El origen de la tradición de los huevos de Pascua es casi tan difuso como el del árbol de Navidad. La historia (también las leyendas y la mitología) sitúa el origen de esta costumbre en los días siguientes a la resurrección de Cristo. Al parecer, según esta misma leyenda, la portadora del primer huevo de Pascua de la historia fue María Magdalena.
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Según la versión occidental, tras la muerte y resurrección de Jesús, María Magdalena fue a evangelizar al sur de Francia. En el libro "Descodificando a María Magdalena: verdad, leyendas y mentiras", se contempla esa posibilidad y se recoge que la amiga de Cristo tuvo una cena con el emperador de Roma.
En ese encuentro con Tiberio, María Magdalena, que llevaba un huevo en su regazo, le dio la noticia de que Jesús había resucitado. Tiberio se rio, incrédulo, y le dijo que "un hombre puede volver de la muerte tan fácil como el huevo que tiene en su mano puede volverse rojo". En ese mismo instante, el huevo se puso de color rojo.
Es con esta leyenda con la que se explica el origen de los huevos de Pascua en muchos lugares del mundo. De hecho, en las iglesias ortodoxas, la costumbre de compartir huevos rojos en Pascua todavía persiste.
Obviamente la tradición ha ido actualizándose y se ha mezclado con otras. Por ejemplo, para algunas culturas como la fenicia esta época del año se asocia con la fertilidad. Los fenicios decidieron que nada mejor para representar el inicio de la primavera y la fertilidad que el huevo y la liebre.
Quizá por eso en Reino Unido la tradición cuenta que el conejo de Semana Santa esconde los huevos de Pascua durante la noche del domingo de Resurrección para que los niños los busquen durante el día siguiente, en un juego que se conoce como la "caza del huevo".
Postre de chocolate
En Europa continental es donde la tradición ha derivado en postre. En Austria se invita a los niños a que busquen en el bosque o en los parques huevos pintados y chocolatinas. En España, es costumbre comer los huevos o monas de Pascua. El huevo de chocolate es algo muy extendido, pero es en Cataluña y Valencia donde han hecho de las monas un homenaje a la vista.
En estas regiones, se cree que los huevos de chocolate surgieron porque la iglesia desaconsejaba comer huevo en Cuaresma. Por esta razón, y como las gallinas seguían poniendo, se convirtió en costumbre regalar a los amigos una cesta con huevos frescos que se decoraban para que tuvieran un significado especial.
Más tarde, a partir del siglo XII, la tradición derivó en que los padrinos regalaban a sus ahijados un panecillo y dos huevos. Según algunos expertos, el chocolate entró en escena a partir del siglo XVIII.
Y de ahí a las monas y las construcciones que cada Semana Santa adornan los escaparates de las pastelerías. Varias fuentes apuntan a que la palabra mona proviene del árabe "munna", que significa "regalar".
Leyenda del “conejo de Pascua”
El conejo de Pascua tiene su origen en la era precristiana entre los pueblos del norte de Europa, ya que el conejo es símbolo de la fertilidad relacionado con las fiestas por la primavera en las tradiciones germana, celta y escandinava.
Su alta capacidad de procreación hacen que también sea vinculado con la diosa germana Ostara, también conocida como Eostre, quien a se le rendía tributo cuando llegaba la primavera.
La teoría fue retomada por diversos autores desde el siglo XVII, quienes ven la similitud del nombre de la diosa con el nombre de la Pascua en inglés: Easter.
En Fenicia, Astarté era la diosa de la fertilidad, así que algunos autores consideran que en alusión a ella también puede ser la designación de Easter en algunos países centro europeos.
