ver más
El viaje soñado

De San Martín a Alaska, la gran aventura en moto de Noé

Editado por Raúl Adriazola
adriazola.raul@diariouno.com.ar
 Embed      

Al amor apasionado por los fierros se sumó a una necesidad casi física de aventura, de viajar, y a una edad justa, donde se combina la juventud con la madurez, y cuajó la idea de viajar, lejos, hasta Alaska, uniendo su San Martín natal con el extremo norte de América. Y así partió el 13 de junio del 2019 Noé Fabricio Maschi en su moto, bautizada Perlita por una amiga debido a su color blanco, rumbo norte, a devorar kilómetros y a llenar su bagaje con historias; con la vida que eligió. Se llama Noé, y su arca es una Yamaha 125cc ya plena de anécdotas y vivencias, para encontrarle sentido al paso por este mundo. Ya está en Guatemala, en pausa por el coronavirus, pero la estrella del Norte lo llama, lo invita a seguir. Su aventura tiene nombre: "Viajando a mi manera", y así lo honra.

Te puede interesar: ANSES | Bono 10000: nueva chance para los rechazados del Ingreso Familiar de Emergencia

 Embed      

El porqué de este loco viaje

"Este viaje se me ocurrió porque me gustan mucho las motos, me gusta la naturaleza y quería saber cómo es la vida de un viajero, como uno puede sobrevivir saliendo más allá de su zona de confort, dejar su casa, su trabajo, para aprender lo que es esta cultura del viaje, donde somos muchos en esto. La única manera de saberlo era haciéndolo, así que tomé las decisiones necesarias, renunciar a mi trabajo, que fue difícil por la buena relación que tenía en la empresa, pero acá ahora están los resultados. Me fue muy bien y he aprendido muchísimo", contó el sanmartiniano de 29 años, futbolero e hincha de River sobre el porqué de su viaje tan arriesgado y de puro sacrificio.

"Sabía que un viaje de esta magnitud me iba a llevar mucho tiempo, así que, en unas vacaciones de un mes, algo que lograría dentro de cinco o seis años, no me alcanzarías, y estaría con la presión de tener que volver en cierto tiempo y uno no disfruta del viaje, sale con tensiones, y se desconcentra totalmente, sale a las apuradas y puede haber accidentes", agrega sobre la motivación que cambió su vida.

"Lo que quise en realidad hacer fue ser dueño de mi tiempo. Esa fue la idea principal, poder decidir qué hacer con mi tiempo, cómo administrarlo para que a mí me haga bien" "Lo que quise en realidad hacer fue ser dueño de mi tiempo. Esa fue la idea principal, poder decidir qué hacer con mi tiempo, cómo administrarlo para que a mí me haga bien"

Noé Fabricio Maschi 

"Siempre me gustaron los fierros. Mucho tiempo fui metalúrgico y se defenderme en la calle con ese oficio. En este viaje me ha ayudado muchísimo y he podido sustentarme con este trabajo. Incluso hasta he comprado herramientas y algunas maquinitas para hacer trabajos o arreglar mi moto", cuenta el mendocino viajero.

 Embed      

Su nave y compañera de viaje

Respecto a la elección del su compañera de viaje, la moto, Maschi expolicó: "Elegí una moto 125cc por el capital que me quería llevar. Si subía de modelo o cilindrada, se me iba encareciendo. Luego saqué unas cuentas sobre cuál podría ser el consumo de combustible, y la 125cc en Yamaha era lo mejor. Me puede llevar a una velocidad de unos 80km/h, que es suficiente para disfrutar un viaje y ver bien el paisaje. Además, es una moto que conozco bastante, sé desarmarla y arreglarla", detalló orgulloso de la practicidad de su Perlita.

Para cerrar el tema mecánico, Noé declaró: "Es una moto cómoda, chica, ágil y con un motor fiel que no se rompe. Está en toda América, sus repuestos son económicos en comparación a otra moto para este tipo de travesías".

 Embed      

Viaje si un rumbo fijo

"Con respecto al itinerario tuve algunos regaños por parte de mi papá, ya que inicialmente mi meta era llegar a Florianopolis, y de ahí ver si me gustaba la experiencia y cómo iba seguir. En Brasil me animé a más, llegué a Arraial do Cabo, el extremo norte de San Pablo, y de ahí decidí pegar la vuelta hasta San Pablo, y continuar mi travesía por Bolivia, norte de Chile, luego la odisea de Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras, y ahora Guatemala", enumeró el viajero.

"Bolivia no se difunde mucho por las redes sociales, sino sería el lugar más visitado de América, por sus bellísimos paisajes. Pero allí casi termina mi periplo, porque viví una situación muy complicada con una nevada que me agarró y casi quedo ahí...” "Bolivia no se difunde mucho por las redes sociales, sino sería el lugar más visitado de América, por sus bellísimos paisajes. Pero allí casi termina mi periplo, porque viví una situación muy complicada con una nevada que me agarró y casi quedo ahí...”

Noé Fabricio Maschi

 Embed      

Bagaje de historias y vivencias

"En casa que voy o paro, siempre hay una historia para contar, eso es lo lindo de esto, llevo casi un año y me cruce con mil historias. Hubo una muy fuerte que me contó un amigo cubano, y lo más fuerte que viví fue con los refugiados venezolanos, huyendo de su país para ir a trabajar a Perú, Ecuador o Colombia y poder mandarle dinero a sus familias. Fue terrible, contó el ex empleado de una tienda de productos eléctricos en San Martín.

Respecto al triste encuentro con emigrantes venezolanos, Maschi continuó: "Tuve que cargar mucha agua en la moto para poder ir dándoles en el camino, ya que la gente caminaba cientos de kilómetros por desiertos, y no tenían ningún tipo de ayuda. Les daba lo poco que puedo cargar en la moto, botellas de agua y algunas galletas. En la frontera con Ecuador, hacía mucho frío, y con mi cocinita de camping les pude hacer café o sopa caliente a unas señoras mayores. He visto familia con bebés viviendo debajo del un pedazo de nylon", recordó emocionado.

"Donde he ido se nota mucho la pobreza en las calles. Pero en general la gente ha sido muy buena conmigo. Un venezolano en Cartagena (Colombia) me dio una habitación para vivir con él y su familia; era todo lo que tenía y dormíamos todos juntos. Me ha recibido en un ranchito o en una casa con pileta, pero el que menos tiene siempre es el que más da". detalló el joven.

Sobre su pasíon por la mecánica, Noé contó una anécdota de sus inicios en el mundo laboral. "Con mi primer sueldo pude empezara apagar y comprar un Chevrolet 400, Estuve cuatro años trabajando en mi sueño de tener un auto clásico restaurado. Cuando lo terminé, en la primera salida me chocó un (Peugeot) 206, que estampó mi coche contra un árbol, y me fracturé la mandíbula en tres. A la semana comencé a restaurarlo de nuevo y lo logré a los dos años. Ese fue un escalón grande en mis metas, no quería quedarme con las dudas y las ganas, y la otra era el viaje en moto", así explica su pasión y deja entrever su tesón cuando se propone una meta Noé, que cada instante sueña con los bosques de Alaska.

MÁS LEÍDAS

Temas relacionados