El autor de El Heredero

Tarradas Bultó, autor de "El Valle de los Arcángeles", llamada la versión española de "Lo que el viento se llevó"

Apasionado por la lectura y la historia, el escritor español se convirtió sorpresivamente en un novelista exitoso. Su segunda obra es El Valle de los Arcángeles, ambientada en la Cuba colonial del Siglo XIX

Ningún antecedente familiar hacía presagiar que Rafael Tarradas Bultó iba a devenir novelista. Novelista tempranamente exitoso, para mayor sorpresa.

En su árbol genealógico cercano figuran empresarios, deportistas, aventureros. Nombres destacados de la sociedad española. Pero, él mismo afecto al ejercicio y al aire libre, halló otra veta, surgida de su amor por la lectura y a su pasión por la historia, que lo llevaron relatar las peripecias de los suyos durante la Guerra Civil. El resultado fue El Heredero, un suceso de ventas que le facilitó ingresar al catálogo de un gran sello editorial.

Ahora, su segunda novela, El Valle de los Arcángeles, apunta a consolidar el fenómeno.

Ambientada en la Cuba colonial de fines del Siglo XIX, aquel paraíso azucarero y última joya del imperio español en tierras americanas, es un centro de intrigas, de amores tórridos y ambiciones desmedidas. Al mismo tiempo, el contexto sociopolítico está cargado de amenazas. La esclavitud, en su fase final, es una bomba próxima a estallar. Y la revolución criolla parece un destino inevitable.

Los personajes centrales: tres familias españolas, tres depositarias de enormes fortunas sustentadas en tres ingenios azucareros con nombres angélicos: San Miguel, San Rafael y San Gabriel; y una mujer, entre ellos, con una habilidad diabólica para sacarle partido a todo lo que ve y tomarse revancha de la vida.

Catalán, pero de momento en Madrid y ligado a la Argentina por los negocios de su padre, Tarradas Bultó habló con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Rafael, El Valle de los Arcángeles es tu segunda novela. Da la impresión de que estás disfrutando mucho de tus libros, ¿no?

-Sí, mucho. Piensa que mi primer libro lo escribí para mi familia. Y sin venir a cuento, sin que yo hiciera nada, se convirtió en un boom. Lo cogió una editorial, Espasa Calpe, del grupo Planeta, funcionó fenomenal y se sigue vendiendo muy bien.

-¿Y El Valle de los Arcángeles?

-Mi segundo libro de momento también está andando muy bien. Ha sido el tercero más vendido esta semana en e-book y está entre los diez más vendidos entre los libros físicos. Pero ha sido una experiencia muy inesperada para mí. También muy divertida.

-Un escritor, se supone, pertenece a una estirpe libresca, sin embargo, tus antecedentes familiares son muy distintos: estudiaste Diseño Industrial; tu abuelo es el legendario Paco Bultó, empresario fundador de Montesa y Bultaco; sos sobrino de Álvaro Bultó, un deportista de riesgo, y primo de Sete Gibernau, dos veces subcampeón del mundo en MotoGP… O sea, nada de tus antecedentes familiares te llevaba a los libros.

-(Ríe) No, nada. Pero yo creo que hay muy pocos escritores que vengan de una estirpe o de una saga de escritores. La escritura es una cosa que sale en forma bastante natural si te gusta mucho leer, como es mi caso; y si te gustan diferentes temas, como me sucede a mí con la historia. Esto fue lo que me enganchó.

-¿De qué manera?

-Empecé a pasar al papel historias familiares. E hice un libro que, al principio, como te decía, no tenía ninguna pretensión. La editorial lo encontró y lo publicó con mucho éxito. Ahí empezó todo. Pero no existe la carrera de escritor. Para escribir bien hay que leer mucho.

-Fundamental. Leer, disfrutar, entender… Amar el idioma, entre otras cosas.

-Sí. Comunicarte bien. Yo trabajo en una empresa de comunicación. Y lo importante es hacerte entender. A veces se peca un poco de buscar unos adjetivos que no se utilizan, en castellano antiguo, unas palabras muy rebuscadas cuando, al final, lo interesante es que cuentes una historia que le llegue al máximo de gente de una forma bonita, de una forma clara y fácil. A mí no me gustan los libros que suponen tener el diccionario al lado y estar permanentemente encallándose, en donde todos los personajes son tan alejados de ti que no te puedes identificar. Mis libros son fáciles de leer porque a mí me gusta leer así.

-¿Leer qué?

-Leer historias que me hagan volar la imaginación, no que suponga un reto cada página para intentar comprender qué es lo que está sucediendo.

-Una pregunta al ciudadano común, pero también al lector de libros de historia: ¿cómo estás viviendo la guerra cercana que tienen ustedes en Europa?

-Primero, con muchísima sorpresa, porque no pensábamos que iba a suceder. Nunca pensé que volvería a haber guerra en Europa. Es muy sorprendente. Y es horroroso. En mi casa, en este momento, en Barcelona, tenemos acogidos ahora mismo a siete ucranianos. Y es terrible porque se trata de gente que lo ha dejado todo.

-¿Cómo llegaron?

-Todos han llegado con las herramientas de su sitio. Una que era peluquera ha venido con las tijeras, el set de maquillaje y todo eso, para poder trabajar enseguida, para poder empezar la vida otra vez. Es angustioso, da muchísima pena y es muy indignante, por otro lado, que pueda haber una persona que decida hacer tanto mal a tantas otras. Algo tremendo que esperemos que acabe pronto.

-Hay una diferencia en la percepción. Los europeos, llevan la guerra adentro, en su ADN; incluso ustedes, los españoles, no hace mucho pasaron por la Guerra Civil. A nosotros, en Sudamérica, esa experiencia nos es más lejana.

-Sí, pero desde la Segunda Guerra Mundial ha habido una serie de generaciones que no han tenido guerra, salvo la de Yugoslavia, que estaba enmarcada en una parte de Europa, mientras estaba saliendo del Telón de Acero. Era como una segunda Europa. Pues ni mi generación ni la de mis padres ha vivido ninguna guerra. Todo lo contrario. Hemos vivido en el bienestar absoluto. En mi generación no hay nadie que se preocupe porque no haya comida en el plato, cosa que sí había hace dos generaciones en Europa. Entonces, de repente, que suceda esto es como la vuelta a un pasado horroroso que, desde luego, está en el ADN de los europeos, pero que pensábamos que estaba superado.

-Metiéndonos, ahora, en El Valle de los Arcángeles, se trata de un libro de más de 600 páginas. Sos un típico escritor de largo aliento. Hay que tener pasta para ello.

-Yo no pienso mis libros en términos de cuántas páginas tienen que durar. Tengo una historia en la cabeza que quiero contar de la manera que a mí me gusta y, cuando acabo, ha durado lo que ha durado. En este caso, bastante. Ha durado 600 páginas. Pero sí es verdad, por otra parte, que, a los que nos gusta leer, si el libro es bueno no queremos que se acabe. Entonces, es una ventaja.

-¿Un libro como cuál?

-Me encanta Los pilares de la Tierra, un libro mítico de Ken Follett. Un libro gordísimo, súper extenso, que no quería que se acabara porque cada página me emocionaba más que la anterior. De hecho, lo dosificaba.

-¿Y qué ha sucedido con tu libro, en este sentido?

-Es gracioso porque con El Valle de los Arcángeles yo tengo un canal abierto donde recibo la opinión de la gente y muchos me dicen: “¡Lo estoy dosificando! ¡Estoy intentando ir lento para que no se me acabe!”. Pues, mira, es una buena sensación.

-Ubiquemos la historia, con raíces españoles, pero con desarrollo central en la Cuba de 1864, un paraíso azucarero, explotado con esclavos y última joya colonial de España en nuestro continente.

-Sí. Lo que pasó en esta época es que la esclavitud, el tráfico, estaban prohibidos, pero, igual, en Cuba seguía habiendo esclavos porque era legal. O sea, no se podía comprar más, no podían llegar más esclavos, pero los que ya tenías los podías mantener. Además, Cuba en ese momento tenía prácticamente el monopolio del azúcar mundial. Por lo tanto, los azucareros son riquísimos.

-En ese escenario aparecen tus personajes.

-Cuando llegan los protagonistas de Barcelona lo hacen un poco con la esnobería de la metrópoli. Creen, por ejemplo, que les van a enseñar a los cubanos a vestirse. Entonces, en el barco, el capitán que los está escuchando, les dice: “Están ustedes muy equivocados. Cuba es muchísimo más sofisticada que de donde vienen ustedes. Es una sociedad muchísimo más rica, mucho más cosmopolita, con gente muchísimo más interesante de muchísimas partes del mundo. ¡Ustedes son los catetos aquí!”.

-Claro, uno pierde de vista lo que era Cuba en aquel entonces.

-Es un descubrimiento para los que leen la novela. Allí eran los más ricos del mundo en ese momento. Cuba no producía muchas cosas: fundamentalmente, azúcar, además de algunas minas de cobre, algo de algodón y algo de café, no mucho más. Pero, en cambio, como tenían dinero, compraban lo mejor de todas partes del mundo.

-Ese brillo queda muy bien reflejado en la novela.

-Es que la ropa venía toda de París; los coches de caballo, de Inglaterra. Todo lo más sofisticado estaba en Cuba. Entonces, cuando llegan los peninsulares, no se lo pueden creer. Es el paraíso. Pero un paraíso con trampas, porque es un paraíso con esclavos. Y la esclavitud, realmente, en el imperio español, se abolió en 1886. Muy tarde.

-Estamos ya en el ocaso del imperio.

-La última época colonial española. Quedaban Cuba, Filipinas, algunas islas desperdigadas por los océanos y ya estaba. Pero, a pesar de ser el último momento, era una época muy próspera por el azúcar.

-¿Cuál es el sentimiento de los españoles por Cuba? Hay varias ficciones sobre este tema. Recuerdo, por ejemplo, que La Templanza, de María Dueñas, transcurre entre España, México y Cuba, más o menos por la misma época. Esto, además, visto desde la perspectiva de la leyenda negra de España torno a la colonización de América.

-Yo creo que todos los países del mundo y todos los imperios del mundo han hecho barbaridades. España fue uno de los imperios más importantes que hubo y, por supuesto, también las hizo. Tampoco creo que haya sido todo mal. Igual que nosotros tenemos aquí los acueductos romanos, tú y yo estamos hablando una lengua que compartimos por nuestros antepasados. Es muy difícil entender el mundo de antes con los ojos de ahora. Estoy súper a favor, en todas las acciones de la vida, de arrepentirse y de aprender de las cosas que se han hecho mal, pero no estoy a favor de fustigar ni de pensar que todo estuvo mal.

-Por eso se impone un balance más meditado.

-Creo, como decía, que hay cosas que se hicieron muy mal y otras que se hicieron muy bien. Y el pozo que ha quedado es el de toda la gente que salió de España, que se repartió, sobre todo, por Latinoamérica y con quien tenemos una vinculación de hermanos.

-Tendrás muchas experiencias al respecto.

-Estuve, por ejemplo, hace muy poco, en Colombia y el sentimiento, para mí, era el de estar en casa. Me siento rodeado de gente igual que yo. Hablamos no solo el mismo idioma verbal. Tenemos cosas parecidas. Nos reímos con las mismas bromas. Es realmente una hermandad muy muy importante. Creo que hay que sacarle partido a eso. Y para sacarles partido a las cosas conviene fijarse más en lo que nos une y menos en lo que nos separa.

-A nosotros, de este lado, nos sucede algo parecido. Cuando viajamos a países como España e Italia, también, de alguna manera, tenemos la sensación de estar en casa.

-Claro. Es totalmente así. Yo cruzo la frontera, me voy a Francia y no tengo nada que ver con las personas de allí; y eso que están pegadas a mí. En cambio, voy a la otra punta del mundo y sucede lo contrario. Mi padre mismo tiene negocios en Argentina.

-¿Sí? ¿Qué tipo de negocios?

-Hace raquetas de pádel. Y su principal inicio de negocios fue en Argentina, también. Por lo tanto, es una hermandad muy fuerte la nuestra. El Valle de los Arcángeles habla, por un lado, del horror de la esclavitud, que es uno de los temas del libro, aunque no el principal, porque también habla mucho de amor, de lujo, de aventuras, de muchas cosas. Pero, sobre todo, habla de una época muy desconocida y muy increíble porque La Habana era la Nueva York del mundo en ese momento; la sociedad era increíble, colorida, en un país preciosísimo. Y también se deja ver mucho el vínculo que había con la Península.

-¿Qué tipo de vínculo tenían, a esa altura, España y Cuba?

-Un vínculo muy especial. Cuando los ingleses hablaban de Kenia, ese lugar no era nada para ellos. Por Kenia no tenían ningún afecto especial. No se relacionaban con la gente, no tenía ningún peso en la sociedad. En cambio, de Cuba a la Península había un barco diario. Tú podías ir todos los días de la semana a España y viceversa. Por lo tanto, el vínculo de los europeos y sus familias con sus islas americanas era muy importante. Realmente eso es una historia de amor. Con muchísimos fallos. Pero no era una isla más. Era una parte muy importante de su economía y de su vida, una provincia del imperio.

-Llama la atención, por otra parte, que se siga poniendo el acento en la leyenda negra española y tirando estatuas de Colón cuando ha habido conquistas mucho más feroces como, por ejemplo, la de Bélgica en el Congo.

-Claro. Y hay una cosa que a mí me sorprende más de estos procesos. Cuando las personas que tiran estatuas se llaman López y Pérez, no tiene sentido. Los del Congo están muy enfadados, pero son todos los que no eran belgas los que siguen ahí. Pero la gente que está en Sudamérica es, en grandísima parte, descendiente de las personas que denuestan. Pero, repito, creo que, en general, como norma me parece que hay que basarse en las cosas que nos unen más que en las que nos separan. El que lea mi libro verá que va por ahí cien por cien. Que es una historia de amor con el país y con la gente.

-Sí. El retrato social está hecho desde las mismas entrañas.

-Toda la investigación ha ido de la mano de los historiadores cubanos. Y, en la relación con ellos, al ver la dignidad, la cultura, la simpatía, la nobleza de la gente de Cuba, solo eso ya es tan gratificante que compensa mucho.

-Decías que tu libro es una historia de amor. Pero no se agota ahí. Tiene, como decíamos antes, intriga policial, aventuras, contexto histórico y político, pasiones, crímenes, etcétera. ¿En qué género ubicarías El Valle de los Arcángeles?

-Diría que es una novela de ficción histórica, o sea, ambientada en un período histórico, que está muy documentado. Pero es una historia de aventuras con amor.

-¿De qué tipo?

-Comparan a mi libro, y es todo un honor, diciendo que es Lo que el viento se llevó español.

-Sí, totalmente.

-Es la historia de dos personas que nacen en Barcelona y que, como allí no encuentran su oportunidad, cruzan el Atlántico para empezar a llevar unas plantaciones de azúcar. En este proceso, ellos, un chico y una chica jóvenes, van a encontrar todas las cosas que la vida tiene para ofrecer integrándose a un mundo del cual no saben nada.

-Y entre las particularidades de esa nueva vida, está la problemática de los esclavos.

-Lo cual cambia totalmente la perspectiva. Porque, ya para esa época, se sabe que la esclavitud está por acabarse, pero los negocios, que son súpernegocios, funcionan con esclavos. Entonces la pregunta que todos ahí se hacen es: esto es un paraíso. Un paraíso en peligro. ¿Cómo hacemos para que siga adelante?

-Lo cual viene enmarcado en un contexto sociopolítico complejo.

-En paralelo empieza toda la parte del independentismo cubano, la primera guerra de la independencia, etcétera. Por eso, cuando los personajes llegan, les parece que todo es una maravilla. Pero, luego, alrededor de ellos muchas cosas se están moviendo de forma que puede ser un paraíso convulso.

-Está bien la comparación de tu historia con Lo que el viento se llevó, pero también tiene algo de Orgullo y prejuicio y de otras novelas de ese tiempo, ¿no?

-Sí, porque encaja también en las fechas. La sociedad en esa época era totalmente diferente a la de ahora. Estaba muy marcada por los prejuicios sociales. Pero otra cosa con la que se encuentran los protagonistas al llegar a Cuba es que, precisamente, allí los prejuicios sociales son mucho menores, que pueden hacer lo que quieran, que son mucho más libres. Europa es una cosa mucho más rígida y más antigua.

-Claro, como vos decís, en El Valle de los Arcángeles ellos han montado un mundo un poco a su medida.

-Hacen un poco lo que les da la gana. Hay una mujer que se viste con pantalones, algo imposible para la época. Hay otro que se casa con una persona que en otro lugar no hubiera sido posible. Es como si dijéramos: estamos lejos de casa y aquí lo tenemos todo; todo el dinero del mundo, grandes tierras, un paraíso tropical…

-Dos mundos en contacto, pero muy opuestos.

-Es el contraste de esa Europa seria y oscura con la luminosidad del Caribe, con una sociedad nueva, mucho más dinámica y mucho más gestionada por la meritocracia, o sea, por el poder de hacer las cosas bien y triunfar por eso. No hace falta que vengas de la más alta estirpe para llegar arriba.

-El Valle de los Arcángeles es una novela coral, con numerosos personajes entrelazados. Pero, si tuvieras que elegir al protagonista, a la figura central, entre todos, ¿quién es?

-El número uno de mi novela es una protagonista que se llama Isabel Palau.

-También llamada Pepa, al principio. ¿Por eso su figura ilustra la tapa?

-Efectivamente. Es una chica, no nacida en la miseria, pero sí en malas condiciones, en Barcelona, que toda la vida ha sido maltratada. Nadie la ha querido, nadie le ha hecho demasiado caso, la han educado poquito y, con 16 años, hay un acontecimiento que la lleva a dar un golpe en la mesa. Se dice: “Estoy agotada, pero todavía no estoy destruida”. Por lo cual quiere cambiar su vida.

-Pasa a trabajar en un palacio de la ciudad.

-Allí descubre cómo es la vida de los ricos. Entonces decide llegar allí sea como sea.

-¿Con qué elementos?

-Se dice: “Solamente tengo dos cartas en mi manga. Una es que soy muy guapa. Todos los hombres me miran. Y la segunda es que, como nadie me ha querido a mí, yo no quiero a nadie. Entonces no tengo ningún escrúpulo”. Y pasa por encima de la gente.

-Lo que el viento se llevó

-Cuando hacen la comparación con Scarlett O’Hara la cosa va un poco por ahí. Es una mujer muy fuerte, súper ambiciosa, que va a lo que va. Y si, por el medio, te cruzas en su camino, ¡ojo!, porque pasará por encima de ti.

-Tal cual. Y muestra las uñas desde el principio.

-Es un personaje muy completo porque, siendo muy malvada, genera mucha empatía porque es muy inteligente, porque todas las cosas que hace tienen un porqué, porque se ve adónde va. A mí no me gustan nada los personajes tontos. Y ella es todo lo contrario. Además, es muy valiente porque se enfrenta a toda la sociedad y no se deja llevar por los prejuicios que tenía la mujer encima.

-Claro, los condicionamientos de la época.

-La mujer no podía trabajar, tenía que quedarse en casa, etcétera. A ella le da igual todo eso. Se lo salta. Quiere llegar a lo quiere llegar. Lo primero, es ser muy rica. Y, cuando lo logra, quiere ser la mejor en lo que hace. Entonces, es un personaje que a mí me encanta porque es muy potente. Una mala malísima, pero con cierto motivo.

-Tal cual. La villana central de las películas, tipo Cruella Devil o Cersei Lannister, con un magnetismo superior al resto.

-Exactamente. Es la que se atreve a hacer lo que tú no te atreves (ríe).

-¿La típica femme fatale?

-Tiene elementos de femme fatale, pero es más que eso.

-¿Por qué?

-Porque la femme fatale seduce y ahí se queda. Esta no solo seduce. Seduce empresarialmente. Se empeña mucho en ser la mejor en lo que hace. Quiere ser valorada por su trabajo. La femme fatale manipula al marido y demás. Ella es todo lo contrario. Ella es la que manda. La que decide desde el primer momento. Su manera de llegar a las cosas es, a lo mejor, a través de otras personas, pero luego se sitúa ella en el puesto de mando. Es la que controla todo.

-¿Cómo Scarlett O’Hara?

-¿Dirías, por ejemplo, que Scarlett O’Hara es una femme fatale? Yo no lo diría. Es una cosa diferente. Comparte elementos de femme fatale. Utiliza el atractivo, indudablemente. Pero luego tiene más contenido. Creo que Isabel -o Pepa- es este caso.

-Tampoco tu relato es una novela rosa. Las muertes, los cadáveres, se van acumulando desde el principio.

-Esto está basado en un hecho histórico. Fue así: en esta época, la independencia se juntó con las rebeliones de esclavos. Entonces, muchos de esos esclavos iban a la desesperada.

-Es que la pasaban realmente mal, como queda reflejado en tu relato.

-Los plantadores tenían a los esclavos muy muy subyugados. Los trataban como animales, realmente. Sobre todo, les quitaban toda la dignidad. ¿Por qué? Porque, al final, estaban en medio del campo, en plantaciones enormes. Una familia de diez hombres libres viviendo con 600 esclavos. Era muy fácil, entonces, que los hubiesen matado, ¿no? Por cual, estaban atemorizados todo el rato. O sea, este era un paraíso muy frágil en visos de cambiar. Y un paraíso con trampa.

-Volvamos, sobre el final, a tu padre, Rafael Tarradas Gorchs, con negocios en Argentina.

-Tiene una marca de raquetas de pádel, Royal Padel, que se fabrica en Argentina. Él era textil y el sector textil español tuvo una crisis muy gorda, se vino abajo; entre todos ellos, también la fábrica de mi padre. Entonces empezó a traer raquetas de pádel, un deporte, que, al principio, era muy poco conocido en España. Ahora ya lo juega todo el mundo y es un boom. Se sabe que vino de Argentina y que allí está el centro.

-Ustedes los españoles siempre han sido afectos a este tipo de deportes, como el frontón o la pelota vasca, ¿no?

-Sí, sí, deportes de raqueta, muchísimo.

-¿Y vos los practicás?

-¡Sí! Juego al pádel mucho, a frontón también. Juego al tenis. Juego a todos los deportes de raqueta. Me encanta el squash. ¿Sabes qué pasa? En las ciudades hay muchas pistas de estas, sobre todo de pádel y de squash, porque como son más pequeñas se pueden meter en diferentes sitios. Las urbanizaciones ahora las hacen todas con su piscina y su pista de pádel. Es como la moda. Una cosa que nos habéis traído vosotros.

-Además, Rafael, sos motoquero, ¿no? Te gusta la moto.

-Sí, muchísimo. Porque, como decías antes, mi abuelo fundó dos marcas de motos, Montesa y Bultaco, que en Europa y en Estados Unidos fueron muy conocidas. Entonces, toda mi familia ha sido toda la vida muy motera. De hecho, en la finca que tienen mis abuelos es lo único que hacemos. Estamos siempre yendo en moto, porque tienen un circuito. Moto de campo. Y por ciudad, voy en moto también.

-Con tantas cosas que te gustan y te apasionan, ¿cómo te das el tiempo para escribir? Hay que dedicarle horas al teclado.

-Totalmente. Pues, mira… cuando anochece. Cuando ya no hay nada más que hacer y es entre semana y no me llaman, porque además me gusta tomarme una copa. O sea que, entre semana y de noche, estoy todo el tiempo tecleando. No me queda otra.

-¿Cultor del vino, también, como buen español?

-Desde luego. La gastronomía en general es una costumbre muy latina y muy europea. Es una de las bases: sentarse alrededor de una mesa a comer y a beber. Da mucha pena cuando vais a los países anglosajones donde se come muy mal. ¡Vamos! Acaban de comer rapidísimo y es un plan que nunca consideran. En cambio, nosotros, aquí, todo es siempre comer y cenar, cenar y comer, tomar un aperitivo y lo que sea, porque tenemos mucha variedad y muy buena.

-Estás escribiendo tu nuevo libro. ¿Se puede saber de qué va?

-Mi tercer libro está ambientado en la Segunda Guerra Mundial. A mí no me gustan los libros de guerra, porque es algo muy técnico. Por lo tanto, hablo más del entorno alrededor de la guerra. Pero transcurre durante esos años y en Europa. Sin duda, es un tema muy interesante. Va a ser entretenido.