Fútbol, autos y un recuerdo

Padre e hijo mendocinos cruzaron el continente para vivir un Día del Padre a pleno Mundial

Fernando Arener y su hijo Juan Ignacio emprendieron una aventura que recordarán para siempre. Viajaron a Dallas para ver a Argentina y compartieron juntos el Día del Padre

Mientras miles de familias mendocinas se preparaban para compartir un almuerzo o una sobremesa por el Día del Padre , Fernando Arener y su hijo Juan Ignacio vivieron una celebración muy distinta. Este domingo no estuvieron en Las Heras ni en Mendoza. Tampoco alrededor de una mesa familiar. Estuvieron en Dallas, Estados Unidos, rodeados de camisetas argentinas, banderas celestes y blancas y la ilusión de ver a la Selección en pleno Mundial.

Lo que para muchos es apenas un viaje futbolero, para ellos representa mucho más. Es una experiencia compartida entre padre e hijo, una de esas aventuras que quedan grabadas para siempre y que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en los mejores recuerdos familiares.

Fernando es de Racing y Juani de Boca, pero a la hora del Mundial los unen los mismos colores. Este domingo no estuvieron en Las Heras ni en Mendoza. Tampoco alrededor de una mesa familiar. Estuvieron en Dallas, Estados Unidos.

Fernando es de Racing y Juani de Boca, pero a la hora del Mundial los unen los mismos colores. Este domingo no estuvieron en Las Heras ni en Mendoza. Tampoco alrededor de una mesa familiar. Estuvieron en Dallas, Estados Unidos.

Fernando tiene 65 años y es presidente de una empresa constructora familiar. Juan Ignacio, de 30, trabaja junto a él mientras termina las dos materias que le faltan para recibirse de ingeniero civil en la UTN. Comparten el trabajo, las charlas cotidianas y una pasión enorme por el deporte, aunque no por los mismos colores: Fernando es fanático de Racing y Juani es un apasionado hincha de Boca.

Sin embargo, hay algo que los une por encima de cualquier rivalidad futbolera: la Selección argentina.

Padre e hijo planificaron un viaje inolvidable para ver a la Selección

Por eso comenzaron a planificar este viaje que los llevó a vivir una semana inolvidable en Texas y luego continuar rumbo a Miami. Ya tienen aseguradas las entradas para el segundo y tercer partido de Argentina y diseñaron un itinerario que refleja a la perfección la relación que construyeron durante toda una vida.

No será únicamente fútbol: habrá velocidad, aventuras y experiencias que ambos soñaban compartir.

Tienen reservado un circuito profesional para manejar un Porsche, visitarán un tradicional rodeo texano en Fort Worth y hasta probarán suerte en un campo de tiro, una experiencia muy típica del sur estadounidense. Son actividades que eligieron juntos y que convierten al viaje en algo mucho más amplio que una simple escapada mundialista.

"Es un viaje muy de hombres", resume Juani entre risas.

La bandera en la casa de Fernando, que los acompañará en el viaje y que recuerda al tío Rubén, que ya no está y era una figura importante en la familia.

La bandera en la casa de Fernando, que los acompañará en el viaje y que recuerda al tío Rubén, que ya no está y era una figura importante en la familia.

La frase no tiene que ver con estereotipos sino con una complicidad construida durante años. Porque detrás de cada actividad aparece la excusa perfecta para seguir compartiendo tiempo juntos.

Para Fernando, que este año cumple 65 años, no existe mejor regalo.

"Compartir con mi hijo un Día del Padre es lo mejor que me puede pasar. Estar al lado de mi hijo y de mi familia es lo más importante. Y encima vivirlo viendo un Mundial juntos es algo único. No puedo pedir nada más", cuenta.

Los momentos compartidos entre un padre y un hijo

Las palabras tienen un peso especial porque nacen de alguien que aprendió a valorar los momentos compartidos. Cuando llegó a Mendoza desde Santa Fe junto a su esposa, apenas comenzaba una nueva etapa de vida. No tenían demasiado dinero ni grandes certezas sobre el futuro. Lo que sí tenían eran ganas de trabajar y construir algo propio.

Con los años levantaron una familia, una empresa y una historia que hoy continúa en la siguiente generación.

Juani creció viendo ese esfuerzo.

Y también creció acompañado por una figura muy especial: su tío Rubén.

Lo menciona varias veces durante la charla porque resulta imposible entender este viaje sin nombrarlo. Rubén fue el mejor amigo de Fernando cuando ambos llegaron a Mendoza. Vivían prácticamente al lado, en el barrio 17 de Octubre de Las Heras, y con el tiempo se convirtió en mucho más que un amigo de la familia.

Fue padrino, consejero y compañero de vida. "Fue como mi segundo padre", dice Juani.

Fernando y Juani, que es "casi" ingeniero, trabajan en la misma empresa familiar. Y ahora pudieron darse el lujo de seguir al plantel argentino.

Fernando y Juani, que es "casi" ingeniero, trabajan en la misma empresa familiar. Y ahora pudieron darse el lujo de seguir al plantel argentino.

También fue quien logró algo que Fernando nunca pudo: hacerlo hincha de Boca.

Rubén falleció hace apenas tres meses y su ausencia todavía duele. Por eso padre e hijo decidieron que también estaría presente en esta aventura mundialista.

Mandaron a hacer una bandera especial que los acompañará durante todo el recorrido por Estados Unidos. Allí aparece su nombre, porque sienten que de alguna manera seguirá viajando junto a ellos.

"Él sabía que íbamos a venir al Mundial y estaba orgulloso de este viaje. Teníamos que traerlo con nosotros", explica Juani.

Esa bandera será mucho más que un pedazo de tela colgado en una tribuna. Será una forma de recordar a alguien importante mientras viven una experiencia irrepetible.

Quizás por eso este Día del Padre tenga una carga emocional distinta.

Un tío que era como otro padre

Juani reconoce que la muerte reciente de su tío también lo hizo reflexionar sobre el paso del tiempo y sobre la importancia de disfrutar a quienes uno quiere mientras puede hacerlo.

"La verdad es que me siento agradecido. Después de lo que pasó con mi tío, uno entiende que hay que aprovechar estos momentos. Nuestros padres no son eternos. Poder compartir algo así con mi viejo es un privilegio enorme", admite.

La emoción aparece cuando habla de la relación que tienen.

"Me siento agradecido y privilegiado", resume Juani, que está en Dallas viviendo un sueño. Su padre dice que no puede pedir nada más.

"Me siento agradecido y privilegiado", resume Juani, que está en Dallas viviendo un sueño. Su padre dice que no puede pedir nada más.

No son de abrazarse todo el tiempo ni de decirse constantemente cuánto se quieren. Como ocurre en muchas familias argentinas, los sentimientos suelen expresarse de otras maneras: a través de un viaje, una charla, una pasión en común.

"Y este viaje es una forma de compartir algo que a los dos nos apasiona", cuenta.

Por eso el domingo, mientras en Argentina se celebraban los encuentros familiares tradicionales, ellos probablemente estuvieron participando de uno de los clásicos banderazos que organizan los hinchas antes de cada partido de la Selección.

Miles de argentinos cantando lejos de casa, miles de personas unidas por una camiseta y un padre junto a su hijo disfrutando un momento que quedará guardado para siempre.

El partido y la emoción en la cancha

Después llegará el partido y la emoción de ver salir al equipo a la cancha.

Y también vendrán las anécdotas que más adelante se repetirán una y otra vez en cada reunión familiar.

Porque más allá de los resultados, de las entradas o de las ciudades que visiten, lo verdaderamente valioso de este viaje ya ocurrió.

"Mi tío Rubén fue un segundo padre para mí. Falleció hace tres meses y lo recordamos todos los días", dijo Juan Ignacio.

"Mi tío Rubén fue un segundo padre para mí. Falleció hace tres meses y lo recordamos todos los días", dijo Juan Ignacio.

Sucede cada vez que se sientan a planificar una nueva actividad.

Cada vez que recuerdan a Rubén y cada vez que imaginan el próximo partido.

Fernando y Juani eligieron celebrar a miles de kilómetros de Mendoza, persiguiendo a la Selección por Estados Unidos. Y aunque el Mundial les regale partidos, estadios y postales inolvidables, seguramente lo que más recordarán dentro de algunos años será algo mucho más simple: haber tenido la oportunidad de vivir esta aventura uno al lado del otro.