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China produce marisco y peces en uno de los desierto de arena más grande del mundo

China no solo produce pescado donde no debería ser posible. Produce una señal: el control tecnológico del territorio es hoy una forma de poder

Donde antes solo había arena incandescente y viento seco, hoy hay estanques, sensores y peces. En el corazón del desierto del Taklamakán, uno de los más hostiles del planeta, China logró algo que hasta hace poco parecía una contradicción geográfica.

China logró producir mariscos y peces en pleno desierto. No se trata de una curiosidad tecnológica ni de un experimento aislado, sino de una estrategia cuidadosamente diseñada que combina ciencia, control ambiental y planificación estatal a largo plazo.

Desierto

China produce marisco y peces en uno de los desierto de arena más grande del mundo

El desierto de Taklamakán, en la región de Xinjiang, registra temperaturas extremas, lluvias casi inexistentes y una geografía que históricamente expulsó cualquier intento de agricultura intensiva. Sin embargo, bajo esa superficie árida se esconde un recurso clave. Se trata de aguas subterráneas salino-alcalinas, químicamente similares al agua de mar.

A partir de esa base, investigadores de China desarrollaron sistemas acuícolas cerrados, alimentados también con agua de deshielo de montañas cercanas, capaces de recrear condiciones marinas en medio del desierto.

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Como se producen los peces en medio del desierto

Los estanques en medio del desierto están aislados del suelo con membranas especiales y monitoreados de forma constante mediante sensores digitales que regulan salinidad, oxígeno, temperatura y pH. Más del 90 % del agua se recicla, reduciendo al mínimo el desperdicio en un entorno donde cada gota cuenta. El resultado es un ecosistema artificial estable, previsible y altamente productivo.

En ese “océano interior” prosperan meros, camarones, ostras y mejillones perleros, con tasas de supervivencia que superan ampliamente las de la acuicultura tradicional. En 2024, Xinjiang produjo cerca de 200 mil toneladas de productos acuáticos, consolidándose como un nuevo polo de producción lejos de las costas. En China ya los llaman “mariscos del desierto”, una expresión que sintetiza tanto la hazaña técnica como el relato político que la rodea.

Pero este proyecto va más allá de la comida

  • Reduce la presión sobre los mares, genera empleo local y convierte zonas marginales en espacios económicamente activos.
  • También funciona como laboratorio: lo que se prueba en Xinjiang puede replicarse en otras regiones áridas del mundo, desde Asia Central hasta África o América Latina.

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