La alegría y la emoción se entremezclaron con sentimientos de resguardo y una suerte de incomodidad. Es que hacía 63 días que la familia Elizondo no compartía un mismo espacio y, con la pandemia aún activa, la idea de cuidarse y cuidar es difícil de alejar del pensamiento.
Te puede interesar: Falleció su mamá y mantiene a los hermanitos con la venta de productos de limpieza
La noticia fue anunciada a través de las redes sociales por el gobernador Rodolfo Suarez pero el ansiado decreto se hizo esperar y, finalmente, fue publicado el viernes. En el escrito se permitían las reuniones familiares tras dos meses de cuarentena y hay quienes no pudieron esperar para reencontrarse con sus seres queridos.
Hubo llamadas, mensajes y saludos a distancia que antecedieron a este momento, el cual permitió materializar la promesa de ese asado pendiente. "No me había juntado con ellos desde el inicio de la cuarentena y los extrañaba mucho", asegura Marcelo reconfortado luego del encuentro que le permitió estar en contacto con sus padres, su hermana y sus sobrinos.
Antes del almuerzo tomaron de varios mates mientras se ponían al día con las novedades. Marcelo, de 33 años, tiene una discapacidad visual y es su pareja quien suele estar más en contacto con sus suegros para colaborar ante alguna necesidad.
"Renovamos fuerzas para seguir cuidándonos, no creo que esto se repita todos los fines de semana porque hay que continuar siendo consciente de que la pandemia sigue estando. Mis viejos ya son mayores y siempre está el temor de que les pueda pasar algo", comenta.
Señalando la importancia de los cuidados, Marcelo señala la dificultad que implicó respetar la recomendación del distanciamiento social es estas circunstancias. "Cuando llegamos nos lavamos las manos y nos pusimos alcohol en gel pero, la verdad, es que no pude evitar abrazarlos. Fue muy difícil", admite.
Y en esta última confesión seguramente serán muchos los que se identifiquen. Es que el coronavirus hizo realidad lo que varias generaciones, hasta el momento, solo habían leído en libros de historia: pandemia, confinamiento y un temor latente.
Es en este contexto, en el que los abrazos representan un riesgo, cuando más los necesitamos.




