Después de más de cuatro décadas en cautiverio, la elefanta Kenya, último animal de su especie que habitaba el Ecoparque de Mendoza, emprendió este viernes a la tarde un viaje terrestre de cinco días de 3.600 kilómetros rumbo al Santuario Global de Elefantes, en Brasil.
La elefanta de la especie africana, de 44 años, partió en un contenedor especialmente acondicionado para su especie, con rigurosas normas de seguridad y bienestar animal. En compañía de su cuidador y dos veterinarios. En el camino, se harán todas las paradas necesarias. "Es el cierre de un ciclo de esta institución relacionado con el fin del cautiverio", afirmó la ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre.
La noticia se conoció a diez días del fallecimiento de Tamy, el único elefante macho del Ecoparque y papá de Guillermina, que ya había partido con su mamá Pocha al mismo santuario brasileño. También estaba siendo entrenado para poder ser liberado. Tenía 55 años.
En su nuevo hogar, Kenya contará con un entorno natural espacioso, la atención veterinaria que necesite y la posibilidad de compartir con otros elefantes en condiciones similares a las que hubiera tenido en su hábitat tras años de soledad y frustración que derivaron en comportamientos "poco amigables" durante su cautiverio.
La preparación de la elefanta demoró siete años
El operativo de traslado de la elefanta Kenya requirió un trabajo de siete años. En este tiempo sus entrenadores la prepararon específicamente para tolerar el viaje en la caja de transporte.
Pero también le realizaron todo tipo de análisis sanitarios, y se debió tramitar una serie de permisos nacionales e internacionales y acuerdos con diversas organizaciones.
En las últimas semanas, la elefanta practicó el ingreso y salida de la jaula, guiada por un equipo integrado por expertos del santuario y del Ecoparque.
Un destino con bienestar garantizado en Brasil
El Santuario Global de Elefantes, ubicado en la selva del Mato Grosso, es el "paraíso" de los elefantes que sufrieron años los embates del cautiverio: cuenta con recintos de entre 40 y 400 hectáreas, vegetación natural, atención veterinaria permanente y dietas especiales.
Allí, Kenya podrá recuperar comportamientos propios de su especie y socializar con otros elefantes, algo imposible durante su prolongada estadía en Mendoza, lugar que habitó durante 40 de sus 44 años.






