Los baños en agua fría, casi helada, dejaron de ser una rareza reservada a deportistas de élite o aventureros extremos. En los últimos años, esta práctica se volvió tendencia global y hoy suma cada vez más seguidores que aseguran experimentar mejoras físicas, mentales y emocionales.
Pero ¿qué hay de cierto detrás de esta moda? Especialistas señalan que, bien aplicada y con precaución, la inmersión en agua fría puede aportar diversos beneficios para la salud, aunque no es apta para todos.
Beneficios del agua fría en el cuerpo y la salud física
La base científica de los baños de agua helada radica en la respuesta fisiológica del cuerpo al frío. Cuando el organismo se expone a temperaturas inferiores a los 15 °C, se produce una vasoconstricción: los vasos sanguíneos se contraen, lo que ayuda a reducir la inflamación y el dolor muscular.
Al salir del agua, ocurre el efecto inverso: los vasos se dilatan, mejora la circulación y se facilita la eliminación de desechos metabólicos. Este mecanismo explica por qué muchos atletas recurren a esta técnica para acelerar la recuperación tras el ejercicio.
Además, los especialistas destacan otros beneficios para la salud:
- Disminución de dolores articulares
- Mejora de la elasticidad vascular
- Potencial impacto positivo en la presión arterial
- Estímulo del sistema inmunológico, con aumento de glóbulos blancos
Todo esto convierte al frío en un aliado inesperado cuando se utiliza de forma controlada, según informa EFE.
Agua fría, estrés y bienestar emocional
Los baños en agua helada no solo actúan sobre el cuerpo. También generan una respuesta en el sistema nervioso central. La exposición al frío activa el sistema nervioso simpático, responsable de la reacción ante situaciones de estrés.
Paradójicamente, esta activación inicial se traduce luego en una sensación de calma. El cuerpo libera endorfinas y dopamina, sustancias asociadas al bienestar, lo que puede mejorar el estado de ánimo y ayudar a manejar mejor el estrés cotidiano.
Este efecto explica por qué muchas personas describen estas inmersiones como “revitalizantes” o incluso “terapéuticas”.
Consejos y advertencias clave
Los expertos insisten: los beneficios para la salud dependen de hacerlo bien. Se recomienda comenzar de forma progresiva, con exposiciones de uno o dos minutos y nunca superar los diez, para evitar el riesgo de hipotermia.
Antes de la inmersión, conviene realizar un calentamiento suave y, al salir del agua, abrigarse rápidamente. La práctica está desaconsejada para personas con cardiopatías graves, hipotensión severa o determinadas patologías cutáneas.
Fuente: EFE.






