Historias de vida

Susana y Moisés, una historia marcada por la tierra

Un matrimonio cuenta en el Día Nacional de la Agricultura su historia de vida llena de sacrificios pero felices en su chacra de Mendoza

Por UNO

Un largo camino de tierra angosto nos puede llevar a descubrir otra forma de vida, donde las preocupaciones cotidianas del trabajo o de la familia ya no pasan por una pandemia o una crisis económica. En ese campo abierto de El Pastal, en Las Heras, conocemos a Moisés y Susana, un matrimonio que se muestra feliz en su chacra y nos convence del valor agregado que les da el campo para lograr la paz.

Hoy, en el Día de la Agricultura Nacional, en Susana y Moisés se reflejan los trabajadores de la tierra que hunden sus manos en busca de sueños, para zanjar una vida fuera de lo -que uno puede creer- común. En un departamento rico en historia, en turismo, en patrimonio, pero también en tierra fértil para desarrollarse, la familia Martínez-Romero nos ofrece su mirada llena de esperanzas, llena de futuro. Y nos alienta a conquistar el mundo desde las raíces sabias de la naturaleza.

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Aquí en Mendoza, y en Las Heras donde la tierra es tan noble, hay trabajo; nadie debería morir de hambre. Todo se puede si uno le pone ganas y amor”, sentencia Susana y sus brazos se balancean para cosechar los frutos de su tierra, pero nunca se bajan, no se darán por vencidos. Una vez se les “enlagunó” el campo y fue un cimbronazo para ellos que llevan más de tres décadas en su campo lasherino. Pero empezaron de nuevo y la apuesta valió la pena.

“Sí, por ahí también han venido de noche y se nos llevaron algunas cosas, chanchos o alimentos. Pero, bueno, nos encomendamos a Dios. Seguro se lo llevaron porque lo necesitaban para comer. Si total, la tierra nos puede dar más. Capaz una chancha que dio cuatro o cinco lechones, después nos da 10. Alcanza para todos”, considera la mujer de 52 años a quien le cuesta recordar momentos dramáticos de su vida en el campo. “Somos todos una familia, con los vecinos compartimos todo, nos conocemos, hay gente muy buena y solidaria”, dice.

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Susana Romero nació en Güemes (Salta) y se crió en Bolivia. Tiene cuatro hijos y dos nietos. Hace más de 30 años eligió esta provincia para formar su familia, y el progreso del campo se dio en Las Heras. “Desde los 18 años que trabajo la tierra. Este lugar es donde trabajamos y vivimos todos juntos, con mi esposo y mis hijos. Mi papá y mis hermanos también están por acá cerquita”, nos cuenta mientras señala al horizonte de un paisaje único, marcado por surcos entre verdes plantas de ajo, cebolla, zapallo o tomate, y con la montaña de fondo como si fuera el punto final de una pintura rupestre.

Ella se muestra tímida ante la cámara, pero sabe que debe aprovechar la visita para dejar su mensaje: “Vivimos de la producción, con alimentos de buena calidad que nos da esta tierra… este lugar es el techo para mi familia. ¿Cómo ustedes no se van a querer venir a vivir acá?”. Todo fresquito y a mano tiene Susana para el almuerzo y la cena. Y como sabe que la vida también está en la ciudad, nos recomienda: “Compren las verduras en el campo o en la feria, nosotros llevamos nuestra producción a la feria y ahora uno de mis hijos abrió una verdulería; pero tienen que ver bien adónde compran porque si no van a comer puro fertilizantes”.

La jornada laboral de los Martínez-Romero, sobre todo en verano, comienza a las 5 de la madrugada y termina entrada la noche. Eso sí, el descanso del mediodía con una siesta breve “es sagrada”, nos admiten.

Moisés acaricia las hojas de una cebolla de verdeo, Susana lo observa con el consentimiento de que esos mimos sanan y fortalecen los planes del progreso. “Las plantas son como un niño, si las plantás bien, las cuidás, las mantenés bien, las curás, da resultado; te da satisfacciones”.

Moisés Martínez tiene 10 años más que su mujer, nacido en Bolivia, de niño se dedica al trabajo del campo. “Soy boliviano pero ya llevo 35 años acá. Elegimos Mendoza, y Las Heras en particular, porque es una tierra linda, acogedora, la gente es buena, colaboradora. Las Heras nos ha dado todo lo que tenemos, familia y trabajo. ¿Qué más puedo pedir?”, manifiesta el agricultor que forjó su carrera en el campo sobre las bases del respeto al trabajo, la honestidad y perseverancia.

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Por ello resume de este modo su trayectoria: “Antes era chacarero, de a poquito hemos ido haciéndonos de cositas, adquiriendo una herramienta, un año un arado, otro año un tractor, otro una rastra… y así nos fuimos haciendo solitos, sin depender de nadie más que de nuestra tierra”.

-¿Y se imagina trabajando en otro lugar?

-Si es la tierra, que sea acá donde estoy ahorita mismo. En una oficina, no. Trabajé en mi juventud en Bolivia y no me gustó. Las horas ahí adentro no se me pasaban más.

Frunciendo las arrugas marcadas por el sol, el hombre quiere volver al presente que lo ilumina y enorgullece para contarnos: “Ahora estamos muy bien, con los hijos en plena juventud que siguen este trabajo mejor que nosotros, porque manejan WhatsApp y esas cosas, ¿vio?”, y se le escapa una sonrisa a Moisés, ese “hijo” de la tierra que, aunque casi tenga edad para jubilarse, hunde sus huellas en la pala para responder sin dudarlo: “No pienso retirarme, voy a seguir en el campo hasta morir”.

Programas municipales y la visita del intendente

La Municipalidad de Las Heras viene trabajando fuertemente con las cooperativas del campo, los sindicatos de los trabajadores rurales y los agricultores en general que se dedican al campo lasherino. Ha lanzado exitosos programas como el Palha, que desde fin del año pasado ofrece asistencia al empleo agrícola capacitando y dando trabajo a medio millar de lasherinos y lasherinas en el cultivo de la tierra, no sólo del departamento sino también de otros municipios del Gran Mendoza.

En esta visita al campo de El Pastal de los Martínez-Romero, estuvo presente el intendente de Las Heras, Daniel Orozco. Agradeció la enseñanza en tareas agrícolas que le ofrecieron los dueños de casa, mientras realizaban las riestras de ajo, y hasta se animó a hacer una de las trenzas. “Esto es esfuerzo, es corazón, acá no hay sábados, domingos ni feriados. Los agricultores están siempre mirando el cielo”, reflexionó el jefe comunal.

Y, sobre este Día de la Agricultura Nacional, concluyó: “El hombre es el que produce, el que transforma, el que hace que la tierra nos dé lo que necesitamos. A la tierra hay que amarla, hay que ponerle corazón e inteligencia. Así que felicito a estos trabajadores lasherinos”.