María Dueña s, la escritora española del momento. Autora de grandes éxitos como El Tiempo Entre Costuras, que se convirtió en una de las series españolas más vistas en la plataforma de streaming Netflix, ahora presenta "Sira", la segunda parte de la vida de la joven modista que termina convirtiéndose en una avezada espía política.
Quién es, cómo piensa y qué opina María Dueñas, la escritora hispánica del momento
Dueñas fue entrevistada por el periodista Andrés Gabrielli como parte del ciclo de escritores Grupo Planeta - Grupo América, que cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Las Heras.
En una charla sin desperdicios en la que relató cómo va creando sus personajes, dando puntadas entre la ficción y la realidad, y cómo transita el éxito, desde la primera edición de El Tiempo Entre Costuras, que tuvo una pequeña tirada de 3.500 ejemplares, hasta la explosión editorial que vive en la actualidad.
La entrevista
- ¡Hola María, qué gusto! ¿Qué tal?
- Muy bien, encantada de esta conexión transoceánica un poco complicada, pero al final seguro que fructífera.
- Transoceánica ¿hacia dónde? Porque sos una trotamundos, ¿estás en España, estás en Marruecos? ¿En qué lugar?
- Sí, ahora estoy en España. Llegué el sábado de Marruecos. Hemos estado unos días en Tánger, con un grupo de periodistas, con un grupo de amigos, haciendo distintas actividades que todas tenían que ver con los pasos de De Sira en Tánger y con la nueva novela.
-Sí, te hevisto en lugares hermosos, en locaciones que han sido de El tiempo entre costuras y de Sira también, ¿no?
-Sí, en efecto, muchas de ellas aparecen también en El Tiempo Entre Costuras. Estuvieron también en la serie de Antena 3 y ahora se repiten en Sira. Es un Tánger un poquito distinto, al de los años 30 de El tiempo entre costuras y el de los años 40 de Sira. Pero bueno, lo que queda es lo que hemos intentado seguir en estos pasos.
-Tanto en El Tiempo Entre Costuras como en Sira, se explica mucho por tu amor por Tánger, por Marruecos y toda esa zona Tetuán. Explícame de dónde viene esa pasión incontrolable que tenés por esa zona del planeta, María.
-Bueno, tiene que ver con vínculos familiares, que finalmente es lo que nos mueve. Mi madre nació en Marruecos porque aquella zona del norte de África, una parte de lo que hoy es Marruecos, exactamente la franja norte que da al Mediterráneo y asoma un poquito al Atlántico, fue en las primeras décadas del siglo XX, lo que se llamó el Protectorado de España en Marruecos. Era una situación administrativa de tipo colonial, como era tan común en gran parte del mundo con respecto a los países europeos, apoderándose a veces sin que nadie los llamara y a veces haciendo cosas estupendas y a veces haciendo cosas bastante menos estupendas. Bueno, ahí estuvo España con presencia hasta el año 1956, cuando Marruecos obtuvo su independencia. Entonces mi abuelo Manuel Vinuesa, que era funcionario de Obras Públicas, pues fue un empleado del Estado español destinado en Marruecos y allí nacieron sus cinco hijos. Y mi madre fue la quinta de aquella familia, la benjamina, la pequeña. Nació en Tetuán en 1940. Se quedaron hasta 1957 después de la independencia. Ahí se vinieron nuevamente a España.
Fue como parte de mi vida sin conocerlo. Yo había ido alguna vez, pero como visitante, como turista, de más joven. Pero fue a raíz de la novela cuando empecé a arañar, digamos, en el trasfondo de todo lo que pasó. Y así fue como primero por parte de mi familia, después a causa de las novelas, pues tengo ya este vínculo, que no hay manera de romperlo, nunca.
-Nostalgia familiar por Marruecos. Pero esa nostalgia tú la trasladas a Las Hijas del Capitán, tu anterior novela, que trata de los españoles en Estados Unidos, no solo de la protagonista de la novela, sino de la comunidad española en ese país.
-También me interesa mucho. Yo tengo un vínculo muy afectuoso, profesional, personal, de todas las dimensiones con Estados Unidos. Siendo muy joven, me trasladé allí unos años, estuve enseñando en la universidad, estuve haciendo estudios de posgrado. Me interesó muchísimo desde siempre, tanto la esencia del país en sí mismo como la de las diferentes oleadas de inmigración que le han ido dando forma y personalidad al país y me interesaba mucho la historia de los españoles en Estados Unidos, en Nueva York en concreto, que es donde yo sitúo la novela. Claro que en el resto del país también, pero prefiero situarlo allí. Y además es un aspecto de la emigración española que en España es muy desconocida, porque todos tenemos un tío, un familiar, un tatarabuelo, quien sea, que se fue a vivir a la Argentina, que emigró a Cuba, que llegó a México, pero de Estados Unidos se sabe poco. Y también quizá no fueron tantos como los gallegos que os llegaron a vosotros. Pero también hubo algunos que dieron el salto a Estados Unidos. Era más complicado porque desconocían la lengua, no tenían esa esa afinidad histórica que nos une con América Latina, pero aún así, pues muchos decidieron dar ese salto. En España eran muy desconocidos, pero encontré a unos locos, fanáticos, investigadores y apasionados por esta aventura que me ayudaron a rescatar los pasos de aquella colonia. Y eso es lo que yo refleje en Las hijas del Capitán.
- Pero, además, saco a colación La Templanza porque ha sido tu última serie en la televisión. También van pasando, van todos viajando de España a México, de México a Cuba, también van saltando a través de los mares tus personajes, ¿no María?
-Sí, también. También me interesaba mucho esa historia. Fíjate que en principio de lo que yo quería hablar en La Templanza era de del vino de Jerez y de su tierra, de su tiempo de esplendor. En el siglo XIX, cuando se construyen las grandes bodegas, las grandes firmas, las del comercio tan fluido con el mundo entero y sobre todo con Gran Bretaña. Cuando llegan los ingleses a Jerez y empiezan a hacer su propio vino también y entran a formar parte del tejido de la ciudad. Yo quería centrarme ahí, pero cuando empecé a investigar sobre aquel mundo del que yo conocía algo, pero al indagar más me encontré con historias sorprendentes, como que algunas de las grandes bodegas de aquel tiempo fueron levantadas gracias a lo que llamaban entonces “capitales de retorno”, que era el dinero que aquí en España conocemos como de los indianos. Los indianos eran los españoles que hacían dinero en América y luego volvían a invertirlo en nuevos negocios y aquello fue muy común en la mitad del XIX. Por eso decidí que mi protagonista fuese uno de estos indianos. Y para eso le tenía que hacer llegar a México, arruinarse, decidir volver a España tapando su bancarrota absoluta. Pasar por La Habana en busca de oportunidades. La Habana todavía era la última colonia del ya viejísimo, decrépito y destrozado imperio español. Pero el pasa por allí buscando fortuna también y la consigue con formas un poco extrañas y al final ya viene a Jerez, que era en mi mente el primer destino, pero que en la novela no aparece casi hacia hasta la mitad del libro
- Claro, a nosotros, los mendocinos, nos encanta. Vos sabés que somos tierra vitivinícola. La primera escena de La Templanza ya es en una bodega, por eso nos sentimos tan a gusto, como en casa.
- Y por favor, esa es una visita que os debo, que he hablado muchas veces contigo cuando charlamos en la radio. Este verano, además, tuvisteis la amabilidad de mandarme un vino delicioso y que ya degustamos. Fíjate que conseguí un parrillero argentino que se vino a casa un día y así disfrutamos de ese vino tan maravilloso de Rutini que me enviaste y que de verdad que fue todo un detalle. Ahora falta que vosotros vengáis aquí también a probar el vino de Jerez, para que el viaje sea de ida y vuelta.
-Además te vas a dar cuenta el día que puedas venir a Mendoza, cómo los apellidos españoles son fundacionales de nuestras grandes bodegas. Básicamente los apellidos de grandes bodegueros son españoles e italianos.
- Porque bueno, claro, es que la cultura del vino aquí en España es casi desde el principio de los tiempos, es muy habitual. Hay otra novela mía que no sé si leíste,bes ya más antigua de 2012, que se llama Misión Olvido, que es sobre las misiones franciscanas en California. También habla acerca de cómo los franciscanos españoles, ya en el siglo XVIII llevaron también lo que ahora son los viñedos de California. Empezaron siendo las pequeñas viñas que tenían los franciscanos españoles en las misiones para el vino de comulgar. Nada más.
- Claro, claro
-Pero bueno, no llevan ese conocimiento de siglos. Y al final ahí va haciéndose la historia, de a cachitos.
-Bueno, acá en nuestra historia colonial está estudiado, en la historia del vino de Argentina, que las plantaciones que tenían los curas en los conventos fueron fundamentales para el desarrollo de la industria y ellos lo trajeron de tu país, María.
-Claro, así arranca. Es que al final son historias de ida y vuelta a lo que tenemos que remitirnos constantemente y por eso a mí me gusta hacer uso de ellas en la literatura, de españoles que cruzaron el Atlántico. Cada uno con sus inquietudes y cada uno con sus objetivos y después el camino de vuelta. Ahora ya sabes, ya he hablado, por ejemplo, cuando vino Eva Perón a España, que está dentro de Sira. Claro, vamos, así somos, vamos haciendo historia y vamos construyendo historia desde los dos lados, cruzándolos constantemente.
- Tu madurez como escritora se logra de entrada con una primera novela extraordinaria que es El Tiempo Entre Costuras. Cuando salió este libro, en el 2009, ¿qué tirada tuvo?
- Pequeñita, tres mil quinientos ejemplares.
- Bueno, de 3.500 ejemplares de El Tiempo Entre Costuras, sale luego con 500.000 ejemplares. Es un salto prodigioso. Es como de aquí a la Luna. ¿Qué sentís entre un punto y el otro?
- Sí, pero mira, el salto ya se produjo con la siguiente novela, Misión Olvido, la que te comentaba de los franciscanos. Ya salió con 350.000, es decir, pasé de 3.500 a 350.000. Cuando salió El Tiempo Entre Costuras teníamos mucha ilusión, mucho optimismo, pero vacuo. Porque claro, a mí no me conocía nadie. Yo era una profesora de universidad que decidió escribir una novela en un tiempo, en el que el panorama internacional, no solo aquí en España o en Europa, sino vosotros también, estaba marcado por el triunfo de las novelas nórdicas, de Larsson, de aquellas cosas tétricas de los hombres que no amaban a las mujeres y de los bidones de gasolina y la sangre en la nieve y todas esas cosas tan truculentas, tan oscuras. Y llegaba yo, que era una profesora desconocida, con una primera novela, que tampoco era una jovencita con ambiciones, sino que ya tenía edad. Venía de otro mundo, de otra disciplina. Una novela sobre una costurera que se enamora y que por vicisitudes de la vida acaba en Marruecos.
-¿Y con qué música, con qué estilo de música va a estar ilustrado el musical de El Tiempo entre Costuras?
-De todo. Lo han compuesto entero, todas las composiciones en función de episodios significativos dentro de la novela, pero siempre siguiendo la línea argumental, han sido muy rigurosos. Cubren por completo los grandes episodios de la novela. Están prácticamente todos los personajes y entonces las distintas composiciones musicales van un poco en función del tono de los episodios narrativos o temáticos. En algún momento, hay algo que suena más al principio, cuando están en Madrid, pues suena un compás schotis, una música castiza madrileña. Cuando están en Tetuán, por ejemplo, en la pensión de Candelaria, en la Matutera, que es una mujer andaluza y gaditana, suena un tanquillo a Cádiz, pero el resto es, digamos, en función de la tonalidad narrativa del episodio. Pero está quedando precioso ya he oído la música por un lado, las composiciones y el libreto por otro y le he dado una primera lectura de todos los actores todavía sentados en sillas, poniéndose de pie, todavía no actuando ni moviéndose por el escenario. Pero he visto también toda la escenografía, todos los proyectos que ahora mismo se están ensamblando y yo creo que va a ser precioso, va a quedar muy bonito.
-¿Tiene algo de zarzuela?
- No creo, pero en lo que se asemeja a la zarzuela o a la ópera, es en el sentido de que es una composición, una combinación entre lo hablado, lo declamado y lo cantado con la escenografía y la banda de fondo. Pero no es ese tono de las zarzuelas, que es más de composición. Esto es un poco más dramático, pero bonito a la vez, sin caer en un dramatismo extremo. Pero bueno, digamos que con equilibrio, como es la novela, un poco con equilibrio entre momentos más intimistas, momentos más colectivos, momentos más emotivos, más sentimentales, más dramáticos, más intrigantes, vaalterando un poco, no te llegas a aburrir en ningún momento
- Me llama la atención la riqueza extraordinaria que sigue teniendo El Tiempo Entre Costuras, porque no todos los libros buenos dan para tantos productos, es decir, el libro fue un éxito. Has pasado una serie también exitosa, nada menos que en Netflix, documentales, ahora el musical, es como una cantera infinita este libro, ¿no te sorprende María?
Sí, claro que me sorprende. Cada vez que me proponen algo nuevo me sorprende muchísimo. Yo fíjate que ya daba por cerrada la historia y no, no para. Me aparecen cosas buenas, digo que sí, a otras digo que no, pero sigue la historia. Y además ahora al volver al personaje, al recuperar a Sira para mi última novela, después de 12 años de publicada en España –a la Argentina llegó como un año después- sigue muy viva la novela. Seguimos imprimiendo, la gente la sigue recordando. Y sí, para mí es eso. Es una sorpresa constante. Cada vez que me hacer referencia a ella.
-Hay un fenómeno particular, porque cuando un escritor hace una saga, digamos, van saliendo los libros y uno sigue más o menos naturalmente el flujo de la saga, como con Harry Potter. Uno va acompañando a Harry Potter, pero al haber pasado más de una década, el público como que se apropia de los personajes, empieza a extrañar la continuidad. Entonces te deben exigir de manera distinta. ¿Qué te dicen los enamorados lectores de El Tiempo Entre Costuras? ¿consideras que hacen algún reclamo, por ejemplo?
-No, están encantados de esta sorpresa inesperada, porque yo no había avisado a nadie que Sira iba a volver.
Y entonces, bueno, llegaron las otras novelas que hemos mencionado: Misión Olvido, La Templanza, Las Hijas del Capitán. Y ahí siguieron los lectores, se portaron muy bien, no me pedían constantemente “¿por qué no vuelve Sira?”. Aceptaron que cada novela nueva con ganas, de una manera muy favorable, y entonces, fue una sorpresa absoluta para ellos que llegara Sira.
En términos generales, ha sido muy bien aceptado. Fíjate que llevamos desde abril en las librerías y bueno, ha estado número uno en España estaba número uno todos estos meses y sigue muy viva y muy solicitada por los lectores, no solo en las librerías, también en las bibliotecas. Como te comentaba, ahora hemos estado en Tánger, con un grupo de más de veinte periodistas españoles, dando algunos paseos por la ciudad, presentándola en el Instituto Cervantes y no para, es como si tuviera vida propia esta protagonista.
-Y yo insisto mucho en esto, porque al no ser un policial ni nada, Sira es un personaje que tiene una cuestión muy afectuosa. Por eso queda muy en el corazón de los lectores-¿Cómo han tomado ellos este nuevo personaje?, porque Sira crece, se vuelve más glamorosa, más empoderada. Te diría casi una Mata Hari en algún punto. Especula con la gran política, hasta se vuelve más erótica se podría decir, o más “ligona” o alguien te dijo por aquí.
- Me encanta oír eso, porque a mí me gusta mucho más esta Sira que la anterior. Mira que yo era la madre de la criatura, pero a veces la obligaba a hacer cosas que yo no habría hecho. Era una Sira más vulnerable, más frágil, más inmadura en todos los sentidos. También en cuestión de edad y de su bagaje, que era muy, muy cortito. Ella venía de vivir con su madre en su barrio, en su taller de costura. No tenía más experiencia vital. Ahora ya han pasado dos guerras, ha pasado la guerra civil, la Guerra Mundial. En España vivimos la Segunda Guerra Mundial en la periferia, pero sí afectó y sobre todo a ella por su colaboración con los británicos.
Ahora en la primera parte de la novela le va a ocurrir –y esto es un pequeño spoiler, pero que está descripto en la contratapa del libro- que va a ser madre. En el tránsito de una novela a otra, Sira se ha casado con Marcus Logan, que era el agente de los servicios secretos británicos que apareció en su vida en Tetuán bajo la cobertura de un supuesto periodista -que después sabemos que que no lo es- Se han casado en Gibraltar y el primer destino profesional del barco los lleva a Palestina, a Jerusalén y aSira va a ser madre.
La prioridad mayor es su hijo está por encima de todo y pero ella misma también. Entonces, ahora, cada vez que le ofrecen algo, ella lo va a pensar, lo va a analizar con otra mirada, es más escéptica, es más crítica, tiene una visión ya propia del mundo, que ya no es la que otros imponen sobre ella. Y eso por un lado, por el lado de su madurez interior. Y luego, es verdad lo que dices, es como más sofisticada, quizás. Tú dices lo de erótica, no lo sé. Bueno, quizá podría ser, pero es una mujer con mucho más mundo a sus espaldas. No es la joven costurera que crece, sino que ya es una mujer, pues cuajada y con un peso un aplomo ganado a fuerza de nuevas vivencias.
- Claro, pasa de ser una modistilla a una intrigante de la alta política en las cumbres del poder
- Sí, sí, pero fíjate que tampoco es ella, no tiene ella esas ambiciones? Sira no se caracteriza por ser una mujer con unos objetivos muy claros, con unas aspiraciones. Ella nunca quiso ser mucho más. Fue la vida la que la fue, de alguna manera, arrastrando.
-Claro y en ese punto también lo hablábamos porque ella va teniendo una evolución entre las dos series. Pasa de ser una modistilla a volverse una modista de alta costura, incluso en el final de Sira, ya haciendo ropa para una de las mujeres más ricas del planeta en aquella época. Ahí también hay todo un arco de evolución, ¿no?
- Sí, claro, claro. Pero eso era fundamental. A mí me gusta siempre que mis personajes vayan evolucionando, que no se queden petrificados, digamos, en ser tal como los hice en un principio. Entonces sí pasa cuando la conocimos en El Tiempo Entre Costuras. Estamos en el Madrid de 1935, 1936, justo antes del estallido de la Guerra Civil. Allí Sira ni siquiera tenía la categoría de ser modista, era casi una un aprendiz para su madre. Y efectivamente, vemos todo su desarrollo en El Tiempo Entre Costuras. Ahora, en la nueva novela, en un principio, Sira va a dejar de coser por sus circunstancias se va a mover. Hemos dicho que estuvo en Jerusalén, en Palestina, pero después se va a ir a Londres, a ese Londres justo después de la Segunda Guerra Mundial, que está destrozado, desolado, está con carencia de todo, pero sacando las uñas para recuperarse y después ir a Madrid, a España, que es cuando sigue los pasos de Eva Perón, que también hemos comentado.
Entonces ahora no va a ser hasta la última parte de Sira, de la nueva novela cuando, como tú dices, tenga un vínculo con Bárbara Hutton la dama de sociedad americana, que era altamente extravagante, sin dudas, y tuvo la enorme extravagancia de, en el año 1947, comprarse un palacio, que es el palacio en el que estuvimos la semana pasada. A ver, hablamos de Palacio, pero tampoco está tan claro si lo era, en verdad es una gran casa, muy bonita, divina, pero que al final era la suma de pequeñas casas típicas marroquíes, como decimos aquí, que compró un diplomático americano que se encargó de unificar las de conseguir artesanos tradicionales que las restauraran. Y una vez que su misión diplomática en Tánger estuvo hecha, la puso a la venta. Y cuenta la leyenda, que no se sabe hasta qué punto es verdad o no, que se interesaran por ella Bárbara Hutton y Francisco Franco, Claro y entonces parece que hicieron una especie de subasta y obviamente se la llevó Barbara Hutton. No lo sé si será cierto, esto es una leyenda que se cuenta. El caso es que se la quedó ella y la usaba como residencia de verano para ellos desde finales de los años 40’ hasta prácticamente principios de los 70’. Y lo que hizo fue convertirla en una especie de imán para atraer a Tánger a las celebridades de todo aquel mundo. Recordemos que esto sucedió después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando todo el mundo empieza a vibrar, hay optimismo, hay más dinero, y ella hacía grandes fiestas. Empieza a hacer todo tipo de extravagancias, como decíamos antes en su palacio, y luego la pobre acumuló maridos. No le faltaba nada, era millonaria, pero también era alcohólica politoxicómana y por no engordar, acabó también padeciendo una anorexia muy, muy fuerte y muy dramática. Y al final, entre unas cosas y otras, agotó ella sola la inmensa fortuna que tuvo y murió en los años 70’. Dicen, dicen también pero nunca se sabe, que siempre pidió ser enterrada en Tánger, pero cuando murió en un hotel en Los Ángeles, al final vieron que en su cuenta corriente quedaban tres mil dólares. Claro, llegaron los ex maridos y se lo rapiñaron todo. Se casó siete veces, uno de los maridos fue Cary Grant, fue el único que no quiso llevarse nada de dinero. Pero fue un personaje que quedó en la memoria sentimental de Tánger.
Ahora el palacio es propiedad privada, pero con estos amigos conseguimos poder visitarlo y es muy emotivo ver todo lo que queda de ella, porque hay muchas cosas que están tal cual. Ella no las hizo pero ordenó que las hicieran, están las iniciales “BH” en el fondo de la piscina, es muy emotivo verla.
-Quiero decirles para quienes nos están viendo y escuchando, que todo lo que María cuenta sobre el palacio de Bárbara Hutton y otras cosas, lo va poniendo en Twitter e Instagram, María. Porque sos muy activa en las redes, todas estas locaciones las vas poniendo, como por ejemplo el edificio de la BBC en Londres. Te felicito porque sos muy ilustrativa, lo hiciste también con Las Hijas del Capitán y anteriores novelas. Es muy didáctico lo que hacés en las redes, María.
- Sí, fijate que yo soy muy poco de las redes, de contar cosas innecesarias, pero me gusta que aparezcan todas estas cosas que pueden ayudar a los lectores a poner visualización a lo que ellos leen en las novelas. Me gusta con fotos de época, y al volver de Tánger, como decía, he vuelto hace un par de días y y justo estoy ordenando ahora muchísimas imágenes De todo esto y vinculado a la novela, porque yo creo que que a todos nos gusta ver la realidad. Está bien imaginarlo y para eso están las novelas, no para para que cada cual interprete a su manera todo lo que nos cuenta. Pero por otro lado, también está bien tener esa esa información gráfica que te ayude a confirmar la verosimilitud de lo que cada uno. Creo que cada uno interpreta en la literatura.
-Está bueno, porque por ahí has puesto fotos del viejo Madrid y uno se ubica en la época de Nueva York, de la época de las Hijas del Capitán. Pero en tu novela, que tiene historias de amor, historias políticas, pero tiene también un rigor documental, como si fuera una novela histórica. Y vos has contado que sos muy detallista, incluso si describís un hotel, te vas al hotel y ves hasta dónde miran las ventanas. La pregunta es si toda esa investigación rigurosa que vos hacés, ¿la hacés sola o tenés un equipo que te ayuda?
- La hago yo sola, porque es lo que más disfruto de todo. No podría delegarla en nadie porque me perdería la mejor parte, lo que más disfruto.
Lo que pasa es que sí es cierto que después, cuando camino por algún territorio pantanoso y donde me puedo equivocar, porque no conozco bien, busco la revisión de expertos. Pues para el Vino de Jerez, me fui a hablar con los bodegueros jerezanos, para Las Hijas del Capitán estuve en las casas de los inmigrantes para de que lo que yo creía era finalmente así, para que me lo reconfirmaran. Y ahora, por ejemplo, para Sira, he tenido la inestimable ayuda de Diego Arguindeguy, un periodista y documentalista argentino, de la editorial Planeta,que por desgracia ha muerto recientemente, pero él revisó toda la cuestión argentina e hizo alguna apreciación, o sea que luego intentó confirmar que todo está en orden. Pero el trabajo lo hago yo porque me apasiona. Es la mejor parte de todo empezar a escarbar, buscar, a ver qué encuentras.
Además, ahora gracias a Internet tenemos acceso a todo. Hay trabajo de prensa que está ya digitalizado, que antes te tenías que ir a las hemerotecas, a las bibliotecas, a los archivos. Ya tenemos muchísimas cosas digitalizadas. Yo busco desde la información y los recursos más ortodoxos, más especializados, hasta cosas pequeñitas, que se comía en los banquetes que daba Franco a Eva Perón cuando hizo la visita a España. Pues eso lo busco también y a veces incluso en subastas, en internet compro tonterías. Traté de recrear el hotel Ritz del año 47 para ver exactamente cómo era. ¿Qué películas se veían en cine? ¿Qué música sonaba en la radio? ¿Qué comía la gente en sus casas?, ¿Qué marcas comerciales se consumían en cosmética o qué tipo de peinados se usaban?. Detalles documentales que aparentemente son pequeños, pero a mí me ayudan a crear atmósferas, a dotar de un costumbrismo visual. Todos los escenarios y todas las escenas y todas las acciones, y yo creo que los lectores lo agradecen porque le dan plasticidad al texto. A veces, me dicen que mis novelas son muy, muy visuales y es mejor. Creo que se debe a la gran cantidad de esos detalles que yo después intento pulverizar. Los que no aparezcan como piedras improbables de documentación, pero sí como pequeños granos de sal y pimienta que van ayudando a que todo sea más, más visual, más rico en detalles y crear un, digamos, un tejido más palpable.
-Hemos charlado acerca del clima, es muy potente. A mí, por ejemplo, me transmitía mucho ese Londres frío de posguerra, con todas las necesidades, el mismo hambre. Recuerdo una escena que es casi policial en la fonda de los gitanos. El clima está casi guionado, como para que entre alguien con una cámara y empiece a filmar directo.
-Pero fíjate que ahora podríamos pensar que ya lo hago anticipándome a posibles adaptaciones televisivas, pero realmente lo hice desde El Tiempo Entre Costuras, cuando yo no tenía idea de que se iba a comprar, ni siquiera sabía que iba a salir publicado. No tenía ni editorial. Me da seguridad tener afianzados esos puntales ambientales, de tiempo, de espacio, de estética, de todo lo que crea ese tejido sobre el que después yo sustento la ficción, no es como una especie de red de seguridad para que cuando mis personajes salten yo tenga más seguridad de que no va a pasarles nada negativo, sino que van a poder salir a flote.
-Creo que lo importante de tu talento narrativo, no es solo el detalle documental, sino la atmósfera y tenés encima mucha atmósfera. Israel es el Israel complicado, pero también es Palestina, es Londres, Madrid, Tánger, pero también Gibraltar, por ejemplo. Gibraltar es un pedacito, pero también está muy bien resuelto. Son todas atmósferas distintas y todas están muy bien logradas y cada una es distinta.
-Ahora vivimos en un mundo mucho más globalizado y quizá tenemos más información de cómo son los sitios hoy día. No conozco Mendoza, pero puedo acceder a unos cuantos documentales, a un buen banco de fotografías y a planos, a Google Maps, a Google Earth. Y puedo tener una idea muy clara de cómo es la ciudad y cómo es todo vuestro entorno hoy día. Pero cuando nos vamos décadas atrás, era mucho más complicado, como era el mundo en el año 1947 en la identidad propia. Era mucho más individualizada, digamos, y era mucho más difícil acceder a la comunicación entre un sitio y otro. Y eso es lo que yo intento resolver en las novelas, hacer accesible lo que quedó atrás en unos momentos en los que el mundo era mucho más singularizado, y estaba menos al alcance de otros. Dentro de las novelas hago pequeños viajes en el espacio, como hemos hablado antes, de gente que va, de gente que viene, pero también viajes en el tiempo para recuperar con el mayor rigor posible todas esas coyunturas de aquellos momentos.
- Sí, pero te voy a decir algo, te lo digo como lector, porque uno puede googlear todo y sacarlo todo por internet, pero se nota mucho en el clima. No sé como describirlo, que has estado en los lugares, aunque no hayas estado en la época. A todos los lugares los has mirado, los has respirado, has degustado las comidas, no sé, eso se nota, lo transmites, No hay manera de que te lo hayan contado, ¿no?
- Sí que es verdad que siempre escribo sobre lugares que conozco y en la medida que lo posibles sigo revisitándolos físicamente, presencialmente, durante la escritura. Cuando hablo de La Habana Vieja en la segunda mitad del XIX y vas a Cuba hoy, a La Habana hoy, vale, queda la arquitectura, pero lo que hubo ahí, como es la vida ahora, apenas tiene nada que ver, ¿no? De alguna manera a mí me da una cierta seguridad pisar por donde los personajes van a pisar y meterme en su piel y mirar con su mirada. Me gusta hacerlo. Yo creo que eso hilos, los lectores los agradecen.
- Estamos hablando de Sira, que es una modista y vos vas hablando de modelos, de hilos, de textura, de telas, etcétera. Y tiene que ver el estilo también. Te pregunto, en esta la novela tuya, la foto de la tapa tiene todo un estilo también. Contame por qué esta tapa y si tuviste algo que ver o no, digamos qué responsabilidad tuviste en ella
-Si, si tuve que ver. Yo siempre tengo mucho que ver con las tapas y con todo lo que hay envolviendo al libro, porque me gusta ser partícipe de todo eso. Es cierto que después hay equipos de especialistas en diseño y eso que son los que hacen el trabajo, pero yo sí estoy involucrada. Yo quería, en principio, otra imagen distinta. Esta es muy bonita, pero a mí el principio me gusta más otra distinta, que no pudimos usar porque –y esto es un pequeño secreto- porque ya había sido usada en otra novela que tuvo poco recorrido, que ya está descatalogada prácticamente, pero no queríamos pisar ese territorio en la editorial y yo lo entiendo perfectamente. Y entonces bueno, empezamos a buscar el equipo de diseño y de arte por un lado, yo por otro, hasta dar con un enorme banco de imágenes y finalmente bueno, descartando unas más y otras menos, nos decidimos quedar con esta porque, bueno, refleja un poco a la nueva Sira. Como en la tapa de El Tiempo Entre Costuras, se trata de una mujer sola, más joven, también sombrero, un poco ladeada. Esta foto refleja un poco a la Sira de la que hablábamos antes, más curtida, más madura, un poco más intrigante y poco más glamorosa, quizá un poco más sexy. Una Sira crecida. Otro pequeño detalle que yo decía era “¿por qué no le quitamos la taza de café?, quitémosle la taza de la mano”. Pero al final quedó. Y la verdad es que gustaba mucho. Y ese fondo gris que tiene, no es muy usado. Siempre se buscan colores más llamativos o más blancos o negros o más impactantes. Y bueno, yo creo que queda bonita. Es muy fácilmente reconocible también. Yo misma di la lata con el tipo de letra que iba a usar también. También sí, soy bastante activa. “metijona”, me diría mi madre,
- ¿Esa letra roja es de un diseñador?
- Es de una caligrafía que ya estaba hecha por un autor en un banco de caligrafía en internet. Pero la quiero recordar que esa en concreto la elegí yo. Pero bueno, siempre con el equipo de diseño, haciendo el trabajo importante.
- Bueno, Sira acá tiene ese glamour tipo Ava Gardner para darle un toque de época. María Dueñas, en tu caso, ¿Cómo sos con la ropa? Si sos muy complicada, muy exigente, nosotros le decimos las pilchas en Argentina.
-¿Las qué, las “pilchas”?
- Pilchas, empilcharse es vestirse. ¿Cómo eres María con tu ropa y tu vestuario personal, en las distintas circunstancias?
- Bueno, en mi vida, depende. Como yo voy sumando años. Cada vez tengo más claro que quiero, lo que me gusta, lo que me puede favorecer. Entonces no soy ajena a la moda, por supuesto, pero tampoco me sirve todo de la moda, que cualquier cosa que me aparezca en una temporada automáticamente los sumo. Fíjate que cada vez soy más neutra. Yo creo que cuando sea una viejita voy a acabar o toda vestida de negro en invierno y toda vestida de blanco en verano, porque voy ya por ese lado y veo blancos, negros, grises y tonos muy intermedios. Soy poco de extravagancias también. Y bueno, lo que pasa es que al tener mucho contacto con el público en presentaciones, en actos, y ya que los lectores se toman la molestia de ir a verte, pues que menos que agradecérselo cuidando también tu imagen. Simplemente como un símbolo de agradecimiento y de respeto a ellos también. Digamos que en las presentaciones visto un poco más cuidada y en el día a día estoy en casa, como de batalla. Además, con esto de que de trabajar en remoto, todos hemos buscado la comodidad por encima de todo.
-Me preguntaba qué decían tus lectores o lectoras después de tanto tiempo, reencontrándose con Sira ¿y qué te han dicho los lectores argentinos? Porque Eva Perón es una imagen que en Argentina sigue despertando muchas pasiones, a favor y en contra. Tu tratamiento es muy parejo, está muy bien. Me encantó ver a Eva Perón retratada por una española. ¿Qué te ha dicho la agente ¿le ha gustado?, ¿Se ha ofendido?
-La respuesta la tengo a través de interacciones en las redes sociales, porque todavía no he podido viajar a la Argentina, aunque me apetece muchísimo. También a partir del contacto con vosotros, la prensa, de este tipo de encuentros.
Pero ha sido por medio de las redes, a las que yo entro muy poco, estoy presente pero desde la distancia.
Pero él quería vender esa visita de Eva Perón, que era Argentina, único país que tendió una mano a España, En ese momento lo que quería era vender esa visita como el gesto de un país que reconocía a otro régimen y como un síntoma de que España se abría al mundo y pronto iban a venir otros dignatarios extranjeros. Entonces, para dar esta imagen y para seguir manteniendo la ayuda de la Argentina de Perón -que por entonces era un país riquísimo y España estaba aquí muerta de hambre- pues obliga en cierta forma a la prensa (pues había una censura férrea sobre ella) a que se la pasaran hablando de Eva Perón: con quién se reúne, a qué hora llega, qué hace, qué no hace.
Lo único que yo me invento es lo que pasa con la insignia de honor de la Cruz de Isabel La Católica que Franco le da en Granada. La crónica de la época -alguien que lo pudo contar, porque todo el mundo estaba censurado- en sus memorias, un embajador español cuenta que esa insignia se perdió durante un tiempo. Yo construyo una ficción sobre esa pérdida y la resuelve Sira finalmente. Entonces no solo poco más o menos, eso es lo único que yo hablo de todo, de que yo invento todo lo demás. El séquito que le acompaña, su hermano Juancito, Alberto Dodero, el magnate naviero, todo el avión en el que viene, cuánto equipaje trae, su actitud, cómo es, cómo es recibida por los altos dignatarios, cómo reacciona ella que llega tarde a todas partes porque quiere. Eso a mí eso me hace mucha gracia, porque es una osadía. Estamos hablando del Franco del año 1947 que tenía las cárceles llenas y había sentencias de muerte a diario. Eva Perón, que entonces tendría 26, 27 años, era muy joven y muy inexperta en política internacional. Entendía de política doméstica, digamos, pero no de la alta política internacional y diplomática. Aun así ella pues resuelve todo con una frescura y con una audacia que aquí en España llamaba muchísimo la atención, pero a las autoridades las volvía locas y al pueblo llano le encantaba que llegara como una especie de actriz de cine en aquella España tan sombría, tan triste, tan pobre, tan oprimida y tan hambrienta.
-Bueno, era actriz ella. Por eso se movía así
- Pero eso aquí no se dijo nunca. Jamás lo dijeron. Estaban obligados a decir doña María Eva Duarte de Perón y excelentísima señora. Sólo puedes decir eso. Solamente quien supiera por algún pariente, por algún otro, había podía conocer su pasado, pero no se sabía nadie sobre a qué se dedicaba. Solamente era la esposa del general Perón.
-Vos contás que la que realiza el viaje es Evita, porque Perón no podía hacerlo, tenía problemas políticos en Argentina y por eso la envía a ella. Paradójicamente, años después Perón se instala en España y pasa muchísimo tiempo en Puerta de Hierro. Para nosotros era un lugar mítico. ¿Cómo vivieron ustedes los españoles todos esos años de Perón en Puerta de Hierro?
-Mirá, yo era un poco joven para ese entonces, como para haber sabido que pasaba. Pero lo que cuenta la época es que Franco, después de deberle tanto y de haber recibido tanto de él cuando Perón viene a España y se instala, lo ignora por completo, creo que no se llegan a ver nunca.
Perón queda aislado de toda la vida social y política española de cierto nivel, absolutamente al margen, y se mueve con un pequeño círculo privado pero muy, muy, muy al margen de la vida social y de Franco. He oído quejas de que Franco no le devuelve el favor de ninguna manera. Franco tenía fama de ser un poco así, tenía en cuenta a la gente cuando le interesaba y la ignoraba cuando fuera el caso. Perón quedó muy al margen. Contaban que antes de vivir en Puerta de Hierro vivió en un edificio de pisos de departamentos, como dicen vosotros. Y fue vecino de Ava Gardner cuando, en los años 50’ vivió un tiempo en España y creo que Ava vivía arriba y Perón abajo, más o menos. Y Ava hacía muchísimas fiestas en su casa. Y cuenta la leyenda de que Perón se acabó yendo de esta casa porque ya no soportaba más las fiestas a altas horas de la madrugada. Perón no estaba para esas juergas en absoluto. Se han hecho algunas series, se han escrito algunas cosas, yo creo que hay todavía algo por hacer al respecto de la estancia de Perón en España.
-Si da para mucho. Vos contás en el libro y también lo has dicho en las entrevistas que te sorprendió la potencia de Evita como figura femenina, en esa época en la que las mujeres no tenían tanta prestancia. Y después has dicho también que si Sira hubiera nacido y hubiera sido protagonista del siglo XXI, hubiera sido feminista, pero no radical.
- No, es que los periodistas al final, se quedan con una frasecita corta, normal, para hacer el titular. Lo que decía era feminista, como somos todas o la inmensa mayoría de las mujeres del siglo XXI y no una feminista radical y exagerada, no, pero sí que es verdad que ya en el año 1947, que es cuando yo la sitúo, ella empieza a intentar conciliar la vida doméstica como madre, con su proyección pública. Aspira a no quedarse en casa, aspira a tener la vida propia, más allá de su función de madre. En ese sentido, es una mujer relativamente similar a las contemporáneas.
-Para ir cerrando María. Vos contabas que tu mamá es la más pequeña de cinco hermanos y tu caso es al revés, la mayor de ocho, familias numerosas ¿cómo son la vida de uno, porque eso son familiares.
- No solo mi madre, mi mamá eran cinco hermanos, mi padre eran seis hermanos y nosotros éramos ocho. Mira, yo creo que sí que marca. En mi caso y con mis hermanos, que estuve ayer precisamente con casi todos ellos, con todos los que viven en España, porque dos no están en el país. Te marca de cierta forma, porque te hace mirar la vida de una manera distinta. Todo es como más flexible. Le quitas la importancia a muchas cosas, empezando por las propiedades materiales, hasta el sentido de la responsabilidad entre nosotros. Nos lo hablamos todo, nos lo contamos todo, nos metemos unos con otros bastante. Tenemos una relación muy cercana, muy cálida, muy intensa. Y lo transmitimos así a nuestros hijos también. Y sí, sí que marca en cierta manera, te hace que te busques la vida por otras formas, te hace valorar también la soledad. Cuando vives en una casa muy grande, con mucha gente y casi te tienes que esconder a estudiar en el cuarto de baño. Así pues, te das cuenta de que la soledad también es importante. Sobre todo te hace ver que todo es compartible, relativo, flexible y que no hay que tomarse las cosas demasiado en serio
-Tus libros, María, lo venimos diciendo, siguen bullendo, están vivos. Desde la primera novela hasta ahora, porque aparte las series le van dando una sobrevida, como también Los musicales, etcétera. Pero supongo que ya te estará picando el bichito de tu próxima historia. ¿O no?
- Un poquito, pero no mucho, porque yo el primer año cuando publico un libro, este año ya lo doy por finiquitado.
-¿Año sabático?
-Es que estoy trabajando el año entero, claro, estoy con la promoción y estoy implicada ahora en otros proyectos creativos y revisando lo del musical y revisando la serie de Las Hijas del Capitán que está en los guiones y metida en un guión nuevo que vamos a hacer con Univisión y Televisa, y metida en un audio ficción que he hecho para Amazon audible o sí, porque es muy divertida y que no tiene nada que ver. Bueno, estoy metida en mil líos. No paro de trabajar, pero pero mi límite es 31 de diciembre de enero. En cuanto acabe la Navidad quiero empezar otra vez, a centrarme y a trabajar en una nueva novela.
-¿Las Hijas del Capitán va en Amazon en Netflix?
-En principio, en Amazon, pero estamos en fase de guiones, todavía no está claro esto. Están lo productores trabajando y yo estoy solo hablando con los guionistas, están en la fase más inicial del proyecto.
-¿De Sira todavía no hay nada en materia de series?
-No, me empezaron a llamar a la puerta desde el momento de la publicación y claro, yo prefiero dejarla un poco, que ahora tome su rumbo como la novela que es y ya llegará más. Más adelante llegará, seguro, pero, pero dentro de un poquito.
- María, siempre agradecido por esta deliciosa charla y la próxima va a ser en Mendoza sí o sí.
- Por favor, muerta de ganas siempre. Mira, siempre me apetece mucho ir a Argentina porque los lectores son fabulosos. Los medios de comunicación, los periodistas sois magníficos. Mi equipo editorial, al que mando un enorme abrazo desde aquí, es increíble y estoy muy a gusto siempre. Y este año me ha dado una pena terrible no poder haber ido con Sira. Y luego me habéis metido todos el gusanillo de Mendoza y tengo que hacer ese viaje como sea. De verdad que me apetece mucho. Ojalá ya este virus maldito nos dé una tregua definitiva. Ojalá todo se acabe de mejorar con las vacunas, las segundas, terceras, cuartas vacunas lleguen pronto y podamos empezar a movernos por el mundo y pueda ir a veros, que me apetece muchísimo.
- María, un gran, gran abrazo transoceánico y hasta otro momento mismo siempre.
-Lo mismo, un abrazo.

