Nos encontramos transitando por estos años y por estos días el bicentenario de los principales hechos, acontecimientos y vida de las personas que los protagonizaron y que constituyen la génesis de nuestra nacionalidad.
Este año 2020, y en particular su mes de junio, nos presenta sobre la misma persona los hechos naturales y propios del género humano como lo son su nacimiento y su muerte. En efecto, se cumplen este miércoles 3 de junio de 2020 los doscientos cincuenta años del nacimiento, en la ciudad de Buenos Aires, de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano tal cual fue bautizado.
A la vez, el próximo 20 de junio de 2020 se cumplirá el bicentenario de
su fallecimiento.
Releer la historia de Manuel Belgrano de inmediato nos traslada a considerar al mismo desde la faceta de los acontecimientos históricos fundantes de nuestra Nación, y así se nos presenta de modo relativamente fácil a nuestra memoria lo que fue sin dudas su mayor obra y legado: la creación de la Bandera Nacional, pues no debemos olvidar que creó la enseña patria en el año 1812 como símbolo de la nueva nación y guía de sus tropas en un tiempo en el que pese a que la revolución había desplazado al poder real aún se combatía por consolidar el movimiento de mayo de 1810.
Del mismo modo la sola mención del nombre de Belgrano nos presenta el arquetipo del hombre público, protagonista decidido de su época y gestor de ella, pero dotado de rasgos distintivos de sencillez, compromiso y honestidad.
Repensar al General Manuel Belgrano nos remonta a recordar que aquel abogado y vocal del primer gobierno patrio a quien la Junta le encomendó dirigir sus primeras tropas a escasos meses de aquel 25 de mayo de 1810, y así, en un abrir y cerrar de ojos se nos presenta la planificación y conducción del éxodo jujeño, sus triunfos decisivos de Tucumán y Salta y a la vez a la realidad dura y desalentadora que por aquel año 1814 significó las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.
Fácil al lector le será entonces advertir que este artículo que hoy comparto, no reflejará aspectos y datos históricos de los más conocidos del prócer sino aquellos que, siendo poco conocidos, componen el eje del título de estas reflexiones, pudiendo afirmarse sin eufemismos que Manuel Belgrano representa como nadie la vida y el sentimiento de un revolucionario.
Sostengo esto pues la franca exposición de sus ideas, sin frases tibias ni obsecuentes, tan comunes en los siglos XVIII y XIX, fue una de sus principales virtudes.
En pos de ello, su principal desvelo fue el buscar siempre la concreción de esas ideas, y en esa lucha que guió toda su vida, desafió verdades que se imponían como cánones y dogmas incólumes.
Belgrano en ese camino aceptó y tomó riesgos, y en el lenguaje corriente de hoy sin lugar a dudas se jugó a suerte y verdad por aquellas ideas.
Muestra de ello fueron sin dudas las primeras diferencias que tuvo con sus propios padres, ya que fue enviado a España cuando contaba con 16 años junto a su hermano a estudiar leyes.
Así, cumpliendo los designios familiares, obtuvo su licenciatura en derecho en Valladolid, sin embargo, no se doctoró tal cual el mandato familiar, pues como el mismo escribió en 1815: “…confieso que mi aplicación no la contraje tanto en la carrera (de las leyes) que había ido a emprender, como el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y el derecho público …”.
En ese camino que le iban delineando sus ideas, no contando con más de 20 años, solicita por carta fundada al Papa Pio VI la dispensa para tener y leer libros de ciencias y filosofía prohibidos por la santa inquisición, y así accede a completar por la lectura su formación filosófica, metafísica y política.
Posteriormente, formando parte de un selecto grupo de personas destacadas y jóvenes brillantes para su época, es admitido en los círculos de Madrid donde frecuentaba la Corte de Carlos IV, padre de Fernando VII. Es así que nuevamente el espíritu decidido de Belgrano lo lleva a solicitar por carta al monarca su designación como asesor del recientemente creado Consulado de Buenos Aires, y es merced a sus méritos y estudios que fue nombrado como Secretario Perpetuo y por ende se convirtió en funcionario de la corona en un cargo superior al que aspiraba en aquella esperanzada nota, con un detalle no menor Belgrano era criollo.
A los 24 años, regresado al Río de la Plata y ya en su cargo en el Consulado, se encuentra enfrentado en sus ideas con los miembros del mismo, tal es así que según escribió el propio Manuel Belgrano “…los hombres nombrados por el Rey para la junta eran todos comerciantes españoles que debían fomentar la agricultura, industria, y comercio y la prosperidad del virreinato pero que no sabían más que de su comercio monopolista y
compraban por cuatro para vender por ocho…”.
Belgrano desafió esos intereses, incluso aquellos que beneficiaron a propio padre y de los que había obtenido sus mayores riquezas, y así el joven funcionario criollo defiende sus ideas de un novel liberalismo económico basadas en la lectura de los principios de Adam Smith, su oposición al monopolio comercial del virreinato y a su consecuencia natural, el
contrabando. Su pensamiento formado en la fisiocracia lo lleva a considerar el fomento de la agricultura y la defensa de los labradores, como así también a delinear los primeros vestigios de las manufacturas y artesanías que alentó desde su cargo, todas estas ideas sin titubeos como era su estilo las dejó asentadas en sus memorias de los años 1795, 1797, 1798, 1802 y 1809.
Otro de los caminos que recorrió Belgrano fue sin lugar a dudas el periodismo, desde su cargo en el consulado apoyó y escribió artículos en los dos periódicos de Buenos Aires “El telégrafo mercantil” y “El seminario de agricultura, comercio e industria”. Ya en tiempos de la primera junta de gobierno, Belgrano fundó el periódico llamado “El correo de comercio” y además fue un colaborador permanente de la “Gazeta de Buenos Aires”
fundada por Mariano Moreno el 7 de junio de 1810.
Sus ideas revolucionarias sin titubeos las vierte en el artículo de su autoría publicado el 11 de Agosto de 1810 en el Correo de Comercio allí escribió: "…La libertad de prensa no es otra cosa que una facultad de escribir y publicar lo que uno piensa … es tan justa esa facultad como es la de pensar y hablar y es tan injusto oprimirla como lo seria el tener atados los entendimientos, las lenguas, las manos o los pies a todos los ciudadanos …".
La educación como base de la prosperidad fue su principal desvelo pero esta no iba a ser una tarea sencilla y allí nuevamente se enfrentó a las concepciones más conservadoras, pues en esos años la realidad colonial mostraba sus más férreas restricciones a la educación con tinte popular.
Recuérdese que en Buenos Aires y en el resto del virreinato sólo un veinte por ciento de la población sabía leer y escribir, existían Escuelas Pías y aquellas de origen jesuita que desarrollaban talleres y la educación se completaba a través de enseñanzas particulares, a las que como es lógico concluir, solo accedían pocas familias ricas de Buenos Aires o de las provincias.
La idea de Belgrano en el campo educativo se basaba en tres vértices fundamentales: gratuidad, calidad y cantidad de escuelas.
Es por ello que, en ese camino que le señalaban sus revolucionarias ideas educativas, desde el consulado apoyó la creación de la Escuela Dibujo con orientación técnica y la Academia de Náutica habilitada para la enseñanza de las matemáticas.
Muestra de sus ideas de avanzada y que escandalizaban a la mayoría de sus
contemporáneos fue la importancia que para Belgrano significaba la educación de las mujeres. En este campo su tarea tampoco iba a resultar sencilla, ya que por solo dar un ejemplo de lo difícil que era convencer de la necesidad de la educación de la mujer en una sociedad como la del siglo XVIII y principios del XIX, en que la mujer no tenía ni siquiera derecho a salir sola a caminar por las calles de la ciudad ya que debía hacerlo acompañada de su esposo, madre o padre y a la luz del día, pues era visto como falta de moralidad que los magistrados no podían ni debían tolerar según disponían las reales ordenanzas.
Es en esa sociedad y época que Belgrano, con una clara concepción de la igualdad y dignidad de las mujeres, desafía esa realidad e intenta cambiarla desde la educación logrando que se aprueben los permisos para que las niñas asistan a clases y reciban conocimientos de matemáticas, historia y dibujo, pudiendo a la vez asistir a talleres de costura y bordado.
Su incansable visión de la educación fue continuada en tiempos de la revolución, y así fomentó la creación de la biblioteca pública incluso donó sus libros para tal fin; en ese mismo camino e ideas siendo el jefe de la expedición al Paraguay a fines de 1810 funda en Corrientes los pueblos de Mandisoví y Curuzú Cuatiá y dispone que con el producido de la
venta de tierras se costearían los sueldos de los maestros y que sólo pagarían la educación aquellas familias pudientes.
Los triunfos del General Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta le depararon un premio de 40.000 pesos fuertes que le otorgó la Asamblea del Año XIII, y decidió donarlos para la creación de cuatro escuelas a construirse en Tucumán, Santiago del Estero, Tarija y Jujuy, redactando de su puño y letra el reglamento de esas escuelas y así dispuso: “El
maestro procurará con su conducta, y en todas sus expresiones y modos, inspirar a sus alumnos amor al orden, respeto a la Religión, consideración y dulzura en el trato, sentimiento de honor, inclinación al trabajo…. y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado, y estimar en más la calidad de Americano que la de Extranjero”.
Es interesante y parte de la historia de nuestro país el reflexionar acerca de lo acontecido con la donación que hiciera Belgrano para la creación de la escuela en la provincia de Jujuy; esta escuela ubicada en Campo Verde a tres kilómetros de San Salvador de Jujuy, lleva el nombre “Legado Belgraniano” y fue inaugurada recién en el año 2004, la piedra
fundamental fue colocada por Manuel Belgrano un 31 de marzo de 1813.
Cuando hacemos un repaso por la vida de Manuel Belgrano, y observamos que de los cincuenta años que vivió, cuarenta años transcurrieron bajo la órbita de la corona española y sus últimos diez años como un indiscutible protagonista de la revolución, no encontramos en él a un hombre que fue animado por ansias de gloria personal.
Por el contrario encontramos al hombre real, de carne y hueso, que aceptó y cumplió con las responsabilidades que la patria le impuso, muriendo como todos sabemos en la más absoluta pobreza.
Las ideas de Manuel Belgrano constituyen los pilares y el camino trazado de nuestra nación, es por ello que existe en nuestro pueblo el agradecimiento eterno a su lucha, a su humildad y a su patriotismo.



