“La decisión de Guaymallén es institucional. Guaymallén no va a elegir nunca más reina de la Vendimia. Se acabaron los concursos de belleza”. Así de tajante y remarcando las palabras se pronunció el intendente Marcelino Iglesias esta semana por Radio Nihuil.
Reina de la Vendimia: el debate entre seguir la tradición patriarcal o eliminar el concurso de belleza
En 2021 esa comuna sancionó una ordenanza que eliminó la elección de las reinas de la vendimia. Pese a los pataleos, un grupo de ex reinas y hacedores de la cultura con el apoyo del Municipio de Maipú, terminaron haciendo una fiesta paralela donde se eligió a la joven Julieta Lonigro como reina de Guaymallén.
Sin embargo, esta figura institucionalmente no está reconocida por el departamento. Será la Suprema Corte de Justicia la que definirá sobre los dos planteos presentados por ex reinas nacionales y departamentales sobre la elección de candidatas en los actos vendimiales.
El pionero de la polémica y el problema de los otros 17
Marcelino Iglesias ya adelantó que no votará por ninguna reina, como todos los intendentes, en el Acto Central del Teatro Griego Frank Romero Day.
“Este año aparentemente el problema es nuestro. El año que viene será de los otros 17 departamentos, porque en off, muchísimos intendentes me dicen 'te felicito por haber sido el pionero y dar el primer paso' esto es irreversible” afirmó el jefe comunal.
Y parece que algo de razón tiene. Diego Gareca, director de Cultura e Industrias Creativas de la Municipalidad de Godoy Cruz, admitió por Canal 7 que la continuidad o no de la elección de la reina es un tema que ya se lo están planteando en esa comuna.
“Marcelino se adelantó a los tiempos de una discusión que vamos a tener que dar en Mendoza. Lo digo porque en algún momento con la responsabilidad institucional que tenía anteriormente (fue secretario de Cultura de la provincia en el gobierno de Alfredo Cornejo), muchos colectivos de mujeres me plantearon por qué seguíamos eligiendo reinas y la formas en que se hacen. Guaymallén dio un puntapié inicial”
74 fiestas populares eliminaron o reemplazaron la eleccion de la reina
Desde 2013 se impulsa la campaña Ciudades sin Reinas. Es que en 2012, con la sanción de la ley 26.485 (de protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres) comenzó a sentirse con fuerza el reclamo de movimientos feministas para que el Estado deje de avalar estos concursos de belleza en los que advierten se incurre en violencia simbólica contra las mujeres.
Actualmente se celebran más de 200 fiestas nacionales y más de 300 regionales. En 74 de estas celebraciones, que culminaban con la consagración “de la más linda” pasaron a tener embajadoras, la más solidaria, o directamente ninguna figura.
Las pioneras en sembrar esta idea fueron las integrantes de la organización Acciones Feministas de Bahía Blanca. Verónica Bajo, del colectivo dijo a Télam que tras la sanción de la Ley 26.485, que encuadra a la violencia simbólica como un tipo de agresión contra la mujer, “era una contradicción que el Estado convocara a cosificar y elegir como si fuese un adorno una mujer en una fiesta popular, bajo patrones claramente sexistas”.
Por su parte, Perla Prigoshin, directora de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (Consavig), dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación, expresó a Clarín que “la violencia simbólica está en el germen de todas las violencias. A través de ciertos criterios de selección, se envía un mensaje a todas las mujeres, estableciendo una serie de mandatos relacionados con la juventud, etnia, peso y estándares físico, inalcanzables para muchas”.
Se sabe que estas fiestas motorizan el turismo, las economías de la región y los productos que son motivo de celebración. Para algunos las fiestas y sus reinas son parte fundamental de las identidades locales. Para otros, los concursos de belleza solo buscan la cosificación de las mujeres.
Cosificación sin sentirse como tal
En sentido, la especialista Rosana Rodríguez, doctora en investigaciones feministas y docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo explicó a Diario UNO “que se cosifique a las mujeres no significa que estas sean cosificadas o se sientan cosificadas. Es polémico discutir y decidir sobre una práctica tradicional popular sin sus principales involucradas/es y afectadas/es. La elección de reinas en Vendimia no deja de ser un concurso de belleza que reproduce patrones y estereotipos sexogenéricos para cumplir con un canon de estética dominante, que se manifiesta al resaltar las características físicas de las /les participantes: color de ojos, de cabello, e incluso estatura. Además de promover una relación competitiva entre mujeres, transmite valores que acentúan su subordinación y refuerza la violencia de género simbólica. A pesar de los nuevos protocolos para evitar discriminaciones, la participación y selección de las candidatas se sostiene sobre un modelo de belleza occidental dominante que se organiza bajo criterios sexistas, racistas, clasistas, capacitistas, gerontofóbicos y gordofóbicos”.
¿La Reina es patrimonio cultural de Mendoza?
Como si no faltaran voces disonantes a la polémica decisión de Guaymallén en la semana que pasó, el PRO (partido que integra Juntos por el Cambio, mismo espacio político de Marcelino Iglesias) hizo pública una carta que le envió al intendente para pedirle que reconozca a la reina rebelde Julieta Lonigro, como representante del departamento.
Gustavo Cairo, diputado provincial del Pro y uno de los firmantes del documento, dijo a Nihuil que disiente con la argumentación de la ordenanza 9.196 que dejó sin efecto la elección de la reina.
“Creo que tenemos que defender la tradición. La elección de la Reina es desde sus comienzos parte de los festejos, parte sustancial de la fiesta. Consideramos que de ninguna manera se cosifica a la mujer, al contrario, se le da un rol protagónico” argumentó el legislador. Y adelantó que pedirán audiencia con el gobernador para exponer las inquietudes de su partido.
Además, el legislador dijo que hay cuestiones legales planteadas en la ley 6.973 que dice que “la Vendimia en todas sus manifestaciones, inclusive la elección de la Reina, es patrimonio cultural de la provincia”. Sin embargo, el texto de la ley que data del 2002 sólo dice Declaración Patrimonio Cultural de la Provincia de Mendoza de la Fiesta de la Vendimia, barriales, distritales, departamentales, Bendición de los Frutos, Carrusell, Vía Blanca de las reinas y Acto Central.
Vilma Vega, escritora y guionista de tres Vendimias Nacionales y de 61 fiestas departamentales y actos de Bendición de los Frutos, recordó que la Unesco incluyó a la Vendimia entre las 6 fiestas populares más importantes del mundo. Y cuando se le otorgó a la fiesta la calificación de género único en el mundo (obra épica con coreografía y música original de Mendoza en agosto de 2004) se tuvo en cuenta un cuadro especial de presentación de la reinas como homenaje a la mujer mendocina.
Vega remarcó además que para la adjudicación de la propuesta artística se contempla este punto como exigencia.
La dramaturga se preguntó si la supresión de las reinas no afectará la celebración vendimial en su conjunto. “¿Cómo se justificará la Vía Blanca de las Reinas y el Carrusel que nacieron para acercar el pueblo a sus representantes femeninas?”.
La guionista vendimial recordó además que en 2014 se sancionó la ley 8.740 que estipula el nuevo reglamento de las reinas “respetando los derechos, garantías y libertades a favor de la mujer”. Sin embargo, Macarena Ruiz, que 2018 fue reina departamental de Malargüe, debió dejar la corona porque contrajo matrimonio. La propia comuna le pidió la renuncia.
Otras alternativas con miras en la Vendimia 2023
La directora de Género y Diversidad de la Mendoza y ex coordinadora del colectivo feminista Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana), Belén Bobba, dijo a Diario UNO “que si las mendocinas y mendocinos desean seguir eligiendo a alguien que represente el trabajo vendimial se puede pensar que sea sin un género específico, es decir, mayores de 18 años que representen a su departamento”.
Incluso la funcionaria provincial fue más allá y remarcó que “lo que tenemos que tratar de dejar atrás son los estereotipos de género, los concursos de belleza y la violencia simbólica hacia las mujeres. Guaymallén avanzó en una opción interesante como los Cultores del Trabajo pero se puede pensar otras alternativas”.
Debate con final incierto
El debate está abierto. Las propias reinas y ex reinas con mandato cumplido, como se autodenominan, defienden su rol. Nadie las obliga a representar a su distrito y/o departamento. No son víctimas ni se sienten cosificadas. Por el contrario, afirman que son embajadoras culturales de la provincia. A decir verdad, casi nadie sabe qué tipo de tareas cumplen una vez que son elegidas y por el que cobran un sueldo durante todo el año que dura el mandato. Tampoco se sabe en general qué tipo de capacitación tienen.
Recuerdo que hasta no hace mucho, los locutores detallaban a viva voz las características físicas de cada soberana como el color de ojos, estatura, o tipo de tez. Parecía que tener determinadas cualidades las hiciera mejor persona que otra.
En el teatro, más de lo que lo que se conoce a través de los medios, y a la hora de la votación, casi nadie se acuerda qué tan preparada está la joven monarca, por ejemplo en vitivinicultura.
Como explicó Rosana Rodríguez, las reinas “no necesariamente son pasivas, frágiles, débiles, tampoco víctimas. Aun en contextos patriarcales de profunda desigualdad, algunas de ellas quiebran los fuertes límites y prejuicios que se imponen a su figura y logran irrumpir en espacios laborales, culturales, políticos y sociales con reconocimiento y prestigio. Lo importante es generar una profunda discusión sobre el modelo que sostiene este tipo de concursos y el uso político, económico y simbólico-cultural que el Estado realiza. Este debate, que debe alcanzar a las/es principales protagonistas, debe ser impulsado por el movimiento feminista y las organizaciones de mujeres con la idea de desnaturalizar los roles socialmente asignados que se nos imponen y trastocar el sistema de creencias y representaciones sociales patriarcales”.
Los ediles y el Ejecutivo de Guaymallén lograron darse cuenta que estos concursos representan una violencia simbólica, que origina y convalida los otros tipos y modalidades de violencia. Pudieron desalentar la premiación de esas mujeres “excepcionales por sus atributos físicos”, y dejaron de reforzar las dicotomías (del tipo lindo/feo), donde siempre hubo una ganadora y muchas perdedoras.
En este debate es donde deberán sentarse las partes: los gobiernos comunales, las comisiones de reinas, los hacedores culturales y por qué no el pueblo a través de una consulta popular para definir criterios a seguir sin afectar el objetivo central que es festejar la Vendimia de Mendoza.
Pero en ese debate las partes deberán abrir las mentes con la mirada puesta en los tiempos que corren, para que no siga pesando el criterio de la mercantilización de los cuerpos y sostener a todo precio un modelo cultural androcéntrico que convierte a las mujeres en un objeto de consumo ante la mirada patriarcal.




