Muchas cosas se conjugaron positivamente para salvar la vida de un joven puntano de 21 años, con toda su vida por delante, y que en medio de la pandemia se pudo someter a un trasplante de corazón y comenzar a pensar en un futuro "escalón por escalón", como dice el protagonista de esta historia, que tiene ribetes de profunda fé, acompañada por la lucha de una madre y el trabajo profesional de los médicos del Hospital Italiano de Mendoza.

El puntano ya está en plena recuperación y al día siguiente de la intervención quirúrgica ya se sentaba en su cama, y piensa en volver a su casa y estar con sus amigos.

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Muchos supieron del duro momento que pasaba Ramiro Emanuel Romero y su familia, que son oriundos de San Luis capital, debido al desesperado pedido de donantes de sangre de la mamá de Ramiro, Lucía, por la redes sociales, solicitando a los mendocinos esta ayuda. "Nosotros somos de San Luis, y por el tema de la pandemia nuestros parientes y amigos no pueden viajar, pero fue maravilloso cómo se dieron las cosas, y el 26 ya teníamos a los donantes que nos habían pedido. Yo lo atribuyo a un milagro, ya que oré mucho pidiendo la ayuda del beato Carlo Acutis, y luego las cosas comenzaron a abrirse", agradeció Lucía.

Ramiro comenzó con problemas en junio del año pasado, cuando comenzó a sentir ahogo, y debió ser internado con un cuadro de neumonía. "Luego me tuvieron que hacer diálisis, y los estudios arrojaron que me tenían que trasplantar el corazón para salvarme la vida. Fue algo inesperado y duro. Pero luego de unas horas que duró lo de la operación, cambió todo y ya puedo pensar en el futuro, en terminar la secundaria y disfrutar la vida con mis amigos y hacer mi deporte, las Artes Marciales Mixtas (MMA)", explicó el trasplantado, quien padecía de edemas en riñones e hígado, y pasó de pesar 80kg a 140kg.

El pedido de ayuda de una madre

Quien vivió el proceso de otro ángulo, fue su mamá Lucía, que tuvo que luchar denodadamente contra las mil barreras que se presentan para poder concretar la operación, sin la cual Ramiro no viviría. Largas fueron las gestiones para llegar a poder trasplantar a su hijo. "Yo creo que todo fue un milagro. No teníamos respuestas, Ramiro estaba en la lista de espera nacional del Incucai, y encima se declara la pandemia de coronavirus, que complicó todo. Entonces comencé a orar al beato Carlo Acutis, para que ayudara a mi hijo, y de golpe todas las puertas se abrieron. Salió lo de la internación en mendoza (Hospital Italiano), lo del Ministerio (de Salud de San Luis), y nos trasladaron el 19 de octubre", explicó la mamá de Ramiro.

Luego continuó: En tres días se hizo todo lo que en un año no se pudo hacer. Para el 26 (del 10) era el pedido de sangre. La gente de San Luis no podía venir por el cierre de los límites provinciales debido a la pandemia, publiqué en el Facebook pidiendo ayuda, y también le pedí a Carlo Acutis. De golpe pareció una cantidad de gente enorme, que se presentó a donar sangre. El 26 estoy haciendo una oración al beato, escribiendo y rogando, y en ese momento entraron los médicos a decirme que ya tenían un corazón, fue algo increíble", recordó Lucía.

"El 27 a las 7 ya lo estaban operando, y todo salió maravillosamente. Ahora está en recuperación en sala común, el día siguiente a la operación ya estába sentado en su cama. Ahora hace pequeñas caminatas por los pasillos del hospital, y pensar que antes caminaba dos metros y se ahogaba. Los médicos no podían creer que estuviera vivo con el corazón como lo tenía", destacó Lucía, que agregó: "Quiero agradecer a los médicos y personal del hospital y al doctor (Claudio) Burgos; a la gente amiga que nos apoyó y alentó, especialmente al Ministerio de Salud de San Luis, que puso lo mejor a disposición nuestra para que intervinieran a mi hijo. También a la gente de Mendoza que vino a donarle sangre y le manda mensajes de aliento, y también recalcar que la recuperación de Ramiro se debe a un milagro del beato", concluyó la mamá del traspalntado, quien tiene una profunda fe en el joven italiano beatificado hace un mes (10/10) por el papa Francisco, y que falleció en estado de gracias en 2006, de leucemia mieloide aguda, a los 15 años.