Hay que saberlo: en medio de las sierras de San Luis existe un rincón mágico donde el ruido de los motores directamente no tiene lugar. Se trata de La Carolina, un antiguo pueblo minero que fue declarado oficialmente como uno de los más bellos de la Argentina. Ubicado a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar, este destino cautiva a los visitantes con su aire puro y un imponente paisaje de cerros, quebradas y arroyos cristalinos. Y de yapa, una pintoresca conexión con el oro.
Oro, túneles secretos y autos prohibidos: la fascinante historia de un pueblo argentino mundialmente premiado
La historia de este pueblo de San Luis a más de 1.600 metros de altura propone desconectarse este invierno con su encanto minero
Un túnel en la mina de oro, donde guías especializados relatan historias que dieron identidad al pueblo. Foto: ANSL.
Para estas vacaciones de invierno, la localidad se convierte en el escenario perfecto para desenchufarse de la rutina gracias a su iniciativa "Pueblo Peatonal". La propuesta invita a los turistas a caminar sin apuro por sus calles de piedra y descubrir fachadas históricas, iglesias antiguas y casas de adobe que conservan intacta la mística del lugar.
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La historia de La Carolina cambió por completo a fines del siglo XVIII, cuando el descubrimiento de grandes vetas de oro lo convirtió en uno de los centros mineros más importantes de Argentina.
Hoy, la gran aventura para los viajeros consiste en realizar excursiones a las antiguas minas, ingresando a túneles que guardan los relatos y las técnicas de extracción de oro de aquella época dorada.
Pero el atractivo no se limita a las profundidades de la tierra. El pueblo es el punto de partida ideal para realizar trekking hacia el Cerro Tomolasta o transitar el Camino del Oro, un trayecto que atraviesa la sierra central y conecta con la localidad de San Francisco del Monte de Oro.
Además, a corta distancia se encuentra la Gruta de Inti Huasi, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del continente, donde se hallaron restos de los primeros habitantes de América, recuerda el sitio oficial ANSL.
Para coronar la experiencia turística, los restaurantes y casas de té familiares ofrecen una excelente propuesta gastronómica con platos tradicionales y productos artesanales de la región, ideales para disfrutar después de una caminata bajo el sol del invierno puntano.