Ante esta situación, decidió vender todas sus pertenencias y posesiones, algo que sorprendió a propios y ajenos en la zona. El objetivo de esto fue repartir las ganancias entre los pobres y hacer una peregrinación a Roma para recorrer sus santuarios.
Durante su viaje, una fuerte epidemia mortal se desató en toda la región, por lo que Roque decidió asistir y ayudar a los enfermos, que poca gente se encargaba de ellos por miedo a contagiarse de la enfermedad.
Lo sorprendente de todo esto es que la creencia popular señala que San Roque, como se lo conoce hoy, curaba a los enfermos con un simple gesto: les hacía la señal de la cruz en la frente.
Pero todo tuvo un precio, y lo cierto es que San Roque terminó contagiándose de la enfermedad. Decidió retirarse a las afueras de la ciudad y posicionarse en un bosque para morir solo, pero allí apareció un perro.
Durante varios días este animal le llevó alimento a San Roque, para que no muriera. Al ver que su mascota le robaba pan de la cocina, su dueño panadero decidió seguirlo y ver a quién se lo llevaba. Al ver al santo moribundo, el panadero se lo llevó a su casa, donde cuidó de él hasta que se recuperó.
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Se cree que San Roque murió en prisión, confundido por un espía
Finalmente, San Roque no solo volvió a atender a los enfermos, sino también a los animales, en un gesto para con este perro que lo salvó. Por todo esto, es considerado como el santo de los perros y enfermos, y de ahí la famosa oración.
Oración a San Roque
A quien el Todopoderoso concedió la gracia especial de librar de la peste a los pueblos afligidos con tan espantoso azote; cuya virtud fue objeto de admiración en la misma Roma, a donde fuisteis cuando estaba tocada de aquel mal, empleando vuestro valimiento con el Señor para que de él la librase, como así lo hizo; presentad nuestras súplicas al trono del Altísimo, interesándoos por nosotros, para que por vuestros méritos e intercesión nos preserve el señor de semejante calamidad, y seamos libertados así de ella como de todo lo que pueda turbar nuestra tranquilidad, y sernos de obstáculo a la salvación. Amén.
Amado San Roque, con tu poder sanador, te pido que cures mi cuerpo, mi mente y mi alma, devolviéndome la paz y el amor necesarios para seguir con mis días.