Ha sido un hombre de Palmira quien más me ha conmovido al referirse al incendio de ese monumento de la humanidad que es Nuestra Señora de París.
El artista Julio Le Parc, un mendocino global, sin ser religioso (en el sentido confesional de la palabra), ha resumido horas después del fuego -en un poema- la esencia de la tragedia de Notre Dame:
"Más allá de lo religioso / sin ti, París es inconcebible"
Nuestro artista, que ya tiene 90 años y 60 viviendo en París lamenta "los miles de detalles que se escapan de la mirada" en ese templo gigante y que se han perdido entre las llamas.
Lo dice alguien que solía recorrer la catedral de los parisinos precisamente para demorarse en los detalles, con la mirada que sólo suelen tener los grandes creadores.
En su casa
Y cuento una anécdota familiar para reafirmar esto de los detalles.
La última vez que estuvo en Palmira, Julio Le Parc le pidió muy especialmente a otro jarillero que le hacía de chofer que lo llevara a una serie de sitios de su pueblo.
Eran aquellos lugares que él recordaba de niño, de adolescente o de sus anteriores viajes al pueblo que lo vio nacer, y que seguían en su mente por esa devoción singular por los detalles.
"Llevame a ver la panaderìa de los De Paz", le dijo en un momento de la mini gira a su conductor. "No, ya no está, cerró", le contestó su cicerone. "Pasemos igual por el lugar donde estaba", le sugirió Le Parc.
Esa panadería fue de mi familia: de mis abuelos y luego de mis padres y tíos. Julio estaba emparentado con ellos. Era algo así como primo segundo de mi padre. Una hermana de mi abuela paterna era el nexo
La maravilla
El poema aludido fue escrito por el palmirense mientras observaba cómo Notre Dame era llagada por el fuego. Concluida la escritura, lo mandó al diario La Nación, que ayer le dedicó un espacio generoso.
Te circulé por tu interior /hacia arriba, hacia abajo / por las gárgolas, laberintos en los aires / centro, sí, de todo París/ y las rosetas / lo maravilloso / dentro de la sólida maravilla.
Magnífica síntesis de los derroteros de Le Parc dentro de ese espacio emblemático de la capital francesa y notable homenaje de este pintor y escultor que nunca dejó de ser moderno e innovador, como ha quedado registrado en su aporte al arte cinético y al op-art.
Un artista que, sin embargo, se siente conmovido hasta los huesos por la destrucción parcial de un exponente de la arquitectura religiosa, de una joya de la humanidad erigida entre los siglos doce y trece.
Una obra de arte que aquel pibe de Palmira aprendió a amar por su belleza estremecedora y no por los dogmas que escudaba.




