En Mendoza hay chicos que llegan a la mayoría de edad sin haber conseguido que los adopten. Lautaro está por cumplir los 18 y tras pasar la mayor parte de su vida dentro del Régimen Jurídico para menores, ya palpita el momento en que saldrá a la calle con ganas de conocer el mundo y, con el tiempo, formar un hogar.
Lo entrevistó esta semana el periodista Matías Pascualetti (Radio Nihuil). Durante la charla, Lautaro repasó su vida y las cosas que aprendió durante la década en la que estuvo institucionalizado. Lo que relató podría servirle de lección a más de uno.
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-¿Recordás tus primeros días en una residencia?
-Me costó mucho. De hecho, yo entré con mi hermano, porque éramos muchos niños en una familia muy pero muy humilde. Ingresé con 7 años y mi hermano con 5, y no podíamos despegarnos el uno del otro porque teníamos mucho miedo. Una noche, de pronto, pude dormir tranquilo por primera vez, sabiendo que no me iba a pasar nada. Porque lo que sufriste no se te olvida nunca, pero de eso sale algo bueno. Por más que muchos recuerdos sean negativos, uno aprende cómo no ser con su futuro hijo, cómo no tratar a su futura familia. Sí, recuerdo que tenía miedo de que me alejaran de mi hermano, porque en ese momento él era mi único apoyo emocional, el único vínculo que yo asociaba con el amor, y me aferré mucho a él.
Los años pasaron. Lautaro fue a la escuela, formó una red de afectos dentro de los hogares, tanto con los otros chicos como con "las tías", como llama a las cuidadoras y funcionarias.
"Tengo todo lo que quise tener y estar acá me salvó de mucho", admitió el muchacho.
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Ganas de ayudar
Futbolero y "un poco bocón", como él mismo se definió, Lautaro hizo en los últimos tiempos un curso de manicuría y ya tiene su clientela.
"Igual todavía no sé de qué me gustaría trabajar. Quisiera estudiar una carrera vinculada a las humanidades, pero no sé de qué rama todavía. Me encanta ayudar a la gente", apuntó.
"Es más -siguió Lautaro- en la residencia hago mucho eso, ayudar en todo momento. Si un chico se siente mal, intento estar. Fundamentalmente eso: estar. Porque a veces no hace falta hablar si lo que el otro precisa es un abrazo. Cura mucho. Y lo sé porque a mí mismo me ha pasado en ocasiones".
Nadie dijo que sea sencillo salir de las residencias con una historia así. Pero tampoco es imposible. Lautaro explicó: "Muchas veces me eché la culpa; madrugadas sin dormir, de llorar, de ataques de pánico y cosas que no le deseo a nadie. Pero fui a la psicóloga y ahora estoy bien. A veces uno no puede con todo solo, ¿no?".
-¿Cómo es buscar trabajo?
-Complicado. A veces ven que estás en una residencia y no te toman fácil. Hay mucho prejuicio. También es complicado encontrar un lugar donde vivir. Por eso hoy tengo mi cabeza en muchos lugares. No sólo en terminar la escuela, sino en el trabajo y tantos otros asuntos que voy a tener que resolver.
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Familia
"Antes pensaba que familia era esa con la que uno nacía, pero después descubrí que son las personas que te gusta tener cerca. Por eso no me arrepiento de lo que viví. Hoy creo que sí tengo una familia", subrayó Lautaro.
Y continuó: "No me arrepiento de haber transitado una infancia con momentos duros, de haber crecido acá ¿Por qué? Porque hoy en día salgo y me llevo muchos amigos y muchas cosas que aprendí".
Cada vez que uno de los chicos se va, nos abrazamos y cada uno ahí deja algo. Por eso el vínculo se mantiene (Lautaro)
Esa salida, asume Lautaro, no será simple. "No será sencillo el egreso, porque para mí los chicos de acá son todo, una parte mía. Cada vez que uno de los chicos se va (con adoptantes o por su edad) nos abrazamos y cada uno ahí deja algo. Luego el vínculo se mantiene. Es más: a mí me han dado permiso para ir a visitar a compañeros que ya salieron, y eso también es lindo".
Esta familia por elección que tiene Lautaro incluye a algunos amigos especiales; dos en particular, con quienes gusta de jugar al fútbol y armar un "tridente" letal para los adversarios en la cancha.
Y el calendario no se detiene. Los 18 están cada vez más cerca. Lautaro buscará un día formar su propio hogar. "Ya soy bastante libre. Hoy puedo salir y volver a la hora que yo quiera, siempre diciendo dónde estoy", confirmó él, que va al gimnasio y es un poco remolón para despertarse en las mañanas.
Luego resumió: "Nosotros estamos agradecidos. Tenemos las cuatro comidas del día. Salimos de paseo entre todos. La mayoría se vinculó con una madrina. Son experiencias que quizá no habríamos podido disfrutar de otra manera".



