Protagonistas

Lautaro, el maipucino de 19 años que se reinventó y dejó el desierto en busca del mar

Lautaro Veragua ingresó a la Armada Argentina hace 5 meses para cumplir el sueño que acunó desde pequeño. Antes debió superar un escollo propio: controlar la ira y encarar una etapa clave de la vida

Lautaro Veragua es joven y excluyente protagonista de una historia de recuperación y resiliencia que merece ser contada en tiempos en los cuales la clase política y buen parte de la sociedad debaten si bajar -y hasta dónde- la edad de imputabilidad de los menores de edad. Paso a contarles.

Lautaro nació y vivió casi toda su vida en Mendoza. En Maipú, para ser más precisos. Este viernes a la siesta habló mano a mano con el programa Ida y Vuelta, de radio Nihuil, desde Buenos Aires, donde está cumpliendo el gran sueño de su vida: ser parte de la Armada Argentina.

Pero antes, el muchacho, que hoy tiene 19 años, debió superarse para mejorar. Así, durante 8 meses asistió a un taller destinado a quienes no pueden controlar la ira y causan daño a terceros y se causan daño a sí mismos.

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Lautaro Veragua tiene 19 años e ingresó a la Armada hace 5 meses. Fotos: Gentileza

Lautaro Veragua tiene 19 años e ingresó a la Armada hace 5 meses. Fotos: Gentileza

Lautaro: hijo del desierto en busca del mar

Lautaro Veragua habla sencillo y claro. Ya es un hijo del desierto con ansias de ganarse al mar y se le nota. A la par, enfrenta otro desafío: la culminación de los estudios, indispensable para él y para quien postule para ése y/o cualquier otro tipo de objetivos. Para tener más herramientas a la mano.

En Mendoza quedaron algunos de sus amores: la familia y los amigos. A todos ellos les reconoce el apoyo que se revalida en cada mensaje de Whatsapp o charla telefónica. "A mi sobrinita la extraño mucho", dice al aire.

No es hincha de Maipú ni de Gutiérrez, pero Lautaro es -al fin de cuentas- futbolero, como buen argentino. "Soy hincha de Boca y de la Selección Argentina", cuenta.

Este cronista le pide que comparta fotos suyas con los lectores de Diario UNO y el muchacho accede. Y manda casi un álbum: Lautaro con uniforme de fajina; Lautaro con uniforme blanquísimo, el de desfile; Lautaro en una selfi con compañeros de estudios en la Armada Argentina y otra más, acaso una de las más queridas, Lautaro junto al mar.

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Lautaro Veragua, mendocino apasionado del mar que se sumó a la Armada hace 5 meses. 

Lautaro Veragua, mendocino apasionado del mar que se sumó a la Armada hace 5 meses.

La Fragata que alimentó el deseo del muchacho

- ¿Cómo llegaste a la Marina?

- Fue un proceso largo y debí hacer mucho papeleo y esperar varios meses hasta que me llamaron poco antes de ingresar. Desde chiquito quería entrar a la Marina.

Haber conocido la Fragata Libertad acrecentó el deseo y las expectativas del muchacho.

- ¿Fue decisión tuya o te aconsejaron?

- Fue idea mía. Había querido ingresar a la Marina pero ésta fue la primera vez en que me animé a postularme.

- ¿Qué te atrajo?

- Había pensado en sumarme a la Fuerza Aérea o al Ejército pero me decidí por la Marina porque siempre me llamó la atención.

Frente a la siguiente pregunta, Lautaro contesta que sí, que le gustan los barcos "por demás", agrega, y en esa respuesta se le escucha una sonrisa.

- Sí; sé nadar -contesta, seguro.

Lautaro Veragua ingresó a la Armada Argentina hace 5 meses y ya ha sorteado satisfactoriamente pruebas físicas y de entrenamiento.

Con el objetivo de ser marinero segundo, el muchacho ha retomado los estudios para sumarse, a futuro, a la escuela de oficiales de la Armada Argentina.

- ¿Qué hace un marinero? -le pregunta el periodista Andrés Gabrielli.

- Está encargado de los marineros segundos y de la tropa.

Por ahora, la carrera de Lautaro ha comenzado en tierra, en un batallón de seguridad de infantes.

Más adelante, estudios, progreso y capacitaciones mediante, podría navegar en alta mar. "Siempre y cuando obtenga la especialidad naval", explica.

Alcanzar esa meta le exigirá valor y templanza, aún cuando el desarraigo y la distancia con los suyos amague con jugarle una mala pasada. Pero de superar esas instancias Lautaro sabe y mucho. Y avanza. Y nos enseña que nada se consigue sin esfuerzo ni autosuperación.

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