Viernes Santo

Para cumplir su promesa en el Vía Crucis venció la lluvia, el dolor y la pobreza

Sin plata, con fe y una vida de sacrificios, Alicia Lázaro resume en este Vía Crucis el alma de una peregrinación donde la devoción trasciende la adversidad

Alicia Lázaro es boliviana, vive en Ugarteche, y a pesar de las miles de dificultades que arrastra desde hace años, nada le impidió cumplir con lo que ya tenía decidido en el corazón: participar del Vía Crucis en el Calvario de Carrodilla, en Luján de Cuyo.

Todo parecía estar en contra. Pero su decisión ya estaba tomada. Ni la salud, ni la falta de dinero, ni el clima, ni el dolor le ganaron la pulseada. El jueves, mientras trabajaba en la cosecha, se pegó un fuerte golpe. Mostró su hombro, con un enorme moretón, como prueba de su dura labor.

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La fe que nunca se agota. El Vía Crucis comenzó temprano pese al clima desapacible.

La fe que nunca se agota. El Vía Crucis comenzó temprano pese al clima desapacible.

Aun así, este viernes, con el cuerpo dolorido y la fe intacta, se levantó a las 5 de la mañana. La lluvia no había dado tregua en su localidad, pero ella tomó el colectivo como pudo. Más de una hora después, ya estaba cerca de los fieles que comenzaban la procesión.

Alicia está acostumbrada al sacrificio. Y también a la soledad. En medio del clima desapacible y sin casi un peso para volver, corrió para alcanzar el colectivo, pero lo perdió. Fue en ese momento cuando se animó a contar su historia.

"Pido a Dios que no me falte la comida"

“Llegué de Potosí huérfana, siendo una adolescente. No tenía nada. Dormía entre las cajas de tomate. Llevaba una vida sacrificada y aún lo es, porque apenas se gana para llenar la barriga”, cuenta con sinceridad. A pesar de todo, su rostro se ilumina cuando habla de gratitud. Superó varios problemas graves de salud y, como si fuera poco, Mendoza le regaló lo más valioso: una hija. “Buena y estudiosa”, dice con orgullo.

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Pedir, agradecer, rezar. El Viernes Santo congregó a mucha gente en el Vía Crucis en Carrodilla.

Pedir, agradecer, rezar. El Viernes Santo congregó a mucha gente en el Vía Crucis en Carrodilla.

“Entonces decidí venir a este Vía Crucis. Sentía que tenía que estar. Hay mucho para pedir, pero también para agradecer. Fue una energía especial la que me trajo hasta acá”, confiesa, con su sonrisa grande y su dentadura blanca. “Diosito”, como ella lo llama, también le puso en el camino el impulso de contar su testimonio. “Por algo será”, repite.

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Dolorida por un golpe que se dio mientras cosechaba en Ugarteche, sin dinero y con lluvia. El Vía Crucis pudo más.

Dolorida por un golpe que se dio mientras cosechaba en Ugarteche, sin dinero y con lluvia. El Vía Crucis pudo más.

Llegó muy temprano, cuando recién comenzaban a reunirse los fieles en la parroquia Nuestra Señora de La Carrodilla. Las calles estaban cortadas, las nubes amenazaban, y ella, sola, se mezcló entre la multitud. “Iba a venir con una amiga, pero al final no pudo. Creo que a las 7 ya estaba en pleno Vía Crucis. Me duele ver a la gente con problemas”, dice con humildad, como si ella no los tuviera. Pero se siente fuerte: “He pasado tantas enfermedades que me siento poderosa”.

Su infancia fue dura y marcada por la pérdida temprana de su mamá. Llegó a la Argentina buscando un futuro mejor. Aunque el trabajo no le falta, muchas veces no le alcanza. Cosecha de todo: aceituna, ajo, tomate, zapallo. Días buenos y días en que no se gana ni para el pan.

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Desde temprano los fieles se sumaron al calvario de Carrodilla.

Desde temprano los fieles se sumaron al calvario de Carrodilla.

“Trabajo para un patrón en una finca. Hay veces que algo se gana, pero otros días está difícil. Es un trabajo muy sacrificado. Le pido a Dios que no me falte nunca para la comida”, repite.

Finalmente, la suerte estuvo de su lado: al perder el colectivo hasta la plaza de Luján, donde se tomaría otro micro para regresar a Ugarteche, la misma periodista con la que abrió su corazón, la llevó en su vehículo. Durante el trayecto siguió contando historias de su vida sacrificada. Y confesó: "Empecé a estudiar porque no sé leer".

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Alicia caminó bajo la lluvia, todavía con dolor y sin dinero. Pero llegó. Ella asegura: "Cuando el corazón decide, no hay nada que lo detenga".

La fe que se hereda y se transmite en el Vía Crucis

Lorena Valdez llegó muy temprano desde Fray Luis Beltrán, en Maipú. No lo hizo sola: la acompañaban sus dos hijos, Thiago y Micaela, con quienes comparte una misión muy clara. “Quiero que ellos, desde chicos, caminen conmigo en la fe en Dios. Así como mis padres me traían cuando yo era niña, ahora soy yo la que los guía”, cuenta, con una mezcla de orgullo y ternura.

Católica y convencida, Lorena no dudó en madrugar este feriado de Viernes Santo para estar presente en uno de los primeros Vía Crucis del día, que se renuevan cada hora en el Calvario de Carrodilla.

Lorena Valdez, a la izquierda, junto a sus hijos Thiago y Micaela..jpg
Lorena Valdez, a la izquierda, junto a sus hijos Thiago y Micaela.

Lorena Valdez, a la izquierda, junto a sus hijos Thiago y Micaela.

“Creo que la fe es lo que me mueve. Soy creyente, soy agradecida. Aunque hoy el sentido religioso parece desdibujarse, yo trato de seguir por este camino. Porque lo creo, lo siento, lo vivo”, afirma con firmeza.

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El Vía Crucis fue una ocasión para vender. Este viernes la primera procesión comenzó muy temprano.

El Vía Crucis fue una ocasión para vender. Este viernes la primera procesión comenzó muy temprano.

Lorena es agricultora. Cada día, al igual que en este viernes frío y lluvioso, se levanta temprano para enfrentar las jornadas del campo. Pero hoy el sacrificio fue otro: un acto de amor, de fe y de transmisión espiritual. En silencio, con sus hijos a su lado, caminó en procesión con una mezcla de devoción y esperanza.

Luis, el panadero que estuvo de parabienes en medio del vía crucis

Luis tiene una confitería y panadería justo en la calle principal que desemboca en la parroquia de Nuestra Señora de la Carrodilla. Y este Viernes Santo no fue la excepción: el local estuvo lleno desde temprano. La lluvia y el frío jugaron a su favor, pero Luis sabe que hay algo mucho más grande detrás de la concurrencia.

“Todos los años es increíble ver la fidelidad de la gente. Hay algo que se renueva en cada Vía Crucis… Es un ritual que se cumple con alegría, con devoción. Y yo lo disfruto. Lo vivo desde mi lugar observando el ir y venir de los peregrinos”, dice.

Los fieles se reúnen desde hace años en el calvario. Para Luis, que tiene un comercio en las inmediaciones, es un día festivo..jpg
Los fieles se reúnen en el calvario que es punto de encuentro del Vía Crucis.

Los fieles se reúnen en el calvario que es punto de encuentro del Vía Crucis.

Mientras sirve café caliente y medialunas, contempla a las familias que pasan frente a su vidriera. Algunos apurados, otros en silencio, otros en plena reflexión.

“La Virgen de la Carrodilla guarda miles de historias. Yo veo muchas de ellas pasar por esta vereda. Esta peregrinación del Vía Crucis es, sin dudas, la más importante de Mendoza. Y yo tengo la bendición de vivirla cada año desde acá”, concluye.

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