Misterio en la montaña

Recuperaron el brazo de Janet Johnson, muerta en el cerro Aconcagua en 1973

El reloj marca las 14.32. Podría ser también las 2.32 pero es menos probable, si es que se detuvo junto con el corazón. Tic tac. A casi nadie se le ocurre escalar un glaciar en la madrugada y posiblemente tampoco a Janet Mae Johnson, por más que aquella madrugada de noviembre de 1973 haya estado estrellada.

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Podría ser un reloj Rado, pero el vidrio está sucio, brumoso por dentro y a simple vista es imposible saber si se trata de una pieza de esta marca suiza y que hoy, 47 años después de detenerse y si estuviera en buenas condiciones, cotizaría unos 500 euros. Janet adoraba su reloj.

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El reloj está en una muñeca, en un brazo, un brazo izquierdo. Un brazo abrigado. Una camisa leñadora y, después, pulóveres y camperas, una sobre otra, como una cebolla. El cerro Aconcagua es impiadoso a los 5.830 metros, en la base del Glaciar de los Polacos.

Y la mano. Los dedos juntos, como un racimo. Las uñas largas. A los muertos le siguen creciendo las uñas y el cabello durante un tiempo. Un resabio.

El reloj, el brazo, la mano, están envueltos en un nylon naranja, un plástico. Podría suponerse que ese envoltorio no corresponde a la época, que es más moderno. Posiblemente alguien, antes de ahora, lo encontró, no quiso cargar la siniestra de regreso a la base y menos hacer los trámites de denuncia y prefirió envolverlo lo más piadosamente posible y semi enterrarlo allí, en la morena, mezcla de hielo, piedras y barro.

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Y nada más, o casi. También hay un mitón, uno izquierdo. Es igual a otro mitón, uno derecho, que encontró el porteador Fernando Arnaudi unos días antes, junto a una mochila, indumentaria y equipo de montaña, todo etiquetado con un nombre: Janet Johnson.

Todo, desde las uñas al reloj, son de Janet. No parece haber dudas. Si las Justicia las tiene y si 47 años después aún conserva el interés, deberá corroborarlo científicamente. Pero para los montañeses no hay dudas.

El cuerpo de Janet, encontrado el 9 de febrero del '75, dos años después de la muerte en el Glaciar de los Polacos, no tenía el brazo izquierdo. En ese momento, ese dato fue preservado para esquivar el morbo de los curiosos.

Desde allí, donde el hielo se desvanece, hay una vista imponente del Glaciar de los Ingleses. Janet quizás la haya disfrutado. Quizás haya sacado fotos con su cámara.

El hallazgo

El 9 de febrero pasado el joven porteador Marco Calamaro, registrado en el Parque Provincial Aconcagua y que trabaja para la empresa Grajales Expeditions, encontró en la zona conocida como Campo II de Polacos (5.830 msm) y sobre un penitente, una cámara de fotos antigua marca Nikomat. Estaba con el lente partido, con 25 exposiciones realizadas y presumiblemente con su rollo en el interior. La cámara estaba etiquetada con el nombre de Janet Johnson, cuyo cadáver había sido descubierto otro 9 de febrero, pero de 1975, en un área cercana.

Dos días después, el 11 de febrero, el porteador Fernando Arnaudi halló en una zona aledaña retazos de una mochila y de indumentaria y equipo de montaña, todo etiquetado con el nombre de la montañista norteamericana. Prefirió dejar todo en el lugar.

El 23 de febrero, esta vez los porteadores Calamaro y Arnaudi y aprovechando que estaban retirando cuerdas que habían colocado en el glaciar, procedieron a buscar nuevamente la mochila y esta vez hallaron el brazo.

Los restos de mochila y ropa fueron trasladados a Mendoza, la cámara preservada por el fotógrafo de montaña Pablo Betancourt, para evitar que se deteriore y tratar de que especialistas intenten revelar el rollo, y el brazo fue dejado en el lugar para darle intervención a la Patrulla de Rescate, de la Policía.

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Recuperar el brazo

Este jueves 5 de marzo fueron denunciados formalmente los descubrimientos en la Patrulla de Rescate y comenzaron las actuaciones de la Fiscalía. Su titular ordenó que, urgente, se monte un operativo para recuperar el brazo de Janet.

“Este domingo 8 de marzo cierra la temporada en el Parque Aconcagua y baja la Patrulla y todas las compañías. Por eso, al no haber servicio de mulas ni helicóptero a disposición, el operativo iba a resultar más costoso, por eso el fiscal ordenó realizarlo inmediatamente”, dijo Pablo Betancourt, quien fue uno de los denunciantes y además quien tenía detalles de la ubicación del brazo izquierdo.

Invitado a participar del operativo, Betancourt salió a las 4 de la mañana del viernes hacia Horcones. Allí el helicóptero lo llevó a Plaza de Mulas (4.350 msm), donde abordó el oficial principal Gonzalo Fuertes.

De allí el helicóptero los trasladó a Nido de Cóndores (5.560 msm), donde se sumó al equipo el oficial ayudante Joel Gómez. A partir de allí los tres hombres iniciaron la travesía a pie, hacia Campo II Polacos.

Para eso tuvieron que caminar de norte a este, subir a Plaza Cólera (5.970 msm) y después bajar a Campo II Polacos (5.830 msm).

Allí, en un radio quizás no superior a los 300 metros, había sido hallado todo. Allí estaba el brazo, esperando 47 años. El brazo. El siniestro.

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El cuerpo de la docente estadounidense Janet Johnson, de cuya familia solo una hermana la sobrevive, fue encontrado en forma casual en la misma zona el 9 de febrero de 1975 por los andinistas Guillermo Vieiro y Ernesto y Alberto Colombero. Dos años después de la tragedia.

Mucho antes había sido hallado el de la otra víctima fatal de la tragedia, el ingeniero estadounidense de la NASA, John Cooper.
Janet, después de ser peritado su cuerpo, fue enterrado en el cementerio de Puente del Inca.

Las crónicas de la época cuentan que los cadáveres, tanto el de Cooper como el de Janet, tenían algunas particularidades que hacían dudar sobre cómo murieron.

Los ojos abiertos, que descartaban muerte por hipotermia, y una herida en el abdomen en Copper y algunos golpes en la mujer. Sin embargo, jamás se probó nada y la causa se cerró como un accidente en la montaña.

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La expedición

El grupo norteamericano que realizó la trágica expedición estaba compuesto por Carmie Defoe, abogado y jefe de la expedición; Jim Petroske, médico psicólogo; William Eubank, médico; John Shelton, estudiante de geología; Arnold Mc Millen, ganadero; William Zeller, policía experto en rastros dactilares; John Cooper, ingeniero de la NASA y Janet Johnson, maestra, la única mujer del conjunto. El guía fue mendocino Miguel Alfonso, un veterano del Aconcagua.

Llegaron la primera semana de 1973 a Mendoza y se alojaron en el hotel Nutibara y las crónicas de la época cuentan que Janet llamó la atención porque se bañó desnuda en la pileta.

El 17 de enero de 1973 partieron rumbo a la montaña. Pero, a medida que iban ascendiendo, comenzaron las deserciones. Varias fueron por motivos de salud, pero se dijo que otras se produjeron por discusiones internas.

Los únicos que continuaron con el intento de hacer cumbre fueron Zeller, Mc Millen, Cooper y Janet Johnson. Pero todo terminó en tragedia. El guía, que se había separado de ellos para acompañar a uno de los desertores hasta un lugar seguro, cuando regresó a buscarlos se encontró con un cuadro espantoso. Mc Millen y Zeller deliraban, uno estaba ciego y el otro apenas podía ver y, en su relato, decían que Johnson y Cooper habían muerto.

Los cuerpos aparecerían mucho tiempo después. El brazo izquierdo de Janet y su cámara, recién ahora.

Y su reloj, detenido a las 14.32. Tic tac.

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