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Cambio climático

Los osos polares, forzados a la evolución para salvarse de la extinción

Expertos analizan cómo las poblaciones de esta especie modifican sus hábitos y genes para evolucionar y no extinguirse

Editado por Francisco Pérez Osán
perez.francisco@diariouno.com.ar

La situación de los mamíferos en el Ártico presenta escenarios variados y sorprendentes. Científicos observaron que algunos ejemplares en el archipiélago de Svalbard muestran mejores condiciones físicas de las esperadas. A pesar de la reducción del hielo, estos animales consumen grandes cantidades de huevos de aves para compensar la falta de presas habituales. Esta flexibilidad alimenticia representa una fase crítica en la evolución de la especie frente a las nuevas condiciones ambientales.

Sin embargo, el panorama general mantiene rasgos de preocupación para la comunidad científica. El cambio climático altera los ciclos naturales y reduce las plataformas sólidas necesarias para la caza de focas. Aunque los ejemplares de Svalbard parecen más robustos recientemente, la pérdida de superficies congeladas limita sus posibilidades de éxito a largo plazo. La dependencia hacia el entorno polar sigue siendo el factor determinante para evitar la extinción.

Adaptación genética

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La pérdida acelerada de las plataformas marinas congeladas reduce drásticamente las áreas de caza tradicionales, lo que empuja a las poblaciones hacia una crisis de supervivencia sin precedentes. El oso polar depende de la superficie sólida para capturar focas, pero el aumento de las temperaturas globales acelera el retroceso del hielo y altera los ciclos biológicos necesarios para que la especie escape de la extinción.

Investigaciones recientes en el sur de Groenlandia arrojaron datos sobre la capacidad de reescritura del ADN en estos animales. Ciertos grupos utilizan elementos genéticos móviles para modificar su metabolismo y procesar mejor las grasas en climas menos gélidos. Este proceso de evolución interna busca facilitar la permanencia en zonas donde el termómetro registra niveles más altos. El oso polar demuestra así una resistencia biológica que antes era desconocida por los biólogos.

Desafíos reproductivos y falta de presas

No todos los cambios de conducta aseguran la continuidad de la especie. La ingesta de renos o aves terrestres no aporta la misma carga energética que la dieta marina tradicional. Además, la ausencia de hielo firme afecta los sitios de maternidad. Muchas hembras encuentran dificultades para construir guaridas seguras donde criar a sus cachorros. El cambio climático reduce el tiempo disponible para que las crías crezcan con salud suficiente.

Extinción inminente

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Los científicos analizan cómo la evolución genética y los cambios en la dieta, que ahora incluye huevos de aves y pequeños mamíferos terrestres, podrían ofrecer una oportunidad mínima de resistencia. Sin embargo, estas adaptaciones no compensan totalmente el daño provocado por el cambio climático, ya que el oso polar requiere de un ecosistema ártico estable y frío para garantizar que sus crías no caminen hacia la extinción.

Varios modelos proyectan que la mayoría de las poblaciones podrían desaparecer hacia el año 2100 si no bajan las emisiones. El oso polar requiere de un esfuerzo global para preservar los pocos refugios que aún conservan frío constante. La extinción acecha especialmente a los grupos que habitan en zonas donde el deshielo ocurre más temprano cada temporada.

Existen áreas específicas en el archipiélago ártico canadiense que podrían funcionar como santuarios temporales. Allí la capa congelada es todavía gruesa y permite mantener la cadena alimenticia completa. El proceso de evolución hacia un estilo de vida terrestre parece poco probable debido a las altas demandas calóricas de estos grandes depredadores. La supervivencia del oso polar depende finalmente de la estabilidad de los ecosistemas marinos septentrionales.

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