Semana Santa es para los cristianos un tiempo de reflexión. Sin embargo, existen algunas costumbres como la de tomar estos cuatro días como un fin de semana largo con fines turísticos. De hecho, nuestra provincia tiene altísima reserva hotelera y un vasto menú de lo que se puede hacer en Mendoza durante estos días. Otra de las tradiciones muy arraigadas lleva a preguntarse ¿por qué se comen huevos de chocolate en Pascua?
Pascua: por qué se comen huevos de chocolate en Semana Santa
Es difícil entender cuál es la relación entre la resurección de Jesucristo que celebran los cristianos el Domingo de Pascua y la costumbre de regalar huevos de chocolate.
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La historia que explica la tradición de regalar y comer huevos de chocolate es milenaria. De hecho, hay que remontarse a la Edad del Hielo, más de 100.000 años atrás.
Pascua: por qué se comen huevos de chocolate
La tradición comienza hace 110.000 años, en lo que se considera la Edad de Hielo, que terminó hace unos 10.000 años.
En la Edad de Hielo la temperatura global de la Tierra bajó muchísimo, se expandieron los casquetes polares y los glaciares, y los ecosistemas se transformaron tremendamente. Para sobrevivir aquel duro "invierno", especialmente en el hemisferio norte, apenas quedaban provisiones para los seres humanos que habitaban la Tierra. Fue entonces cuando con la llegada de la primavera vino también la salvación con las aves que llegaron desde el sur y empezaron a poner huevos, que fueron casi los únicos alimentos para las personas hasta que pudieron volver a cazar gracias al aumento paulatino de las temperaturas.
Como consecuencia de este "milagro", comenzó la costumbre de comer huevos siempre en la misma época, como una forma de agradecimiento. Posteriormente la costumbre se fue expandiendo y manteniendo. Ya hacia los comienzos del siglo XIX se hizo muy popular en muchos países de Europa y de América.
Ahora bien, cómo se pasó de la costumbre de comer huevos de aves a huevos de chocolate tiene una explicación a la que adhieren muchos. En la antigüedad, los huevos eran considerados carne por la Iglesia Católica, por lo que no se podían comer durante la Cuaresma, aunque las gallinas los seguían poniendo.
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Entonces, la gente pintaba los huevos para diferenciarlos de los frescos y los conservaba cocidos para consumirlos luego de la Cuaresma, el esperado día de Pascua de Resurrección. Con el correr de los años y debido a la gran popularidad desatada, la religión incorporó los huevos de Pascua hasta transformarlos en un símbolo universal.
Un poco antes, en el siglo XVIII, el rey Luis XIV, el Rey Sol fue el primero en encargarle al pastelero de la corte unos huevos especiales para celebrar la llegada de la primavera: unos huevos hechos con crema de cacao. Seguramente intención del rey era sorprender por enésima vez a sus súbditos. De hecho, su brillante idea cambió a su manera el curso de la historia de la repostería.
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Sin embargo, los ingleses proclaman como inventor del huevo de Pascua al Sr John Cadbury, que en 1842 mezcló y modeló el chocolate en forma de huevo como un dulce de Pascua, en realidad la verdadera madre patria del huevo de Pascua fue Italia.
Además, varios libros narran la historia de la viuda Giambone, dueña de una chocolatería en via Roma, en pleno centro de Turín: alrededor de 1725 a la señora se le ocurrió regalarle a sus nietos un cesto lleno de paja y huevos de cacao. Estos huevos se lograban rellenando la cáscara vacía de huevos de gallina con chocolate líquido y miel.
Giambone los presentó después en su taller y los nuevos huevos de Pascua tuvieron tanto éxito que enseguida se convirtieron en una tradición destinada a extenderse por todo el mundo.
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Otro antecedente importante fue en Turín. A comienzos del siglo XX se patentó la producción en serie de los huevos de chocolate en Pascua gracias a los pasteleros de Casa Sartorio, quienes inventaron un molde cerrado con bisagras que, una vez colocado en un aparato capaz de girar rápidamente, distribuía el chocolate de forma uniforme creando dos mitades complementarias que, una vez fríos, se podían decorar al gusto antes de ensamblarlos, creando un auténtico huevo de Pascua.






