Cuando los adultos se enfrentan a la adolescencia de sus hijos, las dificultades van in crescendo con la edad. Sin embargo, hay una franja etaria que se complica más que otras: es la que se extiende entre los 16 y los 18 años. Sobre todo en lo que tiene que ver con la diversión nocturna y el consumo de alcohol.
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Demasiado grandes para fiestas de 15, y demasiado chicos para ir a a un boliche. Ese es el dilema que algunos padres intentan resolver dejando que hagan las típicas juntadas en las casas, que antes se usaban como "previa" para ir a bailar, y ahora son la fiesta en sí: se reúnen y toman alcohol hasta el amanecer.
Diario UNO consultó con padres y profesionales de la psicología y la medicina, para tratar de echar luz sobre esta dicotomía que se presenta en las familias de chicos menores de 18 años.
Experiencias
Daniel, padre de dos adolescentes -varón de 18 y mujer de 16- asegura que para él es más complejo poner límites y controlar las reuniones de su hija más chica y sus amigas y amigos, que las salidas del hijo mayor.
Los chicos traen alcohol, y lo consumen con supervisión de un adulto responsable. Sin embargo admite que la situación a veces es difícil de controlar.




