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Muchas veces se suele decir que los pueblos chicos o las pequeñas ciudades tienen magia. Eso es algo diferente a la belleza: les viene de la naturaleza. La magia de los pueblos la aporta la gente, y en este caso, los sentimientos solidarios, afectuosos o valerosos son cosas que no nacen de la casualidad, sino de la causalidad de haber cultivado esos valores que distinguen al colectivo.

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Malargüe tiene magia. Mucha. Y entre sus muchos hijos se distinguió alguien muy querido, y éste, sin pensarlo les hizo la devolución con un gesto inolvidable: se recibió de abogado hace poco -a sus 40 años- y el mes pasado donó a la biblioteca local todos sus libros de abogacía. "Para que los chicos que estudian acá tengan este material a mano y les facilite la vida", dijo el benefactor, Alejandro El goma Andrade.

Los malargüinos estaban orgullosos, primero, por haber visto a un honesto y estimado amigo buscar superarse y cuando mucho piensan en un inminente retiro, este policía se puso de cabeza a estudiar de grande y con familia a cuesta, y nada menos que abogacía. Luego, tras la alegría de haber logrado recibirse de "doctor en leyes", vino la otra acción, la de desprendimiento y generosidad: donar todos sus libros.

Como muestra del orgullo pueblerino, el periódico local Malargüe Diario, tuvo como notas más leídas la noticia del logro universitario y luego el de la donación de su hijo dilecto, ojo, junto al Cotón Reveco, el ex doble campeón mundial de boxeo.

Un gesto de amor a su gente

"Para el día del padre vine a visitar a mis viejos, y se me ocurrió la idea de que esa cantidad de libros que tenía en casa y me sirvieron para hacer la carrera, podía servirle a los chicos de Malargüe, lugar al que amo, por su gente", pensó Alejandro, que ocupó todo el asiento trasero -hasta el techo- con los volúmenes que iba a donar, y se vino desde San Rafael, lugar en el que vive desde hace un par de años.

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Grande fue la sorpresa de la administradora de la biblioteca municipal, Verónica Busnters, cuando Alejandro le dijo que venía a hacerle una donación, y ella le dijo, "bueno, tráigalo". Entonces Andrade le pidió que alguien le ayudara, y ahí la directora de la Agencia de Desarrollo Educativo casi cae de espaldas al ver la cantidad y la importancia de la colección.

"Se hizo como un caminito de hormigas con los muchachos del municipio que vinieron a ayudar a bajar los libros. Luego Verónica tuvo un gesto muy bonito conmigo, cuando le pidió a la gente que nos ayudó a bajar los volúmenes que me aplaudiera. Fue algo que me emocionó mucho", confesó el Goma, aquel agente de la policía vial que siempre estaba ahí, dispuesto para ayudar a sus vecinos.

"Malargüe es mi hogar"

Alejandro (se llama Rafael Alejandro) Andrade. Hizo sus estudios en la escuela y es hijo de un matrimonio chaqueño, donde el papá trabajaba en el petroleo, y Alejandro se crió en Malargüe. Trabajó como policía, primero en la comisaría 24, y luego en la Vial (juzgado) y en la Policía Comunitaria. Ahora es bombero, y los avatares de la vida los llevaron hace un tiempo -casi tres años- a vivir a San Rafael, pero su corazón está en la capital más sureña de nuestra provincia.

Sueños de ayudar mucho más

"Amo a Malargüe. Aquí todo el mundo me conoce, si me paro en cualquier calle, y levanto el capot del auto, se paran un montón de autos y me preguntan que me pasa, o a donde quiero ir, y me llevan donde sea. Por eso quise dejar algo acá, porque a los chicos que estudian abogacía se les complica conseguir los textos obligatorios. Siempre sueño con volver", dijo el abogado que se recibió en la Universidad Siglo 21 y ya juró y obtuvo la credencial provincial y federal para ejercer.

"He puesto un pequeño estudio y me dedico a lo que es la parte de familia, mi tesis se basó en ese tema, e incluso me felicitaron por el estudio que hice comparando la legislación nuestra con las de otros países", contó el Goma.

Otro sueño de Alejandro, es "defender a sus compañeros". Así lo explica: "Muchas veces mis camaradas quedan expuestos a problemas legales cuando participan de un procedimiento y necesitan asesoramiento, y yo tengo el conocimiento necesario para apoyarlos y que no tengan que sufrir arresto o expulsión. Les propuse esto a mis superiores, que me pongo a disposición para ayudar a un compañero, sin que me paguen más, ni nada. Pero no me han respondido", comentó para concluir.

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