, sino también en aliadas frente a un mundo poco preparado para las personas con discapacidad.
Viajar con discapacidad: una odisea
Organizar un viaje siempre conlleva desafíos: elegir hospedaje, coordinar traslados, armar itinerarios. Pero para quienes conviven con una discapacidad, esos desafíos se multiplican.
"Por ejemplo, a Mendoza viajé con una silla de ruedas manual por el tema del transporte. En general uso la silla a motor. Hoy tenemos en Mendoza un prestador que tiene camioneta adaptada y es todo más sencillo”, dice.
“Lo que más nos limitaba, efectivamente, era el transporte. Todo se encarecía porque no hay unidades adaptadas disponibles. Y no hablamos solo de vacaciones: moverse de un lugar a otro se vuelve una tarea titánica”, explica Valeria.
La pandemia reforzó la idea de que hacía falta un puente entre las familias y el turismo accesible. Así nació “Sí, voy”, que diseña experiencias a medida: desde escapadas de fin de semana hasta viajes largos, con alojamiento, movilidad y actividades pensadas para que nadie se quede afuera.
“Queremos que el turismo inclusivo no sea un lujo, sino una posibilidad real. El ocio no puede ser un privilegio: es un derecho”, resume Verónica.
Profesionales, mamás y emprendedoras con discapacidad
Lejos de definirse solo por su enfermedad, Valeria y Verónica reivindican sus múltiples roles. Valeria es casi licenciada en Biología y da clases particulares; hace marketing digital y desarrollo audiovisual en formato accesible. Verónica es contadora.
Las dos son mamás de chicos y organizan su vida cotidiana entre la familia, el trabajo y este emprendimiento que crece día a día. Su contacto, siendo socias y aunque no vivan en la misma ciudad, es permanente.
El proyecto no les da todavía un ingreso estable, pero sí una comunidad fiel y creciente que las sigue en redes sociales y consulta antes de viajar. Cada itinerario se diseña de forma personalizada, con la certeza de que cada persona tiene necesidades únicas.
Ocio y autonomía para personas con discapacidad: más que un viaje
Lo que moviliza a estas dos mujeres va mucho más allá de vender un paquete turístico. Su apuesta es por la autonomía y por el derecho al disfrute. “El objetivo es garantizar a las personas con discapacidad y sus familias el disfrute del tiempo libre con autonomía, una real inclusión. Todos necesitamos vacaciones, tiempo de disfrute, y nosotras sabemos lo que significa cuando eso parece imposible”, afirma Valeria.
Su proyecto, sobre todo en un país donde la accesibilidad todavía es una deuda pendiente, demuestra que la inclusión no es un concepto abstracto, sino algo que se puede concretar en la vida cotidiana: un taxi que sí llega, un hotel que sí tiene las condiciones necesarias, una excursión que sí contempla a todos.
Hoy, Valeria mira hacia atrás y ve cómo aquella experiencia en Mendoza —lejos de desanimarla— se transformó en el motor de un sueño.“Lo nuestro es una manera de decir: sí, se puede viajar; sí, podés disfrutar; Sí, voy!”, concluye. Un lema que no solo da nombre al emprendimiento, sino que refleja la fuerza de dos mujeres que decidieron abrir caminos donde antes solo había barreras.
Dónde seguirlas: El Instagram del emprendimiento “Sí, voy” es @sivoy.accesible. Página web: www.sivoy.com.ar













