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Madre e hija rechazan 22 millones de euros para la construcción un centro de datos cerca de sus cultivos

La decisión de no vender terrenos para la construcción de un centro de datos pone en debate el valor de la tierra heredada frente al crecimiento de la infraestructura digital.

Una madre y su hija rechazaron vender su finca, pese a una oferta millonaria de 26 millones de dólares, para evitar la construcción de un centro de datos cerca de sus cultivos. La decisión pone en primer plano el valor simbólico de la tierra, heredada y trabajada por su familia.

La propuesta de la construcción formaba parte del crecimiento acelerado de la infraestructura digital y del interés por instalar centros de datos en zonas rurales. Sin embargo para ellas la tierra no es solo un activo económico, sino un legado vivo.

Ida Huddleston y Delsia Bare (1)

Madre e hija rechazan 22 millones de euros para la construcción un centro de datos cerca de sus cultivos

Se trata de la decisión de Ida Huddleston y Delsia Bare, una madre y su hija que viven a las afueras de Maysville, Estados Unidos. Ambas rechazaron una oferta de 26 millones de dólares (más de 22 millones de euros) por sus terrenos agrícolas, a pesar del fuerte interés de una empresa que buscaba utilizarlos para la construcción de un centro de datos.

La propuesta económica era muy elevada, pero para ellas la tierra tiene un valor que va mucho más allá del dinero. Es el espacio donde su familia ha trabajado durante generaciones, un legado ligado a la agricultura y a su identidad. El proyecto de gran escala requeriría alrededor de 2,000 acres y que, según autoridades locales, podría generar unos 400 empleos permanentes y más de 1,500 durante la fase de construcción.

Ida Huddleston y Delsia Bare (2)

La construcción que no fue: el centro de datos que no logró comprar una vida

Ida decidió quedarse. Mantener su tierra, continuar con sus actividades agrícolas, sostener una forma de vida que no se mide en millones. Su propiedad forma parte de una zona rural donde predominan las granjas familiares, mientras las autoridades del condado siguen evaluando los cambios de uso de suelo y la construcción de nueva infraestructura. Una construcción que no es cualquiera: apunta a levantar un centro vinculado a la industria tecnológica, un centro pensado para albergar y procesar datos, cada vez más necesarios en la vida cotidiana.

No fue el único caso. Dentro del mismo proyecto, otra integrante de la comunidad recibió una oferta de 48 mil dólares por acre por una extensión mayor, elevando el valor total de propuestas combinadas a unos 26 millones de dólares, cerca de 455 millones de pesos mexicanos. Algunas familias aceptaron vender, seducidas por lo que implicaría la construcción de este tipo de infraestructura y la llegada de un nuevo centro de operaciones. Otras, como la de Ida, no, aun sabiendo que ese centro estaría destinado al almacenamiento de datos.

Incluso dentro del mismo condado, otra familia rechazó una oferta cercana a 8 millones de dólares (unos 140 millones de pesos mexicanos) por su granja ubicada en el área proyectada para el centro de datos, una construcción que cambiaría por completo el paisaje rural.

Todo responde a una misma lógica: la creciente demanda global de espacios para almacenar y procesar información. Los datos, que sostienen la vida digital, necesitan infraestructura física. Y esa infraestructura necesita tierra, necesita construcción.

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