Jardinería

Respira profundo para conocer el truco y cultivar lavanda en maceta

Cultivar lavanda en maceta es una excelente opción para quienes no disponen de un jardín amplio pero desean disfrutar de esta maravillosa planta en casa

La jardinería es una actividad que brinda múltiples beneficios, desde el embellecimiento de espacios hasta la mejora del bienestar personal. Una de las plantas más apreciadas en el jardín es la lavanda, conocida por su característico color púrpura y su fragancia relajante.

La lavanda es un tipo de arbusto del género Lavandula, formado por más de 60 especies diferentes. Aunque es más común encontrarla en tonos púrpura, también existen variedades en blanco, azul y rosa. Esta planta perenne de la familia de las lamiáceas no solo es visualmente atractiva, sino que también posee múltiples propiedades medicinales, siendo utilizada para tratar la ansiedad, migrañas, insomnio y otras afecciones.

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Truco para cultivar lavanda en maceta

Elección de la maceta:

  • La lavanda necesita espacio para expandir sus raíces, por lo que es esencial elegir una maceta grande, preferiblemente de unos 30 o 40 centímetros de diámetro.
  • Las macetas de cerámica o terracota sin pintar ni esmaltar son ideales porque su porosidad permite que el agua sobrante se evapore fácilmente, beneficiando la salud de las raíces.
  • Asegúrate de que la maceta tenga agujeros en la parte inferior para un drenaje adecuado. Coloca una capa de grava en el fondo antes de agregar el sustrato para mejorar aún más el drenaje.

Sustrato:

  • Utiliza un sustrato ligeramente alcalino y bien drenado. Una mezcla de tierra para macetas y arena será perfecta para la lavanda, ya que imita sus condiciones naturales y evita el encharcamiento de las raíces.

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Luz y clima:

  • La lavanda necesita recibir sol directo al menos seis horas al día. Aunque puede crecer en interiores, es más complicado encontrar una ubicación que reciba suficiente luz solar, por lo que se recomienda colocarla en exteriores siempre que sea posible.
  • La lavanda tolera bien las bajas temperaturas, por lo que puede sobrevivir a las heladas sin problemas.

Riego:

  • Riega la lavanda una vez cada dos semanas durante los meses fríos y una vez por semana en los meses cálidos. Evita el exceso de humedad, ya que puede dañar las raíces.

Abono:

  • No abones en exceso la lavanda. Si es necesario, utiliza un abono con baja concentración de nitrógeno para no alterar el equilibrio del suelo. Un exceso de abono puede favorecer el crecimiento de hojas en detrimento de las flores.

Poda:

  • Poda la lavanda de forma limitada a principios de primavera y en otoño, manteniendo la forma del arbusto. Elimina las flores marchitas para favorecer la renovación floral y el crecimiento saludable de la planta.

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