Derribando estereotipos

"Soy gasista": la foto de una mamá graduada que emocionó a todos

Erika Gutiérrez, mamá, y ahora gasista matriculada, celebró su título con una foto que llamó la atención y dejó un mensaje

Erika Gutiérrez tiene 27 años, vive en Rodeo de la Cruz, Guaymallén, y acaba de recibirse de gasista matriculada. Pero no fue la certificación lo que se volvió viral entre sus conocidos, sino la foto con la que celebró: cuadro en mano, sonrisa de oreja a oreja y la frase “Soy gasista”. Un cuadro con su flamante oficio.

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Matriculada como gasista y una sonrisa orgullosa. Erika dice:

Matriculada como gasista y una sonrisa orgullosa. Erika dice: "Lo logré".

En cierto modo, Erika es una victoriosa. Porque no cualquiera se anima a estudiar durante un año y nueve meses, criar una hija de seis, cursar en un SUM barrial y —de paso— derribar estereotipos. Mucho menos hacerlo con alegría, compromiso y una genuina vocación de servicio.

“Antes de este logro, me dedicaba a ser mamá y ama de casa. Hacía deporte y, cuando podía, buscaba algún trabajito de medio tiempo para organizar la rutina diaria”, cuenta Erika.

Nada hacía prever que aquel flyer por WhatsApp que anunciaba cursos gratuitos iba a cambiarle la vida. “Me interesó porque en mi casa no tengo gas natural y pensé que me podía servir. Me pregunté: ¿por qué no?”, relata.

Un curso gratuito de gasista a dos cuadras de su casa

El curso se dictaba a dos cuadras de su casa, en el SUM del barrio Congreso, que funcionó como aula satélite del CCT Nº 6-057. Empezaron 20 alumnos. Al final, solo quedaron ocho: seis mujeres y dos varones. “Es un orgullo enorme. Fue muy lindo y nostálgico terminar, porque no fue un curso más. Me hice de amigos, colegas… el profesor fue un excelente docente”, completa.

A lo largo de casi dos años, Erika aprendió a hacer planos, manejar herramientas, rendir exámenes, asistir a pasantías… pero también aprendió algo más profundo: a confiar en sí misma. “Siempre tuve el apoyo incondicional de mi familia, y en especial de mi mamá, que fue clave. Como mi hija va a la escuela por la mañana y yo cursaba a la tarde, durante todo este tiempo ella me la cuidó todas las siestas, cada vez que tenía que salir a rendir o estudiar”, señala.

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Egresados gasistas. Erika, abajo, junto a sus compañeros, ahora colegas.

Egresados gasistas. Erika, abajo, junto a sus compañeros, ahora colegas.

Pero hubo una institución que la apoyó para que pudiera continuar y no claudicar en el camino: el Fondo de Becas (Fonbec), sede Mendoza.”Esta gran familia me dio apoyo emocional, estratégico y económico a través de mis padrinos. Fue clave en mi formación y me dio herramientas para crecer”, asegura.

En su casa también tuvo acompañamiento: “Colaboraban con el orden, la comida, y me daban el espacio cuando tenía que estar sentada horas con la compu haciendo planos o estudiando”. Por eso, cuando finalmente recibió su diploma, lo celebraron todos. “Hicimos un almuerzo con muchas risas y con las familias de todos. Fue una semana intensa con los exámenes, pero muy feliz”.

"Estoy capacitada para ejercer, soy gasista", dijo Erika con orgullo

Hoy, Erika no solo se siente capacitada para ejercer, sino que lo hace con responsabilidad y entusiasmo: “Es un placer brindar este servicio con la garantía y seguridad que necesita la persona que lo requiera. Me siento orgullosa de poder hablar de esto. Soy gasista”, repite.

Aunque reconoce que todavía hay prejuicios: “A veces es difícil mostrar otra cara válida para estos oficios. Una parte de la sociedad aún se sorprende. Pero la mayoría, cuando cuento que soy gasista, me felicita, me pregunta dónde estudié, cómo es el curso, e incluso me piden presupuesto o me recomiendan. Eso me da mucho orgullo”.

En paralelo, cuenta que también incursionó en soldadura, aunque solo por un corto período por cuestiones de tiempo. “Todos me miraban raro, como diciendo ‘¿qué hacés acá?’. Pero lo hice igual. Y me dio ánimos para seguir. Creo que mis colegas y yo estamos dando una vista positiva para que más mujeres se animen”.

Detrás del diploma y del simpático cuadrito que encendió las redes, hay una historia de superación y esfuerzo. “No sé si reivindicar es la palabra justa, porque este oficio —como muchos otros— está a disposición de la sociedad. Creo que va en cada persona sentirse capaz de hacerlo. Para mí fue una oportunidad. Y me gustaría que otras mujeres también se animen”.