Nueva longevidad

Nueva longevidad, la idea que cambia todo lo que creías sobre envejecer bien

Un experto argentino en envejecimiento derriba el mito de que vivir muchos años es garantía de vivir bien. Los datos de longevidad del INDEC muestran por qué

Vivir muchos años dejó de ser la meta. La nueva longevidad, un concepto que gana terreno en la medicina, propone algo distinto: llegar a viejo con vínculos, propósito y autonomía. Lo explica el médico argentino Diego Bernardini, uno de sus principales divulgadores, y los datos del INDEC muestran por qué la discusión ya llegó a la Argentina.

Vivir más no es lo mismo que vivir mejor

Bernardini, médico graduado en la Universidad de Buenos Aires y docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata, trabaja hace tres décadas con adultos mayores. Su tesis, que desarrolló en una entrevista con EFE Salud, es que el debate público se equivocó de pregunta: no se trata de cuántos años vamos a vivir, sino de en qué condiciones.

La nueva longevidad, en su definición, es vivir incluido, participar, seguir siendo consumidor, votante, cuidador. Es sostener la dignidad de la persona más allá de la fecha de nacimiento.

Y arranca, dice, en una decisión personal: asumir cambios chicos y sostenidos. Moverse más, comer mejor y —sobre todo— cultivar vínculos profundos. No los conocidos de siempre, sino las personas con las que uno comparte lo bueno y lo malo. A eso le suma la pregunta por la trascendencia: qué se deja, a quién, para qué. Sin un proyecto que dé sentido, advierte, llegar a los cien años no significa demasiado.

Moverse más, comer mejor y, sobre todo, cultivar vínculos profundos.

Moverse más, comer mejor y, sobre todo, cultivar vínculos profundos.

El código postal pesa más que los genes en la longevidad

Bernardini, que fue asesor de la Organización Mundial de la Salud, lo resume con una frase que en salud pública ya es casi un axioma: "más importante que el código genético es el código postal".

Se refiere a los determinantes sociales de la salud. Traducido: la expectativa de vida de una persona depende en buena medida de dónde vive. Un barrio densamente poblado, sin espacios verdes ni infraestructura sanitaria cerca, acorta la vida de sus vecinos. Un barrio con parques, veredas caminables y centros de salud accesibles, la extiende. No es genética. Es urbanismo, es transporte, es presupuesto.

Los números argentinos le dan la razón

La Argentina ya es uno de los países más envejecidos de América Latina, junto con Uruguay, Chile y Cuba. Los datos oficiales lo confirman:

  • 15,7% de la población tiene 60 años o más (INDEC, Censo 2022). Se proyecta que supere el 20% hacia 2040.
  • 76,6 años de esperanza de vida general: 80,5 en mujeres y 72,7 en varones.
  • 8.405 personas superan los 100 años, según registros del RENAPER de enero de 2025. De ellas, 6.274 son mujeres y 2.131 varones.
  • 1.797 personas de más de 95 años en la provincia de Mendoza, de las cuales 1.287 son mujeres y 510 varones, según el último censo de población 2022.

Ese último número explica lo que Bernardini llama "la lente de género": a mayor edad, mayor presencia femenina. Y muchas de esas mujeres quedan en situación de vulnerabilidad, porque enviudaron, perdieron el ingreso del hogar o nunca accedieron a una jubilación propia. La longevidad, sin política pública, profundiza una desigualdad que ya existía.

El riesgo de romantizar la vejez

El especialista es duro con la ola de contenidos sobre longevidad: cree que se está romantizando una etapa de la vida que, para mucha gente, es dificilísima. Después de treinta años de consultorio, su conclusión es que la diversidad es la regla: hay adultos mayores que están muy bien y otras que están muy mal, y meterlas en la misma bolsa optimista no ayuda a nadie.

También apunta al mundo del trabajo. Reclama que la jubilación sea un derecho y no una obligación, y que el retiro sea gradual en lugar de un corte abrupto. Una charla informativa seis meses antes y una cena de despedida, dice, no son un plan de transición.

Su diagnóstico político es igual de crudo: las medidas que benefician a las personas mayores tienen alto costo político y poco rédito inmediato. Por eso nadie las toma.

La nueva longevidad no promete más años. Propone algo más difícil: discutir qué hacemos con los que ya vivimos. Mientras la industria del bienestar vende suplementos y protocolos, la evidencia insiste en lo aburrido y lo colectivo: moverse, comer bien, tener amigos y vivir en un barrio que no te enferme.

FUENTE: EFE Salud