A las 5.30 de la mañana comienza el día de Celina Lucila Chávez Kozusnik. Todavía es de noche cuando sale de su casa del barrio Santa Ana, de Guaymallén, para tomar el colectivo rumbo al laboratorio donde trabaja como técnica superior en Laboratorio de Análisis Clínicos, carrera de la que se recibió en el Instituto Superior Tomás Godoy Cruz.
Su jornada, sin embargo, recién empieza. Al terminar el trabajo vuelve apenas unas horas a su casa, se cambia de ropa y sale otra vez. Da clases y, cuando termina, se convierte nuevamente en alumna: cursa el Profesorado de Biología. Recién por la noche regresa a su hogar.
Y allí la espera el momento más importante del día. "Lo único que importa es llegar a los brazos de mi hija. Sí, yo a los brazos de mi hija", cuenta.
Tiene 30 años y detrás de esa rutina agotadora hay una decisión que cambió su vida para siempre.
Mientras estaba embarazada tomó la decisión de seguir sola
Mientras estaba embarazada, comprendió que la relación de pareja ya no era el lugar donde quería criar a su bebé. "Sentí que no éramos amadas y decidí irme. Pensé en la felicidad de mi hija y también en la mía", recuerda.
La separación llegó después de 9 años de relación. Pero, en lugar de detenerse, eligió otro camino.
"No tenía tiempo para estar mal porque tenía una beba en mi vientre", dice. Fue entonces cuando encontró en el estudio una forma de volver a empezar.
"La educación pública fue la herramienta que me salvó de caer en una depresión y de abandonarme a mí misma", reflexiona, para agregar que le gusta leer y suele repetir una frase atribuida a Albert Einstein: "Leer abre mentes". Dice que esa idea la acompañó durante los años más difíciles.
Nunca pensó en abandonar. "Recibirme fue un orgullo enorme para mí y para toda mi familia. Jamás fue una opción rendirme".
Hoy su rutina exige organización al extremo. Entre colectivos, extracciones de sangre, clases y apuntes, cada minuto cuenta. Pero asegura que el esfuerzo vale la pena porque también está construyendo un ejemplo para su hija.
El ejemplo de lucha para su hija: estudiar y trabajar
"Me gustaría que piense que soy una mamá que lucha y que le enseñó que lo importante no es lo material, sino amar, contener, comprender y seguir adelante", opina.
Nada de eso hubiera sido posible sin su familia. Cuando habla de su mamá, se emociona. "La llamo la comandante de la tropa del amor", grafica.
Su mamá, su papá y sus hermanos organizaron horarios para cuidar a la pequeña mientras ella estudia o trabaja.
"Creo que hubiera sido casi imposible hacer todo lo que hago sin ellos", advierte.
La escena que mejor resume esos años ocurrió una tarde cualquiera, mientras Celina estudiaba. Su hija tomó uno de los apuntes y empezó a hacer como que leía junto a ella.
"Lloré. Pensé: ¿en qué momento empezó a jugar a leer?". La nena creció entre resaltadores, libros y carpetas.
"Mi hija crece en una casa donde hay amor", dijo Celina
"Mi hija crece en una casa donde hay amor. Eso es lo importante", cierra.
Hoy, con un título bajo el brazo y otro desafío académico por delante, Celina mira hacia atrás sin arrepentimientos.
Si alguien le pregunta qué aprendió de todo este recorrido, responde que los sueños no tienen fecha de vencimiento.
"Una carrera puede durar 3 años y terminarse en 5. Lo importante es no abandonar. Vale el orgullo de decir: lo logré". Y si tuviera que resumir toda su historia en una sola palabra, no duda: "Gratitud".
Porque está convencida de que el esfuerzo personal fue fundamental, pero también de que nadie sale adelante completamente solo. Su historia, dice, es el resultado de la perseverancia, de una hija que le dio fuerzas para seguir y de una familia que nunca la dejó caer.
En pocas palabras
- Celina Chávez a sus 30 años, es técnica de laboratorio, da clases y estudia para ser profesora de Biología.
- Resiliencia: se separó embarazada, se recibió mientras criaba a su hija y ahora amplía su formación académica.
- Inspiración: destaca la educación pública como motor y se enfoca en ser un ejemplo de lucha y amor para su hija.







