El reciente descubrimiento sobre el ocaso de los antiguos habitantes de Europa plantea un escenario mucho más intrincado de lo que la ciencia estimaba anteriormente. Hace unos 37.000 años, pequeños grupos de individuos se refugiaban en el sur de la Península Ibérica, ajenos a que representaban los últimos vestigios de su linaje. Tras dominar entornos hostiles durante casi medio millón de años, su desaparición definitiva ocurrió hace aproximadamente 34.000 años, dejando tras de sí una incógnita sobre la responsabilidad de los humanos modernos en este proceso.
Nuevo descubrimiento finalmente podría revelar qué terminó con los neandertales
Un complejo estudio llevó a un descubrimiento esperado: cómo el encuentro con nuestra especie sellaron el destino de los neandertales en Eurasia
Diversas investigaciones sugieren que la extinción no respondió a una única causa violenta, sino a una combinación de factores biológicos y sociales. Los estudios genéticos indican que estas poblaciones presentaban una baja diversidad y grupos sociales reducidos, compuestos a menudo por menos de veinte adultos. Esta fragmentación derivó en una endogamia severa que dificultó la eliminación de mutaciones perjudiciales, debilitando la salud de las nuevas generaciones frente a la expansión de los neandertales hacia su desaparición.
El impacto de la evolución en la supervivencia
La evolución marcó diferencias fundamentales en las capacidades de adaptación entre ambas especies. Aunque compartieron un ancestro común hace cientos de miles de años, el desarrollo cerebral tomó caminos distintos. Las evidencias actuales señalan que los humanos poseían una mayor densidad de neuronas en áreas vinculadas al pensamiento complejo y una mejor conectividad, lo que facilitó una toma de decisiones más rápida durante la caza y la recolección de alimentos.
Mientras los neandertales fabricaban herramientas sofisticadas y elementos ornamentales, no existen pruebas claras de que desarrollaran armas de proyectil de largo alcance. Esta limitación tecnológica, sumada a una estructura social más aislada, pudo otorgar una ventaja competitiva determinante a los grupos de Homo sapiens. El intercambio cultural y la innovación fluyen con mayor velocidad en poblaciones grandes, una característica que los grupos pequeños de la época difícilmente podían sostener.
Un proceso de asimilación y contacto
Existe una teoría que propone que el descubrimiento de ADN compartido no es producto de encuentros casuales, sino de una asimilación paulatina. Al ser una población mucho más numerosa, los humanos pudieron absorber a los grupos restantes a través del mestizaje. Este flujo genético persistente explicaría por qué parte de su código biológico sobrevive en las personas actuales, aunque la identidad del grupo como tal se haya desvanecido hace milenios.
Los yacimientos arqueológicos en lugares como el sur de España muestran que el final fue un mosaico de situaciones regionales. En algunos puntos, las comunidades simplemente se extinguieron por causas naturales o aislamiento, mientras que en otros hubo una clara convivencia. La evolución no dictó un destino uniforme para todos; algunos grupos desaparecieron tras desastres naturales, como erupciones volcánicas, y otros se integraron en la marea creciente de nuestra especie.
La desaparición de los neandertales constituye uno de los capítulos más profundos de la prehistoria. Los restos óseos con signos de violencia no permiten confirmar si las heridas fueron causadas por conflictos entre especies o disputas internas. Por lo tanto, la ciencia prefiere hablar de una "tormenta perfecta" de presiones ambientales y demográficas que terminó por favorecer a los recién llegados de África.






