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Murió el ex fiscal Eduardo Iannuzzi, figura de la Justicia mendocina

Editado por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.com.ar

Eduardo Iannuzzi fue de aquellos magistrados mendocinos que hablaban por sus sentencias pero que también recorría los pasillos de los tribunales y conversaba con medio mundo, tomando contacto directo con la realidad política y social que se respira en el sistema judicial, y que no todos se animan a respirar.

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Tenía 75 años y murió jubilado. Más allá de las limitaciones impuestas por la pandemia de coronavirus, su partida pasó desapercibida para la Justicia y demás instituciones públicas y privadas que lo tuvieron entre sus filas durante décadas.

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Fue fiscal correccional cuando los fiscales correccionales se ocupaban de resolver delitos menores, tendiendo al aspecto correctivo de la sanción. Cuando los fiscales correccionales iban a los barrios. A la escena de los hechos.

Para decomisar puestos de venta ilegales, para gestionar la recuperación de casas del IPV usurpadas. Entre otros mandatos jurídicos.

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Era un gringo calentón. Temperamental. De los pocos usías que iban y venían por las escaleras del los tribunales mezclado con los abogados y el público mientras la grandísima mayoría de sus colegas elegía la privacidad del ascensor exclusivo.

Pocas veces se hacía llevar el desayuno al despacho: prefería tomarlo al paso en el puestito de café atendido por Jorge y familia, en la entrada norte del edificio de los tribunales. Siempre llevaba una tortita en el bolsillo para matizar cualquier conversación, ya pautada o súbita, fuera de tipo jurídica o política. O de la vida.

Todo eso también lo distinguía de sus colegas. Hacia afuera de la Justicia. Pero también hacia adentro.

El retiro comenzó a matarlo lentamente, como suele sucederles a muchos jueces por lo que muchos temen jubilarse, más allá de las lógicas motivaciones económicas prácticamente resueltas.

Poco antes se había enfrentado con el gremio judicial en un pleito que derivó en la Suprema Corte de Justicia. Ganó y perdió Iannuzzi por haber salido al cruce de la denuncia pública de que los jueces trabajaban dos o tres horas por día.

Uno de sus últimos casos fue la investigación y elevación a juicio oral y público de un vuelco fatal de un colectivo de larga distancia en Potrerillos.

Ya jubilado, solía darse una vuelta por los tribunales. Para tomarse un café en vaso descartable. Para saludar a los amigos. Para que el fuego interior no se apagara.

Dos muertos, 45 viajeros heridos -10 de gravedad- y un niño que perdió un brazo en el accidente fueron las terribles consecuencias de aquel episodio que Iannuzzi resolvió en apenas dos meses.

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