El ciclismo de Mendoza lo hizo famoso y querible y él hizo famoso y querible al ciclismo de Mendoza. Apasionado por el deporte de los pedales, Santiago Pizarro -fallecido este miércoles a los 88 años- es justificadamente llamado el "decano de los fotógrafos de Mendoza".
Murió Santiago Pizarro, el decano de los fotógrafos de Mendoza
La noticia de su muerte causó una gran conmoción en el ámbito de los medios de comunicación y por supuesto también en el deporte y mucho más en el ciclismo, actividad de la que fue un referente, incluso más allá de los fronteras de la provincia.
Su nombre se lo vinculó siempre con el ciclismo y no está mal, por todo lo que le dio a ese deporte, que fue su gran pasión. Pero su trayectoria abarcó mucho más a través de sus distintos trabajos en los diarios Mendoza y UNO y en Prensa del Gobierno.
Da cuenta de ello el impresionante archivo en su casa de Godoy Cruz, en el que está retratada gran parte de la historia de Mendoza, en todos los formatos, desde los más modernos que incluyen digitalizaciones hasta los viejos negativos, que siempre se esmeró en tenerlos bien cuidados y a resguardo y a los que supo individualizar fácilmente con su experta mirada fotógrafa.
Allí se pueden encontrar imágenes increíbles de la Mendoza de los años '40, '50, casamientos, cumpleaños, actos políticos, dirigentes de todos los colores y por supuesto... mucho deporte y mucho más carreras de bicicletas.
Él también fue ciclista
Hay que aclararlo: su amor por el ciclismo, no nació de la fotografía. Se remonta a su juventud y se extiende a su vejez. Sin dudar, puede decirse que anduvo en bici desde que se crió hasta los últimos días. Tanto pedaleó siempre que una vez se entusiasmó y se animó a correr. Sí, pocos lo saben, pero Santiago fue ciclista. Le gustaba mucho participar en las competencias de largo aliento. Por muchos años fue uno de los destacados integrantes del pelotón en las carreras que por entonces se llamaban "de resistencia".
Varios trofeos en su casa certifican su categoría de pedalista. Eran tiempos en que se corría por calles de tierra y con bicis pesadas, de no más de dos piñones. Pizarro era de los buenos pero él mismo contó que "los demás eran mejores y yo no podía con ellos".
Dejó de competir pero siguió ligado a la disciplina, como dirigente en la Asociación Ciclista Mendocina, en representación de Andes Talleres.
Pero claro, había que ganarse la vida y buscar algún trabajo. Santiago no sólo sabía andar en bicicleta: era hábil con las manos para hacer trabajos de carpintería y de pintura. De hecho, muchos de los muebles de su casa los fabricó él mismo.
Luego llegó la oportunidad de un trabajo fijo en la Casa de Gobierno y allí entró como fotógrafo. "No me acuerdo en qué año", decía últimamente a quién le preguntara. No entró por tener un vínculo político, sino por su capacidad. Por ello es que se sostuvo con el paso de los distintos gobiernos, en dictadura, radicales y peronistas.
Santiago Pizarro en los medios
En 1969 sumó un nuevo empleo cuando nació el Diario Mendoza y Santiago formó parte del equipo de fotografía en el que estuvo hasta el cierre del matutino, en 1990. Apenas tres años después, en 1993, fue parte del nacimiento de otro diario, el UNO. En este medio estuvo hasta que accedió a la jubilación.
Así volvió al ciclismo, ya no como corredor ni como dirigente, sino como reportero y pasó entonces a ser un verdadero fotoperiodista. Conocer todos los secretos de este deporte le permitió convertirse en un experimentado. Y entonces comenzaron a aparecer esas imágenes imborrables del Cruce de Los Andes primero y de la Vuelta de Mendoza después.
El Viejo Pizarro estuvo en los siete Cruce de Los Andes (en las décadas del '60 y del '70) y 45 de las 46 ediciones de la Vuelta de Mendoza. Sólo faltó a la última, la de febrero pasado. Ya no estaba bien. Pero de las demás, no se perdió ninguna. Ya sea por el Diario Mendoza, por el UNO o independiente (cuando se jubiló) fue a todas, durante 45 años. Y era un clásico, cada vez que terminaba, decía: "Esta es la última Vuelta que vengo". Y al año siguiente estaba de nuevo en la línea de largada.
Pedales de Cuyo
Ese recorrido de más de 50 años, primero por los inolvidables Cruce, que unían Mendoza con Chile por caminos de tierra y luego por la Vuelta de Mendoza le posibilitaron sumar historias e imágenes que por suerte tuvo la buena iniciativa de reunir en Pedales de Cuyo, en tres ediciones.
Cuando comenzó la primera edición del libro, advirtió que tenía mucho más por contar y mostrar y por eso hizo dos más. Antes se fue a San Juan y a San Luis, por su cuenta, a recolectar historias de ídolos y no tan ídolos. Viajó muchas veces , por su cuenta, a veces en colectivo, a veces llevado por un familiar. En cada lugar siempre había un amigo para alojarlo y hacerle más barata la estadía. De todos lados volvió con materiales valiosísimos que plasmó en Pedales de Cuyo. Basta por citar un ejemplo: la vida del máximo ídolo sanjuanino, el Payo Matesevach, está allí.
El Negro Contreras
Santiago Pizarro tuvo su vida muy ligada a Ernesto Antonio Contreras, el Cóndor de América y uno de los mejores deportistas de la historia de Mendoza. Fueron vecinos en Godoy Cruz y compartieron todos los momentos de sus vidas: los casamientos, los nacimientos de cada hijo... y esas conversaciones que habrán sido tan pero tan valiosas de escuchar en la esquina de la bicicletería del Negro.
Las hazañas de Contreras en las montañas y en las rutas mendocinas en donde mejor están contadas y retratadas es en las cámaras del Viejo Pizarro. Esa foto de El Cóndor ganador de un Cruce de Los Andes, con final en el ex autódromo Los Barrancos ante una multitud que lo ovacionaba, es una de las más bellas y conmovedoras imágenes de la historia del ciclismo argentino.
Lo mismo puede decirse de las fotos de Contreras cruzando arroyos, trepando solitario en los Caracoles o llegando victorioso en los campeonatos argentinos de ciclismo.
El armador de fotos
Entres las características de su trabajo, Santiago se destacó por "armar" fotos. Fue muy sabio en eso. En las carreras de bicicletas sabía dónde adelantarse para esperar al pelotón y buscar algún aficionado para que tirara agua. Y como el Viejo no era ningún improvisado, él mismo llevaba el balde en el móvil para armar esa imagen del agua cayendo desde arriba sobre los corredores.
Conocedor de cada rincón mendocino también supo armar fotos del paso de la caravana por los paisajes más bonitos.
No siempre lo lograba con facilidad. Muchas veces tenía que pelearse con las autoridades para que lo dejaran pasar o para retornar a la caravana o para hacer un primer plano. Y si tenía que putearse lo hacía. También mostraba su carácter para defender a los ciclistas o para defender al periodista que lo acompañaba si era hostigado por algún dirigente disconforme con lo que se decía en el diario.
El Viejo generoso
Santiago Pizarro no se guardó nada para él. Fue maestro de fotógrafos y periodistas y le encantaba recibirlos en su casa. Él mismo hacía las empanadas y no dejaba que nadie se le acercara a la parrilla. Tampoco aceptaba que los invitados llevaran el vino. Así fue de generoso siempre.
Tienen motivos suficiente para sentirse orgullosos sus tres hijos (Ricardo, Valeria y Verónica) y sus 9 nietos. Como los tuvo su compañera de vida, Graciela.
Los extrañarán también las calles mendocinas que lo vieron hasta hace muy poco pasear con su bicicleta los domingos, aún con 88 años.
Chau Viejo, hasta la próxima carrera.





