No sale en las estadísticas. A nadie se le ocurre hacer una de algo tan mundano, común, insignificante,... pero es la realidad.

Unos pensarán que lo que más se roba es plata, autos, las mangueras de los patios de los frentes de las casas, los enanitos de jardín, los libros, los chocolatines del super, las medias de los tendederos…
No, lo que más se roban son los ceniceros de los bares. Algunos dicen que este flagelo es solo superado por el robo de biromes y encendedores, pero no hay datos ciertos y esta teoría corre por estricta cuenta de quienes la sostienen.

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“Disculpame que no te traiga cenicero, pero hace dos días compramos 15 y ahora solo quedan 3”, dice la mesera.

La muchacha atiende las mesas de un bar de San Martín, las que están en la vereda y que son elegidas por los fumadores. Pero podría ser la de cualquier bar de Mendoza, de Argentina, quizás de la mayoría de los bares del mundo en donde hay costumbre de pitar mientras se bebe.

Los ceniceros son de los objetos más hurtados, vaya a saber uno por qué.

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No se debe a que sean llamativos. Los clientes se llevan los que son pintorescos y también los que son toscos, comunes. Y no se los llevan porque no tengan en sus lugares de trabajo o en su casa. Se los llevan casi por hobby, por deporte.

Así, de esta manera, se extinguieron los ceniceros de chapa de Cinzano y Gancia que abundaban en los bares y las pizzerías. Ahora solo pueden encontrarse como objetos de colección en las estanterías de las casas.

Este mal es tan común y tan antiguo que se podría asegurar que en las casas ya nadie tiene ceniceros comprados, todos son robados de algún bar.

Esta teoría la puede confirmar cualquiera si le pregunte al mozo que los atiende en este momento. Él les dirá.

Si no, hagamos una prueba: ¿Quién recuerda el origen de sus propios ceniceros, eh? Quizás el inconsciente haga trampa y el tipo asegure no recordarlo o, en su defecto, atribuya su presencia a una tía solterona que anduvo de viaje por Europa y lo trajo de souvenir. Pero no será cierto. Los ceniceros de todo el mundo son robados. Yo mismo tengo uno que dice “Ferro Quina Bisleri” y que no sé cómo llegó a casa.

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