En el norte de China, una transformación profunda está teniendo lugar. No es una obra de piedra ni un muro de cemento. Es una muralla viva en medio del desierto, hecha de raíces y hojas que se extiende por miles de kilómetros con la determinación de devolverle vida a lo que antes era suelo árido.
Esta batalla silenciosa es parte de un proyecto ecológico sin precedentes. Se trata de la Gran Muralla Verde de China. Te contamos todo sobre esta construcción en medio del desierto que permitió que la arena no se apodere del gigante asiático.
Mueven millones de toneladas de tierra en el desierto y crean una muralla para protegerse de la arena
La iniciativa en pleno desierto comenzó en 1978 como el Programa de Bosques de Protección de Tres Norte (Three-North Shelterbelt Forest Program), un ambicioso plan para combatir la desertificación y mitigar las tormentas de arena que, cada primavera, azotan desde Mongolia Interior hasta Beijing. La idea central es tan simple como audaz. Plantar árboles, arbustos y vegetación en franjas continuas alrededor de las áreas desérticas más activas, creando barreras naturales que “fijen” la arena y reduzcan su avance.
Lo que hace a este proyecto excepcional no es solo su escala, sino también su complejidad técnica. En algunas zonas, China extrae millones de toneladas de arena del desierto para estabilizar el suelo y preparar el terreno para la vegetación, combinándolo con barreras de paja, sistemas de riego y paneles solares que ayudan a sostener la vida vegetal en un ambiente extremadamente seco.
La importancia de la Gran Muralla verde de China
Hasta ahora, la Gran Muralla Verde ha plantado más de 66.000 millones de árboles y ha transformado miles de kilómetros de terreno antes desolado en franjas verdes que se extienden alrededor de desiertos como el Taklamakan y el Gobi. Solo en la primera fase del proyecto, se completó una barrera de 3.046 kilómetros que rodea el Taklamakan, un paso significativo en la lucha contra la expansión de la arena.
Esta muralla orgánica no solo busca detener la desertificación, sino también mejorar la calidad del aire, proteger tierras agrícolas, incrementar la biodiversidad y ofrecer empleo a comunidades locales. Al estabilizar el suelo, las plantaciones ayudan a disminuir la frecuencia y la intensidad de las tormentas de arena, un fenómeno que durante décadas perjudicó ciudades como Beijing y regiones agrícolas al sur.
La visión para 2050 proyecta una muralla aún más extensa, de hasta 4500 kilómetros, que abarcará buena parte del norte de China, convirtiendo zonas que alguna vez fueron hostiles para la vida en corredores verdes donde la vegetación puede sobrevivir y prosperar.




