Pandemia

Sobrevivir al coronavirus: "Es doloroso que te miren como a un delincuente"

Ha pasado más de un mes desde que Mariela volvió a su hogar en donde tuvo que hacer un nuevo aislamiento de 21 días más, tras estar internada 22 días, pero salir a la calle todavía le provoca una suerte de temor. Esto se debe a que los mensajes a través de las redes sociales fueron cruentos contra ella y su padre luego de que se supiera que el hombre era un caso sospechoso de coronavirus.

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La mujer, psicóloga de profesión, tuvo un primer acercamiento con la enfermedad a través de su padre. El hombre comenzó con algunos síntomas que, en ese momento, no se correspondían con los propios de coronavirus varios días después de volver de un viaje a Mar del Plata.

Mariela señala que esto causó mucha incertidumbre sobre su contagio ya que el retorno a la provincia de su padre fue el 3 de marzo y el 18 de ese mes, él asistió a una consulta prequirúrgica a la Clínica Francesa, donde luego se confirmaron cuatro casos positivos.

Tras algunas consultas médicas, la madrugada del 1 de abril, los médicos decidieron trasladarlo al hospital Lagomaggiore y realizarle un test para establecer si se trataba de coronavirus pero ese mismo día falleció. Luego de esto, la familia fue informada que su diagnóstico positivo para covid-19.

La primera salida que hizo Mariela luego de transitar la enfermedad y el aislamiento fue justamente para retirar las cenizas de su padre. Luego, primer el fin de semana en el que se permitieron las reuniones familiares en Mendoza, pudo reencontrarse con sus seres queridos. Eran muchos los abrazos y los consuelos que se adeudaban tras todo lo que había ocurrido.

Es que, después de perder a su padre, Mariela y sus hermanos quedaron bajo vigilancia médica y en aislamiento. Cinco días más tarde, ella fue la única que presentó síntomas. "Empecé con un dolor de oídos y garganta, era como una molestia. Perdí el gusto y olfato en su totalidad y, después con dolor en las articulaciones. Ese mismo día me subió la fiebre y decidieron internarme", comienza explicando.

Allí se iniciaba una nueva etapa de su padecimiento, la cual debió transitar en pleno duelo y todavía escuchando relatos de vecinos que la defendían frente a la arremetida de otros continuaban con el acoso. "Me internaron el 7 de abril y me hicieron los estudios. La gente piensa que es fácil pero es horrible. Te meten un hisopo largo por la nariz hasta la garganta. Después me pincharon en la muñeca y es muy doloroso", detalla.

Al día siguiente le notificaron que los resultados habían dado positivo, la noticia la recibió en soledad al igual que todos los pacientes durante esta pandemia. Los días durante su estadía en el hospital se repitieron.

"Uno ya se aprende de memoria el procedimiento. A las 7.30 entran a limpiar y lavan el baño, el piso, hasta las paredes y los picaportes. Después te traen el desayuno y te hacen el primer control. A las 12, más o menos, te traen el almuerzo y te controlan de nuevo, como a las tres horas vienen a limpiar de nuevo. Pasa un tiempo entre que ellos se van y te traen la mediatarde con un nuevo control. Hasta las 20.30 que llega la cena y te vuelven a controlar. A las 22.30 te hacen el último control. Así pasan los días, uno y otro", detalla sobre los 22 días que estuvo internada.

Pero, según asegura, su capacidad de resiliencia le permitió sobrellevar esta situación. "Al principio me sentía muy mal pero cuando empecé a sentirme mejor hacía cosas. Era gracioso, me había conformado una especie de rutina. En la mañana, antes de que llegaran los de limpieza, yo me levantaba, ordenaba la cama y planificaba el día. Ponía los mandalas para pintarlos, al lado el libro y dejaba todo ordenado, como una especie de trabajo", recuerda ahora con humor pero esto fue de enorme ayuda en su momento.

Recuperada tras su periodo de internación y con dos test con resultado negativo, la mujer recibió el alta médica pero, a diferencia de lo que siente la mayoría de las personas sobre la paz y seguridad que su hogar representa, ella temía por su retorno.

"Primero me tuve que reencontrar con todas las cosas de mi papá. Además sentía que en el hospital estaba más protegida pero en casa tenía miedo que la gente viniera y quisieran lastimarme. Honestamente no he salido mucho porque sigo con temor de la reacción de las personas", indica.

Mariela asegura que la reacción de la sociedad se debe a la falta de empatía y comenta que antes de su diagnóstico se encontraba trabajando como voluntaria con un grupo de psicólogos que intentaban contener a la población. "La ironía de la vida hizo que yo tuviese que coordinar el equipo de familiares contagiados de pacientes con covid, resultó que el primer caso que tuve fue el mío, una locura. Había estado leyendo mucho pero la variable del entorno social no la habíamos tenido en cuenta. Desde el hospital me comuniqué con los coordinadores para advertirles sobre esa situación", explica.

Para esta profesional el tema no es menor y la sabe porque lo vivió en carne propia. "Te trataban como si fueras un criminal", asegura aún incrédula de la enorme repercusión que causó su enfermedad entre los vecinos. "Es raro porque hace unos días salí a barrer la vereda y tenía miedo, quería meterme adentro como si estuviese haciendo algo mal", señala sobre las secuelas que dejó lo ocurrido.

Tras recibir amenazas a través de las redes sociales, Mariela decidió cambiar toda su información para que encontrarla no fuese sencillo. Sin embargo, su caso había causado una especie de "grieta" entre sus vecinos que causaba discusiones entre los que defendían a la familia y quienes los acusaban.

"Nunca me imaginé una cosa así. No tomamos dimensión de lo que pueden causar las mentiras. Yo me la ligué de arriba y mi papá también. Encima hicimos todo perfecto, respeté a rajatabla la cuarentena y, cuando me dijeron que mi papá era positivo, ni siquiera salía a sacar la basura, por las dudas o para no infectar a los recolectores", recuerda.

Mariela todavía se muestra incrédula por la reacción de la sociedad pero afirma que sabrá "reconstruirse" y que, a pesar de todo el dolor que le causó esta enfermedad su objetivo es la superación. "De todo esto yo he aprendido para ayudar a otros. Lo uso a mi favor. Me ha permitido entender ahora ciertas cosas para no cometer esos mismos errores. Por ahí tienen que ver con levantar banderas de las que una no tiene certezas, sobre todo en las redes sociales donde es tan fácil acusar. Como profesional me ha ayudado a comprender el miedo de la gente", confiesa.

Como resumen de todo lo pasado, lo sufrido y lo vivido, esta sobreviviente de la última pandemia asegura: "Creo que me ha hecho mejor como persona. Todavía tengo miedo pero no me quedo con ellos. Sé reconocerlos pero no dejo que me paralicen".

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