Arqueología

Misterioso descubrimiento en Roma: creen que tenía uso ritual

Un sorprendente descubrimiento arqueológico en las afueras de la capital italiana expuso dos estructuras hidráulicas ocultas bajo autos viejos.

Las obras para un nuevo complejo residencial en el barrio de Pietralata, al este de Roma, sacaron a la luz una pieza fascinante del rompecabezas histórico de la ciudad. Debajo de lo que funcionaba como un depósito de chatarra, los investigadores dieron con el descubrimiento de dos grandes estanques de la época romana.

Estas estructuras, que permanecieron ocultas bajo toneladas de metal oxidado, datan de un periodo comprendido entre el siglo V a.C. y el siglo I d.C., y su función exacta desconcierta a los especialistas, aunque las evidencias apuntan hacia lo sagrado.

La excavación, supervisada por la Superintendencia Especial de Roma, expuso estas dos cuencas hidráulicas o piscinas situadas junto a un antiguo santuario. La ubicación de las mismas, aparentemente alejada del centro monumental de la metrópoli, sugiere que la actividad urbana y ritual se extendía mucho más allá de los foros imperiales conocidos. Daniela Porro, superintendente especial, destacó la importancia de estos hallazgos periféricos para comprender la verdadera extensión y desarrollo de la antigua urbe.

El primer estanque hallado mide casi 28 metros de largo y presenta una profundidad superior a un metro. Construido en el siglo II a.C., sus características constructivas incluyen mortero de cemento revestido con yeso blanco impermeable. Sin embargo, ciertos detalles arquitectónicos, como nichos en las paredes y una rampa que no llega hasta el fondo, descartan su uso recreativo o puramente utilitario. La presencia de una vasija incrustada en el cemento refuerza la teoría de un uso ceremonial o de culto, posiblemente vinculado al manejo ritual del agua.

Un descubrimiento vinculado a Hércules

roma baños

A poca distancia de la primera estructura, se encontró una segunda cuenca excavada directamente en el lecho de roca, mucho más profunda que la anterior, alcanzando los cuatro metros. Esta también contaba con un sistema de rampas y escalones de bloques de piedra. Los arqueólogos, liderados por Fabrizio Santi, plantearon la hipótesis de que este complejo funcionaba como un santuario dedicado a Hércules. El culto a esta figura mitológica solía tener una fuerte conexión con el agua, lo que explicaría la magnitud y disposición de las estructuras hidráulicas.

La arqueología del sitio ofreció más pistas sobre quiénes frecuentaban este lugar. Cerca de las cuencas aparecieron dos tumbas de cámara, probablemente pertenecientes a una familia adinerada de la época. El santuario, accesible desde una antigua vía que cruzaba el terreno, contenía un depósito votivo con figuras de terracota, cabezas, pies y representaciones de ganado, todos elementos tradicionales en las ofrendas a Hércules. Las monedas de bronce halladas en el lugar permitieron fechar el santuario a finales del siglo III a.C.

El análisis de las tumbas cercanas arrojó datos igual de intrigantes. En una de ellas reposaban un sarcófago y tres urnas de piedra peperino, acompañados de un ajuar funerario intacto con jarrones y copas de cerámica negra. En la segunda tumba, los restos óseos de un hombre adulto mostraron signos de una antigua intervención quirúrgica en el cráneo. Estos hallazgos confirman que las zonas suburbanas modernas, a menudo ignoradas, guardan memorias profundas que enriquecen la historia de la civilización romana.

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