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Un clásico

Cómo nació la tradición de regalar huevos y conejos de chocolate en las Pascuas

No me diga que a los huevos de Pascua los trae el conejo… Hablo de la tradición de fabricarlos y consumirlos, en esta festividad. Hay que decir que algunas tradiciones se pierden en la noche de los tiempos. Se les puede adjudicar uno u otro origen y todos suelen ser válidos, porque la historia se despliega así…

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¿Alguna vez se preguntó de dónde viene esta costumbre?

La respuesta no es tan sencilla. Tenemos que ir a la antigua Babilonia, unos XVIII siglos antes de la era Cristiana. Sí, leyó bien; es decir unos 1700 y pico de años antes del nacimiento de Jesús. En esa zona, la mesopotamia asiática, encontramos la cuna de la civilización occidental (y para muchos de toda la humanidad) entre los ríos Tigris y Éufrates. Hoy es la convulsionada Irak.

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Allí, dicen los estudiosos del tema, se le rendía culto a la diosa Astarté, a quien estaba dedicado este mes del año, por ser el comienzo de la primavera (claro, Hemisferio Norte). También fue la cuna de la Astrología. El Equinoccio, la primera Luna Llena y el domingo siguiente la Pascua. Con distintos nombres para meses y para los días de la semana, un calendario muy similar al actual.

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Pascua era una festividad de vida, de fertilidad. En algunos países centroeuropeos a esta festividad se la denomina "Easter" que era precisamente el nombre con el que se conocía a esa antigua deidad, “de la luz y de la primavera”.

Astarté-Ischtar es la la misma Diosa Madre que recibió otros muchos nombres: por ejemplo, los fenicios-cartagineses conocieron como Tanit, los egipcios como Isis, en los países nórdicos fue Easter, para los griegos Afrodita y para los romanos Venus.

Los asirio-babilonios, buenos astrónomos, la identificaban con una de las estrellas más brillantes que observaban en el cielo y la denominaban “la estrella de suave fulgor”. Unas veces salía antes del Sol (lucero matutino) y otras se ocultaba después del astro rey. (lucero vespertino). Este pasaje –donde desaparecía de la vista y luego volvía a aparecer- despertaba mucha curiosidad y se lo vinculaba con una resurrección. Por eso se la denominaba Reina del Cielo.

Ahí aparecen los huevos, no de chocolate, eso es muy posterior. Eran huesosa frescos o cocidos, que se pintaban y se repartían como signo de abundancia y prosperidad, después del crudo invierno de esa zona.

Había mitos que explicaban el origen del mundo (mitos primordiales) a partir de un huevo cósmico. Según el primigenio mito de la Creación de los babilonios, un huevo de gran tamaño cayó desde el cielo al río Éufrates.

De este maravilloso huevo fue engendrada la diosa Astarté. Por esto el símbolo del huevo llegó a ser asociado con dicha diosa. Ella representaba el culto a la madre naturaleza, a la vida y a la fertilidad, así como la exaltación del amor y los placeres carnales. Con el tiempo se tornó en diosa de la guerra y recibía cultos sanguinarios de sus devotos. Se la solía representar desnuda o apenas cubierta con velos, de pie sobre un león o acompañada de algún tipo de bestia o animal.

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Esta creencia originada en Babilonia se expandió con rapidez por todo el mundo: los antiguos druidas de las culturas celtas llevaban un huevo como emblema sagrado de su fe; los egipcios lo asociaron con el sol y los huevos coloreados eran usados como ofrenda de sacrificio durante las fiestas de Isis; y hasta en China y en Japón se adoptó esta creencia, considerando el huevo de Pascua como símbolo de vida y resurrección.

¿Y el conejo?

En aquellos lejanos tiempos, el conejo era un símbolo de la fertilidad (por su capacidad de reproducción) asociado con la diosa Astarté. Estaba dedicado a ella. Pero no repartía huevos. Estos eran repartidos por la misma gente.

Recién en el siglo VIII de nuestra Era Cristiana, se celebró la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en esta época del año, haciéndola coincidir con la Pascua y convirtiéndose en Pascua de Resurrección. Con el auge del cristianismo, el huevo encontró una fecha ideal para ser regalado: La Iglesia prohibía comer huevos durante la Cuaresma. Ese domingo se levantaba la prohibición. Las mujeres los guardaban y pintaban para ser consumidos recién allí.

Por allí aparece una leyenda algo absurda sobre un conejo que estaba en el Sepulcro donde depositaron el cuerpo del Maestro y lo vio resucitar. Como no podía hablar, comenzó a repartir huevos –no se dice de dónde los sacaba- para anunciar a todos ese hecho milagroso.

Como era de esperar, aquella costumbre europea fue introducida a América por los misioneros. De aquí procede el cacao, planta sagrada para algunos pueblos originarios. El chocolate, hoy lo sabemos, aumenta las endorfinas y da felicidad. En el siglo XIX se empezaron a fabricar en Europa huevos de chocolate.

Lo demás es conocido

Así, si va a comprar un huevo de chocolate en estas Pascuas –si le da el bolsillo- sepa que está continuando una costumbre de 38 siglos, que estaba dedicada a La Reina del Cielo, Astarté.

Columna de Alicia Contursi

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