La TV de Mendoza tiene un espacio donde el televidente puede contactarse con dos temas distintos, pero que tienen un punto en común: la comida. El programa de Canal Siete Chef sin fronteras. Nómade puede ser un programa donde se puede aprender a cocinar sabrosos platos, en grandes cantidades, pero el envío semanal que se emite los sábados al mediodía, va más allá, y es que debido al espíritu de su creador y conductor, Javier Sosa, tiene el más noble fin solidario: ayudar con la más noble solidaridad a los necesitados que sufren el peor flagelo: el hambre.

Javier fue entrevistado en el programa veraniego de la mañana de Radio Nihuil El Ventilador, y allí Pablo Pérez Delgado y Marcela Furlano fueron "pelando" como una fruta al gastrónomo, para mostrar su verdadera cara, la del joven que sufrió y la vida golpeó, para hacer que su esencia, al contrario de lo que se supone, no tuviera la amargura del resentimiento, y fuera sabrosa y alimenticia. Eso lo saben miles de niños y adultos que se alimentan en los comedores solidarios que lo vieron cocinar manjares impensados para ellos, a cambio de saber que había hecho lo correcto: ayudar al que sufre.

Te puede interesar...

Javier

La pasión por saciar el hambre del que necesita

Sobre sus comienzos en la movida gastronómica solidaria, Javier, quien incursionó también en la locución, dijo: "Hace muchos años me metí a la carrera de chef internacional, y una vez recibido puse un comedor a 50 metros de mi casa. Saqué todas las ollas, las cocinas y las pailas, y me puse a cocinar para la gente de Colonia Segovia, donde llegué a cocinar hasta 3.500 viandas por jornada en la plaza".

Luego agregó: "Pasó un año o año y medio de esto en la zona de mi barrio, vi la situación de los refugiados y exiliados de Venezuela, y para un tener un mundo mejor, que puedan comer, tener un remedio, o lo necesario para poder vivir mejor, y me fui a Colombia a hacer lo mismo. Allí estuve en la selva colombiana, en Cúcuta cocinando para esta gente. Después me fui a Tacna, Perú, a armar un comedor, una cocina de campaña, para unas 3.000 personas que vivían en carpa, venezolanos en situación de vulnerabilidad total. También estuve en Arica, Chile", recordó Sosa, quien así explicó lo de "nómade" en el título de su programa.

"El último viaje que hice fue para esta época, el año pasado, cuando se incendió Valparaíso, también armando una cocina de campaña, para ayudar a la gente que había perdido todo ahí en Chile", completó.

Vendiendo "hasta el alma" para ayudar

La incógnita sobre estas acciones humanitarias surgen espontáneas, y al ser consultado Javier sobre cómo obtuvo los fondos para realizarlas, respondió: “Para el viaje a Colombia no tenía la plata, así que vendí una camioneta que tenía, un amigo, Pablo Braconi, que trabajó en el Grupo América, necesitaba la camioneta que yo tenía, entonces me fui a la oficina de él, y le dije que quería ir a Colombia, “¡Qué lindo, te vas a pasear!”, me dijo, y le expliqué que quería ir a hacer ayuda humanitaria y no tenía plata para ir. Le ofrecí que me sacara el pasaje con su tarjeta y yo le dejaba la camioneta. Me preguntó tres veces si estaba seguro de lo que hacía, le dije que sí, así que me sacó el pasaje", relató Sosa.

"Fue la primera vez que salí del país, y en avión, lo cual fue un susto y una aventura verdadera. Con la plata de la camioneta viajé, me quedaron unos pesitos, a otros amigos les vendí unos trabajos de gráfica que había hecho. De esta forma pude hacer esta misión humanitaria", recordó el chef.

"Mayoritariamente estas acciones las hago vendiendo cosas que tengo. Me pasó ahora, con la pandemia. No trabajo hace 11 meses, así que cuando visualicé este programa llamado Chef sin Fronteras. Nómade, terminé vendiendo un lote, porque la única camioneta que tengo, una Ford F-100, por unas cargas que le hice para el Día del Niño, cuando entregué 250.000 alfajores, 10 pallets de jugo, para que muchos chicos tuvieran algo para festejar, rompí el motor. Le saltó un bielazo (rotura de una biela del motor). Así que vendiendo el lote arreglé la camioneta y con eso he podido mantener el programa hasta ahora, felizmente y gracias a Dios, con mucha alegría", completó.

“Aposté a visibilizar estos para generar una cadena de ayuda. La gente me ha donado ropa, zapatillas, y se ha sumado con lo que ha podido. Estamos todos en la misma situación” “Aposté a visibilizar estos para generar una cadena de ayuda. La gente me ha donado ropa, zapatillas, y se ha sumado con lo que ha podido. Estamos todos en la misma situación”

Un programa con espíritu de ayudar

Respecto al programa que se emite los sábados, de 13 a 13.30 por El Siete, Javier cuenta: "En seis meses de programa el año pasado he cumplido una meta, la de brindar más de 50.000 platos de comida; nutritivos, ricos, de cocina bien elaborada. Una locura hermosa. En el programa del sábado 9 de enero hice un arroz primavera, asopado, con un fondo de caldo hecho con hueso de pecho de 16 horas de cocción a fuego de leña y con el que se alimentó en El Algarrobal a 3.400 personas. Una receta que se hace en una sartén o una ollita, imagínatela de 1.000kg. He trabajado solo hasta hace un mes, estoy acostumbrado, por la experiencia de las fronteras. Puedo cocinar 1.000 o 2.000kg de comida por tanda", explicó.

"Los comedores tiene cada vez más gente. Una vez cociné con las chicas que encabezan un comedor, me ayudaron y charlamos al aire, y me contó que era la primera vez en tres años que iban a comer carne los chicos", recordó con una mezcla dual de dolor y satisfacción.

La pandemia

Cuando se lo consultó sobre la pandemia, lo que lo obligó a redoblar esfuerzos con su impronta de apoyo a los carenciados, Javier destacó: "Naturalmente con la pandemia hay necesidad en todo el mundo, pero se nos agravó a todos el tema del trabajo. Quienes somos independientes y asumimos esta aventura de decir yo puedo o yo quiero, nos vimos imposibilitados de salir a trabajar".

"En mi caso, lo gastronómico: yo tengo una cocina a domicilio. Llego temprano a los cumpleaños o casamientos, por ejemplo, y me dispongo a cocinar, desde la entrada al plato principal y el postre, ahí a la vista de todos, y naturalmente los eventos se murieron. Uno trata de reinventarse, pero se levantó la cuarentena y no he tenido eventos para poder trabajar. Así que le estoy apostando fuerte al programa, donde tengo una cartera linda de gente que me acompaña. Además, sigo cocinando para la gente necesite, tenga el programa o no", explicó sobre la difícil situación.

Sin embargo, Javier supo hallar una nota positiva en el flagelo mundial que llegó de la mano del Covid-19. "Esta pandemia tiene algo muy bueno, y es que nos igualó a todos con el que tiene que elegir si pagar el plato de comida, el remedio o el impuesto. El tema es que reaccionemos como sociedad. Esto que yo hago de forma solidaria no tiene nada que ver con la política, odio las grietas, donde las personas critican y no empatizan. Nos está faltando empatizar con la gente", reflexionó.

Finalmente, Sosa supo compartir sobre el nacimiento de esa necesidad de llenar estómagos vacíos, además de deleitar en paladar. “En un restaurante céntrico, hace mucho, yo tenía 17 años, mi papá tenía cáncer, estaba a punto de morir, fui a pedir trabajo a cambio de la comida que quedara. Sé lo que es pasar hambre, sufrí todo tipo de necesidad. Fue un año y medio de mucha necesidad, pero lo viví con mucha alegría, ya que conocí a gente muy buena, como aquel señor gordito del restaurante, que me recibió con brazos abiertos y me enseñó tanto", dijo el conductor del programa solidario de la TV mendocina, que agregó: "Recuerdo la cara de mi madre cuando recibíamos la Caja PAN (Plan Alimentario Nacional), y sacaba el aceite, el café, la leche, recuerdo su alegría. Entonces me hice una promesa, dije que, si alguna vez estoy bien, quiero poder ayudar a la gente y devolver esto que me está pasando. Lo que hago es puro agradecimiento a Dios por la salud de mis hijos, la de esa mujer que me acompañó siempre", concluyó Javier Sosa.