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Histórico bar del centro

Los hermanos Pedro y Ramiro Alonso reabrieron con mejoras el tradicional café Jockey Club

El Jockey Club de la esquina de España y Espejo necesitaba reformas y la intención fue cerrarlo para ponerlo a punto. Se puso en valor su antigüedad

Es el más viejo, tradicional y entrañable de los cafés del centro mendocino. El Jockey Club, ubicado en la emblemática esquina de Espejo y España, necesitaba una "lavada de cara", o más bien, una remodelación para poner en valor su historia, y así se hizo.

El encargado de tomar esta decisión y de ponerla en marcha fue Ramiro Alonso, bisnieto del fundador don Pedro José Alonso y actual administrador del café que está grabado en el corazón de los mendocinos. Su hermano Pedro también es propietario del lugar.

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Ramiro contó a Diario UNO qué aspectos se tuvieron en cuenta para mejorar el lugar y devolverle parte de su viejo encanto.

Puesta en valor

Ramiro Alonso decidió encarar la remodelación del Jockey después de inaugurar varias cafeterías con una impronta más moderna, y que buscan brindar una experiencia diferente e innovadora. Es el dueño de la cadena "Bonito" que ya tiene dos locales en la Ciudad y de la única sucursal del Jockey, ubicada en Colón y 25 de Mayo.

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Pedro y Ramiro Alonso, propietarios del Jockey Club.

Pedro y Ramiro Alonso, propietarios del Jockey Club.

"Quería juntar un poco de dinero para invertirlo en remodelar el más tradicional de todos los cafés que administro" y en eso basó su gran apuesta. Su intención era rescatar la tradicional decoración que el lugar tenía cuando su bisabuelo lo abrió, allá por 1942. Así volvieron las mesas y la barra de mármol blanco, las sillas Thonet típicas de bar, los techos se repintaron con el concepto y los colores de la primera época. También un tipo de vajilla de latón, que se utilizaba muchísimo en la época en la que su bisabuelo abrió el café.

Entre los detalles de esta nueva etapa del Jockey, Alonso destacó el descubrimiento de una vieja pared de azulejos que se encontraba debajo del revestimiento y que era de la época de la inauguración.

También se levantaron cuatro capas de baldosas, se colocó un piso nuevo y se cambiaron íntegramente las cañerías.

Alonso estuvo presente en todos los detalles, incluso en los más pequeños, como la realización de un nuevo menú, que se confeccionó a modo de diario viejo, en el que se puede leer la historia familiar. Lo mismo con los individuales de papel.

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Los clientes de siempre

Según relató Alonso, si bien la gente que pasaba por la esquina de Espejo y España durante el tiempo en el que el Jockey estuvo cerrado se lamentaban porque pensaban en que las persianas no volverían a abrir, los más afectados fueron los clientes de siempre.

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"Yo me reía porque de verdad, estaban desesperados. Me mandaban fotos sentados en otras cafeterías y me pedían por favor que termináramos rápido con los cambios", contó el administrador.

En total, la puesta a punto del Jockey se prolongó por un mes y finalmente, este lunes se realizó la reinauguración, y nunca mejor dicho "a pedido de los clientes".

Tan así lo siente Ramiro Alonso que lo resumió en una frase: "Este café es tan tradicional que no es nuestro solamente, es de todos los mendocinos".

80 años de historia

El viejo café Jockey abrió sus puertas en 1942, gracias al trabajo de Pedro Alonso. El hombre era un inmigrante español, casado con Ana María Fernández, ambos oriundos de Almería. El matrimonio tuvo dos hijos: María Estrella y Norberto Cristóbal.

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Antes de dedicarse al rubro gastronómico, don Pedro Alonso fue cochero, lechero y panadero, y cuando pudo abrir su propio bar, se dedicó de lleno a este.

En un principio, el Jockey estaba ubicado en la calle Espejo y 9 de Julio, pero al poco tiempo se mudó definitivamente al local actual.

El bisabuelo le "pasó la posta" a su hijo Norberto. Este tuvo dos hijos: María Inés y Pedro, este último es el padre de Ramiro.

"Este café es parte de nuestra historia familiar. Yo soy odontólogo, pero apenas me recibí, supe que iba a hacerme cargo del negocio familiar, es como un legado indiscutible", contó.

La tradición sigue, cambian las formas

Ramiro manifestó que las tradiciones cotidianas no cambian porque los clientes tampoco lo hacen. "Tenemos gente que viene todos los días, nos debemos a ellos", contó.

Sin embargo, explicó que han logrado cambiar algunas conductas de los clientes, a fuerza de ensayo, prueba y error.

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Esto se refleja sobre todo en la elección de la variedad del café y en el hecho de no servirlo demasiado caliente para que no se quemen los aromas y sabores.

"Al principio nos costó porque había clientes que lo tomaban hirviendo y de a poco, les fuimos haciendo entender que ese no era el verdadero gusto del café", aseguró Alonso.

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