Mientras en la Legislatura, peronistas y radicales protagonizaron un escándalo durante la elección del Defensor de las Personas con Discapacidad, las personas con discapacidad, tienen problemas reales.
Sus problemas son, por ejemplo, haber perdido un espacio que les permitía capacitarse y aprender a ser independientes, adaptándose lo mejor posible a la vida adulta. Esto en un contexto social que intenta pero que no siempre es inclusivo.
Te puede interesar: Vadillo le pidió al defensor de discapacitados que "se aparte del cargo"
Ésta es la experiencia de 22 jóvenes y adultos que concurrían a los talleres de oficios de la escuela Escuela Nº 7-001 “Artes Aplicadas”, que funcionaban en el turno vespertino y el año pasado, la DGE decidió cerrarlos.
Contra todos los motivos y argumentos que les dan, ellos insisten: quieren su lugar, quieren volver. Es su escuela, su sitio en el mundo.
Te puede interesar: Defensor del discapacitado: los radicales buscan los votos para repetir la elección
Se ven por un ratito, convocados por Diario UNO para que cuenten lo que les pasa y se abrazan. Se extrañan. Esperan que ésta sea sólo una mala idea y tener su espacio otra vez. Éstas son sus historias.
Argumentos
Los motivos por los cuales el gobierno escolar tomó la determinación de cerrar los talleres, se explican desde cierta lógica.
Uno de los argumentos para sostener el cierre es que la capacitación fue pensada para que se instrumentara por un año luego de que los alumnos egresaban del post - primario, y algunos de los asistentes ya llevaban 28 años concurriendo a ese espacio.
Es cierto que se creó casi 30 años atrás y con la intención de ser una bolsa de trabajo. Pero pasó a ocupar un lugar inexistente para la gente con discapacidad: un lugar donde realizar una transición a la vida adulta, donde desarrollar habilidades sociales y poder integrarse en la comunidad.
Otro motivo para cerrar apuntaba a la edad de las personas que asistían: desde los 21 a los 57 años. "Es una vulneración de derechos en cuanto a su rol de adultos" reza la nota de la DGE en donde se explica el cierre de los talleres de capacitación.
Realidades
Sin embargo, éstas son teorías, muchas veces injustas e inaplicables.
La realidad es otra. La realidad es que Olga, que está por cumplir 54 años, perdió a su mamá, que era quien la acompañaba. Que trata de moverse sola "y aunque parezco viva, a veces me pierdo, pero a la escuela había aprendido a irme en micro".
La realidad es que Cecilia, que ya tiene 38 años, tiene grandes dificultades para hablar y le falta una mano. De ninguna manera podría, como alguien le sugirió sin adentrarse en su problemática, aprender el oficio textil. Pero sí podía cocinar, y lo hacía muy bien.
La realidad es que a Diana, que tiene 55 años, le gusta pintar y en eso pasaba sus tardes en la escuela. "Me dijeron que lo que yo había aprendido no servía para nada", manifestó sorprendida, porque a ella, sus propios cuadros le gustaban mucho.
La realidad es que Micaela (23), que tiene un retraso madurativo, padeció dos ACV que le dejaron una discapacidad permanente en su pierna. "La escuela me gustaba mucho, me encantaba cocinar", sostuvo.
La realidad es que Federico (36), que entraba a las 6 de la tarde a la escuela, siempre se quería ir una hora antes, para hacer "la previa", en la vereda. La previa consistía en comprar chizitos y una gaseosa y sentarse a conversar con sus amigos.
Junto a las jóvenes que asistieron a la convocatoria de este medio, se encontraban sus familias y las ex docentes que defienden con uñas y dientes este espacio integrador.
La versión de las familias
Las familias de las personas que asistían al turno vespertino de la 7-001, manifiestan que en primer lugar, no fueron correctamente informadas de que la escuela iba a cerrar, durante el último ciclo en el que funcionaron los talleres - 2018-.




